lunes, 12 de marzo de 2007

"A que acaben de bajar de la Cruz a Aquel Divino Señor"


Este fin de semana me llamó un amigo para comentarme la llegada de unos conocidos suyos a Sevilla, los cuales tenían interés en conocer la Catedral. Me preguntó si quería acompañarlos, a lo que yo respondí afirmatívamente.

Al llegar a la Sacristía Mayor, me quedé ensimismado con la obra de El Descendimiento de la Cruz de Pedro de Campaña, uno de mis cuadros preferidos.

Pedro de Campaña realizó dos obras iguales, una que actualmente se encuentra en el Museo de Montpellier, fechada en 1545, encargada para la capilla sepulcral del jurado Luis Fernández, en la iglesia de Santa María de Gracia de Sevilla, y otra en 1547, para la capilla que D. Fernando de Jaén poseía en la iglesia de Santa Cruz de Sevilla, la cual se encontraba en la actual plaza de Santa Cruz, ya que fue derribada por los franceses cuando invadieron la ciudad, pasando la obra en 1814 a la Magna Hispalensis.
Una de las condiciones para realizar la segunda obra era que fuera tan buena o mejor que la que anteriormente había pintado para el jurado Luis Fernández.
Todo ello dio como resultado esta magnífica joya renacentista, capaz de atraer e introducir al espectador, de hacerle participe de ese dramatismo expresivo que rezuma de todos los rincones del lienzo. Tensión y patetismo que se ve plasmada en la escena, donde la Madre de Dios cae rendida ante el momento del Descendimiento, mientras contempla el cuerpo de Su Hijo, que yace rígido e inmóvil. A lo lejos paisaje con luz, en primer plano sombras que crean contrastes envolventes llenos de angustia y sentimiento, representados en esos rostros marianos que contemplan la dolorosa escena.
Contemplarla es abandonarse al olvido, mientras el tiempo se consume en una eterna espera que te hechiza y te atrapa en esa escena congelada.
Francisco Pacheco narra en su "Arte de la Pintura" que contamplarla a solas le producía 'pavor y miedo', y yo recuerdo a Don Enrique Valdivieso González, admirado y querido Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, cómo nos contaba en sus clases, con la expresividad que tanto le caracteriza, aquella anécdota que rememoraba Palomino sobre Murillo, que sintió una gran predilección por esta pintura, la cual iba a ver con frecuencia, y se pasaba las horas muertas mirándola con expectación en esa pequeña y oscura capilla donde se encontraba en la iglesia de Santa Cruz. Cuando el horario de cierre llegaba, el sacristán de la parroquia le preguntaba: "¿A qué estás esperando Bartolomé?", a lo que Murillo respondía: "A que acaben de bajar de la Cruz a Aquel Divino Señor".

10 comentarios:

finidiblanco dijo...

Magnífico servicio de documentación el que haces con tu blog; enhorabuena.

Anónimo dijo...

La verdad es que el cuadro es muy bonito, de gran belleza e impresiona mucho al verlo y con una explicación de un gran historiador como tú aún más.
De la visita que quieres que te diga, que fue estupenda y que te agradezco muchisimo que lo hicieras, y que te vayas preparando porque para mayo o junio vuelven seguramente jejeje.
Gracias, un admirador

Sonando con Triana y su Puente bañado de Cielo dijo...
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dama de sevillano nombre dijo...

Tu explicación magnífica, gracias.
La primera y única vez en mi vida que ví el Guernika me ocurrió algo parecido, me quedé petrificada, no ha habido una pintura que me haya asombrado tanto.
Bueno, El entierro del conde de Orgáz, no le voy a mentir...

calleferia dijo...

Increible explicación y muy didáctica. Los que amamos el arte pero carecemos de conocimientos sobre él te lo agradecemos. Muchas gracias, querido aguaó.
A mi me ocurre algo parecido a lo de Murillo con un cuadro de Zurbarán que está en el Museo de Sevilla, creo recordar que se llama "El santo Hugo en el refectorio" (discúlpame si estoy equivocado). Cada vez que voy al museo el tiempo pasa sin que me de cuenta.
Algo parecido me ocurrió con el friso de Beethoven de Klimt.
Un abrazo

Maese Rancio dijo...

Aguaó, ya estoy aquí como le dije.
Hablando de cuadros impresionantes yo me quedo con La Última Cena que vi en Milán hace bastantes años cuando Dan Brown todavía ni pensaba en escribir El Código da Vinci.
Recuerdo que éramos cuatro gatos y ahora hay más colas que en la Expo para poder entrar por culpa del dichoso librito.

dama de sevillano nombre dijo...

Bueno, imposible pasar por alto:
Cuando entré en la capilla sixtina me pusé a llorar como una tonta, de pura emoción.
(Y conseguí hacer una foto...)

Anónimo dijo...

Me ha encantado tu blog. Prometo visitarlo a menudo; vale la pena. Me ha gustado conocer uno más de los hermonos detalles de la catedral que, por mucho que vaya, no siempre veo.
La profe de Historia.

Alfarero trianero dijo...
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Alfarero trianero dijo...

Exquisita elección amigo aguaó y brillante descripción de la obra y su misterio.
En el proceso a Jesús, su consiguiente Muerte en la Cruz y Triunfal Resurrección destacaría dos momentos por la ternura de las escenas y por suponer el trago mas amargo para una Madre, unas santas mujeres y unos discípulos que aman a su Señor más que a sus propias vidas: el Sagrado Descendimiento de Jesús y su posterior Traslado al Santo Sepulcro. El dolor corpóreo de Jesús traspasa las fronteras de su Divina morfología humana y se clava en el corazón de una Madre que asume en sus propias carnes el dolor que ha huido del Hijo.
La pintura plasma con maestría la instantánea del Cuerpo ingrávido e inerte de Jesús, liberado de las ataduras de la Cruz, que es descendido por brazos amigos de Santos Varones: Nicodemo y José de Arimatea. La escenificación es perfecta, se intuyen perfectamente la sucesión de imágenes hasta que finalmente el Sagrado Cuerpo de Jesús descansará en el regazo de su Santa Madre. Las tinieblas de la muerte se han transformado en un Cielo donde predominan las nubes, unas nubes que poco a poco irán desapareciendo y un rayo de luz tornará la oscuridad en un Cielo azul transparente que presagiará que el que murió vuelve a la vida para siempre.