martes 9 de junio de 2009
sábado 6 de junio de 2009
Seis de junio, dos genios
Cuatrocientos diez años que nació don Diego. Felicidades querido pintor. Gran genio.
1599-2009
Felicidades don Sergio, general que nos enseña la Historia de esta bendita ciudad. ¿No sabéis quién es?, quizás ahora sea un buen momento para conocerlo, allí donde sus Sevillanadas son el azote de la ignorancia y la desidia contra el Patrimonio.
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martes 2 de junio de 2009
A day in the life
Entonces apareció en la superficie, y el sol calentaba su cuerpo. Y la arena era sólida y no flotaba en el agua. Sacudió su cabeza se incorporó y observó la costa dorada que se extendía ante su mirada. Excesivamente pequeña. No era una isla, más bien simulaba una roca flotante, a la deriva, como un iceberg sin hielo. Apenas cincuenta o sesenta metros cuadrados en círculo. Arena o piedra, le permitía descansar de su sempiterna inmersión subacuática, mientras aquel respiro de aire fresco le perdurara, o el sueño estallara en veinte mil punzadas de dolor submarino. Pero la música no dejaba de sonar. Un piano y una voz. Aquello no era la realidad, y él lo sabía. La superficie ya no era la rutina, sino algo especial y fuera de lo común. La anormalidad de una locura transitoria que sentaba realmente bien. Algo razonable dentro de una irracionalidad surrealista. Comenzó a rodear la pequeña lengua de arena, y los pasos se iban alargando, y la arena iba creciendo y la tierra se iba ampliando. Había más terreno conforme avanzaba. De un impulso casi innato, sus piernas, entumecidas hace unos segundos por el esfuerzo del buceo diario, empezaron a trotar, y pronto se vio corriendo. Corría con todas sus fuerzas. Abrió los brazos y sintió cómo una brisa tibia secaba su cuerpo empapado de realidad y el sol bañaba su rostro. Sintió ganas de gritar y gritó. Sintió ganas de chillar y chilló. No paró de correr. Cada vez más deprisa. La arena no se acababa y seguía extendiéndose sin descanso. Cuando una punzada cruzó su costado derecho y el corazón palpitaba con fuerza en su pecho, se dejó caer, totalmente agotado, pero sonriendo. Ahora era consciente de que aquel descanso, aquella toma de aire, era diferente de las demás, pues se extendía su periplo en la superficie. Miró al cielo. Un azul diferente. Azul intenso y casi mareante, en una perfección inmaculada, concebida con una tonalidad fija e infinita. No veía nada más, pero sí escuchaba. Música de nuevo. Se incorporó y ya no había arena a su alrededor. Tres mesas unidas preparadas para un festín nocturno. El sol ya dormía en el horizonte y todos le esperaban en la mesa para comenzar la cena en un lugar extraño, allende la ría de Bilbao, cerca del monte Sinaí, donde el carvajo no era un árbol de tronco grueso y grandes ramas tortuosas, sino un bar de veladores con flamenquines muy decentes y mechá muy insolente.
Tomó asiento y observó la compañía de la que gozaba, reunida en una estampa singular, y aunque surrealista, más considerada como temática Pop que del manifiesto de André Breton. Se acordó de Peter Blake y de su portada para el disco de Los Beatles “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”. El artista Pop había utilizado un collage impresionante de personajes conocidos, todos apretados, asistiendo a un funeral desconocido. Pero en esta ocasión no existía ningún sepelio, pues lo más luctuoso de los congregados eran algunos matices de negro, como alivio de luto, tal vez, en un ambiente distendido y agradable. Esto era más de lo esperado en una usual bocanada de aire fresco. Se imaginaba al señor Blake y su entonces esposa, Jann Haworth, reunidos más allá, observando la escena para un nuevo collage como la portada del disco de los escarabajos. Allí estaban casi todos, huecos vacíos de ausencia se dejaban sentir, pero la cena colorista se completaba con comensales de la más variopinta locura, a veces necesaria para acudir a la verdad del mundo. Una serie de personajes tras la línea del anonimato, quebrada en aquella isla flotante de asfalto, donde los rostros dejaban atrás una realidad inventada. A la mesa, el Sr. Andreu, que aparcaba un espejismo de seriedad de lo visto y oído para declamar con bromas y buen humor, su verdadera forma de ser. A su lado, su Estrella, que no se llama así, pero posee las virtudes de un astro nocturno, pues brilla, y siempre supone la mitad perfecta a la pieza de su compañero. Juan reía detrás de su barba, alumbrado por una luz de gas eléctrica, y quizás el modelo a seguir por Peter Blake, pues era el único actor, con radio incluida, que comía esa noche. También estaba allí María de las Mercedes, muy guapa, y a pesar de ser Borbón, sin obedecer a las leyes del paso del tiempo, engalanada con bella vestimenta y haciendo halago de su anacronismo favorito. No sería el primero de aquella cena suspendida en la inconsciencia de un día ilógico y predecesor de otro más irracional si cabe. Acompañaba a Su Majestad un Fiscal, pero no de despachos amplios y tribunas de madera que preservan la ley de la justicia… no. Eso no. Otra clase de fiscal, amante de vértebras dorsales y mantos recogidos en la cintura. Más allá, en el vértice opuesto de la mesa donde se sentaba él, un zapatero recortado sobre fondo verde, se abanicaba el calor que se adhería con fuerza a los cuerpos. Y aunque todo pueda indicar que era un insecto, no lo era, pues la ficción a veces juega malas pasadas. Fue así como el Rocío de una mañana valverdeña, aún lejana, se materializó de la mejor forma posible. A su lado, Martín. Martín era sencillamente Martín, y eso era lo más espectacular de aquel niño que no necesitaba máscara, que reía cuando quería y protestaba cuando algo no le gustaba. Quizás fue observando a Martín, sencillamente Martín, cuando se dio cuenta que los adultos habían perdido esa libertad de reír cuando desean y protestar cuando algo no les gusta. La paciencia era la máxima virtud que atesoraban sus padres, dueños del Callejón de los Negros, también presentes, aunque el verdadero propietario era bocina del Cristo de la Sangre. Martín tenía una hermana, que también acudió a la cena, pero ya no era sencillamente una niña, sino una brujita cuyo perfil se recortaba en un fondo rosa chicle. Su nombre sonaba a composición de Serrat, y su cara era tan bonita como la letra de dicha canción. ¿Qué es esto?, se preguntaba. Miró a su siniestra y observó dos ojos azules que le sonreían Por la puerta trasera de una agradable sonrisa. A su diestra, el sarcasmo y la ironía tomaban forma en una Gata de ojos verdes y nombre de capital de imperio, toda una teoría del caos hecha persona. ¿Y él?, ni siquiera se había mirado.
Vestía de negro, pero no era luto. Y respiraba. Tomaba aire en sus pulmones de una forma inusitada. Tranquilamente y deleitándose con cada bocanada, pues no sabía cuando tendría que volver a sumergirse en la realidad. Y si aquello, finalmente, no era más que un sueño, estaba plácidamente despierto en una ficción onírica. Peter Blake no podría haberlos retratado mejor. Se acordaba del pintor inglés pop. O del Pop del pintor inglés. No sabía quién era el Sargento Pimienta. Más tarde llamó alguien, pero no era el sargento, pues resultó ser un general francés, también anacrónico, que no había podido acudir a la cena. De algo estaba seguro, y es que después de sobrevivir a la última inmersión, él no era aquel sargento que buscaba en los demás. Aunque tampoco creía que ellos fueran los integrantes de la banda del club de corazones solitarios. Todos eran buenas personas, de buen humor, mejor carácter y agradable compañía. Todo era muy divertido y tenía ganas de reír. Él, que en ocasiones se olvidaba de lo que era eso. Entonces cayó en la cuenta… Blake no podría haberlos retratado, por mucho que aquella escena le recordara la portada del disco de Los Beatles. El artista del Pop Art pretendía una protesta inusitada de la realidad de su tiempo. Una verdad oculta por la banalización de lo importante y la elevación sagrada de lo superficial. En los altares estaban la fama, el dinero, las imágenes comerciales, la parte individual de una sociedad inundada por nuevos iconos célebres que ocultaban todo lo anterior. La realidad de los sesenta se convierte en un collage que superpone los nuevos clichés, anónimos algunos, otros famosos personajes que encarnan los modelos que la sociedad pretende seguir, en una constante adoración. Detrás de esa superposición de planos quedan los verdaderos modelos de la vida, los sueños, las esperanzas, las metas, los trabajos, abandonados a favor de una ideología de estrellato contemporáneo, nueva e innovadora, frente al viejo pensamiento desligado de una exitosa realidad de fama efímera. No. Nada de lo que allí se contemplaba tenía que ver con eso. En aquella cena tan real como la fiesta de no-cumpleaños de Alicia, y tan ficticia como el montadito de mechá sin sabor, había gente que no ha perdido sus valores. Las máscaras cayeron sin necesidad de soltar amarres. Y la memoria ya no incluía el esfuerzo de respirar. El ritmo se adaptó perfectamente a la existencia onírica, si realmente era un sueño. Tal vez ni él mismo se había dado cuenta.
Lo de Bohemia fue un insulto. Allí se acabo la noche. Murió el día sin necesidad de que comenzase otro y un escalofrío le recorrió su cuerpo. Si se marchaba y volvía a dormir, tal vez despertaría en su otrora pesadilla de rutina. Tenía que mantenerse despierto. O soñando en esa superficie móvil que había encontrado. Ese pedrusco donde naufragó llevado por la marea, cuyo perfil cambiaba vertiginosamente y le ofrecía oxígeno gratis. ¡Gratis!. A veces un pensamiento horrible cruzaba por su cabeza. La comercialización de oxígeno a precio exagerado le causaba pavor. Y el caso es que sabía, porque no se le olvidaba, que adolecería aquel aire cuando tuviera que volver a sumergirse. Inmersión inmediata cuando sus ojos se cerraran para abrirlos bajo el agua. Pero ahora estaba en Bohemia, un insulto cuando la Rapsodia era sustituida por el zumo de mambo, perfecto para encender los motores de una brasileña que bailaba a ritmo desbocado. El resto fue breve. Y la arena cayó tan rápido del reloj como el agua desciende por una cascada. Agua… eso le recordó su inmersión. Se agobió y decidió no dormir. Diáspora de comensales. Como si de un espejismo se tratara, se desvanecieron los protagonistas de la cena. Estaba sólo otra vez, seguía sonando música, aunque no la reconocía, pero la isla permanecía a flote y él había decidido no dormir.
Sin saber cómo el tiempo avanzó, y sin estar dormido pero tampoco despierto, observó a la Esperanza. Y de eso sí se acordó. De su figura perfilada en el azul del cielo. De su tez morena. De su contoneo. Por eso quizás flotaba y oscilaba entre el ensueño etéreo y la realidad que estrechaba su isla. Pero estaba cansado. Agotado. Y tenía miedo. Un miedo indescriptible. Un pánico que había vivido anteriormente y que ahora volvía con una normalidad extrema, como si estuviera todo preparado para esa vuelta. Una preocupación le angustiaba y le rodeaba el cuello en un esbozo de llanto. La realidad, o tal vez aquel sueño que comenzaba a desvanecerse, estaba desvirtuado. Las imágenes aparecían a través de un cristal esmerilado. No supo nada más, pero tampoco se acordaba de cómo había llegado hasta allí. Sin saberlo volvía a tener el agua al cuello. Sintió que sus piernas le pesaban como dos barras de plomo. Intentaba mantenerse a flote. El final de nuevo. Otra vez a coger aire. No era rutina el aire que respiraba, sino pura y dura exclusividad, alcanzada sin esperarlo y arrebatada de la misma forma. ¿Había sido un sueño y acababa de despertarse o era ahora cuando cerraba los ojos para volver a tener una pesadilla prolongada?. No lo sabía, ni tenía mucho tiempo para pensarlo. Miró a su alrededor. Agua. Sólo una superficie dúctil y blanda, decidida a tragársele. La música que le había acompañado durante aquel día largo, o quizás doble jornada, se perdía en el aire. Ese ansiado aire. Entonces apretó su nariz con el pulgar y el nudillo del índice, cogió una bocanada de oxígeno y se dejó lastrar por la atracción de la realidad. Cuando llegó al fondo abrió los ojos. Borrosidad de nuevo. Todo atrapado en aquel mundo lento de visión turbia e imprecisa. Tocó la arena, como siempre hacía, deslizándola entre sus dedos. Y fue cuando sacó algo. Se le escaparon dos grandes burbujas de la sorpresa. Las lágrimas son más saladas cuando la amargura es mayor. Lloró y el agua se volvió dulce comparada con aquel llanto. Sostenía entre sus manos el escudo de su equipo. En lo más profundo. En la penumbra. ¿Era un sueño?, no. Era la realidad convertida en pesadilla. La música traspasó la densidad del agua. I’d love to turn you on… ¿entusiasmarme? Pensó. Y los recuerdos acudieron. ¡Ya está!, aquella canción de Los Beatles. El sargento Pimienta. La cena con aquellos personajes tan amables. Y su equipo. Bajo el agua, con los carrillos inflados y la visión entumecida, supo que estaría con su equipo en el hundimiento y cuando volviera a la superficie. Ahora y siempre. Me encantaría entusiasmarte…

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viernes 22 de mayo de 2009
F.C. Barcelona-Manchester U.
Será en Roma, cuna del Arte y ciudad de memoria tallada en piedra, donde el vencedor podrá dejar impreso su nombre en la Historia del Fútbol. Tal vez la igualdad de la contienda tenga a bien ofrecernos un buen espectáculo. Puede que la arena del Coliseo contagie a los dos equipos y los sumerja en una batalla encarnizada por demostrar cuál de los dos grupos de jugadores es mejor. Veintidós hombres. Un balón. Dos aficiones. Un espectáculo. Y millones de ganadores. Todos los que disfrutarán: los amantes del fútbol, incluso los que no son tan devotos de este deporte.
Capaces de enamorar con su fútbol de toque, precisión y capacidad goleadora, ambos equipos tienen la habilidad de hacerse gustar. Todo aquel que los haya visto jugar en los últimos encuentros, le guste el deporte rey o no, habrá sucumbido al espectáculo, porque no es otra cosa, es un bello teatro de balón, perfectamente orquestado, que augura un partidazo el miércoles 27 de mayo. Para el Manchester United, la victoria supondría el doblete, junto con la Premier League, pero para el Fútbol Club Barcelona el efecto sería mayor: la conquista de una superación que le llevaría a batir todas las marcas registradas, con un triplete que incluiría Liga, Copa del Rey y el título en cuestión. Pero… ¿cuál de los dos equipos vencerá el miércoles?, ¿conseguirá el Manchester el doblete o el Barcelona el triplete?, ¿quién, a juicio de vosotros, tiene mejor plantilla?, ¿quién juega mejor?, ¿quién se lo merece más?, preguntas todas que podéis responder mientras saciáis vuestra sed.
Como en aquella ocasión, hace un año, vuelvo a proponeros una porra. Transformo este rincón donde se ofrece agua a todo aquel que quiera refrescarse y traigo varias mesas de madera. Se podrá apostar, aunque no con dados ni encuadernadas marcadas. Cada uno podrá decidir un resultado exacto y sólo se podrá repetir en una ocasión, es decir, sólo coincidirán dos marcadores iguales. Los empates también sirven, pues el marcador que salga ganador será el que llegue hasta el final de los noventa minutos, sin incluir los goles de la prórroga o la tanda de penaltis finales. El ganador de dicha porra tendrá la opción de elegir una Obra de Arte, sobre la que realizaré una entrada en su honor. Animaos y participad…
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NOTA POST-PARTIDO
F.C. Barcelona 2 - 0 Manchester United
Se consiguió el triplete
Ganador de la porra: Juanma
¡Enhorabuena!
Y gracias a todos por participar
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viernes 15 de mayo de 2009
Pasatiempo
¿Hay diferencias de la temporada pasada a ésta?, ¿cuál es el locutor que os gusta más del vídeo?, ¿ganará el Real Betis al Almería?, ¿hay diferencia de esta temporada a las tres anteriores?, ¿os gusta la jugada del vídeo?, ¿bajará el Real Betis a Segunda División?, ¿qué pasará el año que viene?, quizás vuesas mercedes puedan ayudarme con estas dudas existenciales. Os vertiré agua fresca mientras opináis...
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domingo 10 de mayo de 2009
Victoria
Las Pirámides de Gizeh y el Templo de Abu-Simbel son dos ejemplos claros del Arte Egipcio, pero siempre han estado muy relacionados con el esoterismo y el misterio. Los egipcios poseían características sorprendentes que podían ser claramente señaladas como producto de una respuesta sobrenatural. ¿Qué tienen las Pirámides de Gizeh que tanta curiosidad despierta en muchos de nosotros?, es un símbolo ascensional. A través de la pirámide, y más en Egipto cuya finalidad era mortuoria, el alma del difunto asciende al cielo. También se relaciona con Ra, dios del Sol. El Astro Rey da luz, y la luz es conocimiento. La sabiduría se convierte aquí en el motivo de existencia. La razón es la luz. Y no hay que descartar su relación directa con los masones, como dijo M. Saunier “es el símbolo supremo de toda iniciación, edificado según los designios del Gran Arquitecto del Universo, que es la Vida”. Las Pirámides de Gizeh fueron construidas hacia el 2585-2511 a.C. y corresponden a la IV Dinastía, en relación con los faraones Keops, Kefren y Mikerinos. Teorías y estudios han querido ajustarlas a unas coordenadas coincidentes con la astrología y la astronomía, dentro de unas especificaciones particulares. Desde su creación, las pirámides se convertirían en un sello característico de Egipto. Abu-Simbel es diferente. Es un templo cargado de vida donde el silencio y la calma invitan a lo contrario. Formado por dos conjuntos que se complementan, constituye una verdadera obra, culminación del Arte Egipcio. Realizado hacia 1260 a.C. su fachada nos invita a reflexionar sobre la grandeza del faraón y la insignificancia del visitante, del ser humano junto a la divinidad, que se adentra y sumerge en un mundo de pomposidad, todo ello bajo la tutela de los dioses y el propio faraón divinizado. En la profundidad de su corredor principal, se sitúa el conjunto de esculturas formado por Ptah, Amón-Ra, Ra-Harakhte y Ramsés II, dentro de una penumbra que se rompe dos veces al año, el 20 de octubre y el 20 de febrero, cuando el equinoccio hace presencia y la luz lo llena todo. Es un templo donde parece que no hay vida, pero estaba diseñado para que rebosara vitalidad. Se puede presentir la luz que recibe. Debido a su traslado entre 1964 y 1968, por la construcción del lago Nasser y su inundación, perdió la armonía que poseía. Un conjunto que integraba su monumentalidad y bella perfección con la sutileza de su alrededor, haciendo del paisaje su mejor aliado. Actualmente, este último detalle se ha perdido.
Cuando Miguel Ángel realiza el “David”, rompe con todas las representaciones anteriores. Nada se le iguala. Haciendo un alarde de técnica y rebosando genialidad pese a su juventud, el magnífico escultor tuvo que hacer la figura del rey de Israel partiendo de un bloque ya trabajado por Agostino di Duccio, sin mucho éxito. Por este motivo, si de algo adolece dicha escultura, es de falta de profundidad. Sin embargo, el resultado fue una impresionante obra de cuatro metros de alto, un colosalismo que iniciaría una revolución estética y técnica en el Cinquecento. Pero Miguel Ángel no sólo modificó las medidas y mejoró la técnica ya existente, además aportó algo que no había anteriormente. Una visión completamente diferente del tema tratado. Se abandona ese aire infantil, esa inocencia propia de lo pueril que rebosan las representaciones anteriores de David. El genial escultor difumina el pasado y lo transforma en un ejemplo de belleza sin parangón. Evade los escrúpulos y las pantomimas eclesiásticas sobre la desnudez y representa la belleza del cuerpo humano. Atraviesa con su veraz imagen y la naturalidad de las formas todo el recato que emana de la Iglesia y lo relaciona directamente con el espíritu humano. A Buonarroti no le importan las lenguas viperinas e hipócritas que pueden desprenderse en forma de críticas venenosas contra su escultura. Miguel Ángel es un creyente acérrimo. Tiene fe y se demuestra en aquellas poesías que dejó escritas, pero él la entiende de otra forma. Cree en la belleza como camino para llegar a Dios. Alcanzar el cielo por la contemplación de la exultante hermosura, pero la belleza tiene el peligro pecaminoso de caer en el Amor. Este camino dual, espinoso, que lo describe como abrasador y, en realidad, contradictorio incluso para él mismo, lo atormentará durante toda su vida. Este punto dubitativo de existencia moral lo narrará a la perfección en una frase mítica: “…Ama, abrásate, pues todo mortal no tendrá otras alas para llegar al cielo”. La belleza humana, para el magnífico creador de la Toscana, es piadosa porque imita la belleza divina, y ésta se puede representar desnuda. El resto aparece en la mirada de David, donde se puede apreciar el cambio. No es un hombre vencedor, pues aún no ha hecho nada, pero está seguro de sí mismo. Hay una presencia celestial y humana a la misma vez. Miguel Ángel esculpió el espíritu humano en consonancia con la belleza divina.
Don Diego es punto y aparte. Es la dulzura hecha pintura. La genialidad expuesta en un lienzo. Lo sublime al óleo. La delicadeza y la sutilidad de lo magnífico representado con una técnica exquisita y deliciosa. Quizás sean “Las Meninas” un mal ejemplo para encontrar los posibles errores que cometiera don Diego en su carrera, pues esta obra posee una espléndida composición que ha supuesto un paradigma en la Historia del Arte. El excelso pintor alcanza aquí el límite de la perfección y palpa toda su capacidad, en un cuadro que se sitúa en las postrimerías de su carrera y, por consiguiente, de su propia vida. La relación entre la naturalidad, la realidad, y los estudios y reflexiones que le han aportado unos conocimientos técnicos sorprendentes, se ven reflejados en esta obra. Su Arte, si alguna vez no fue maduro, aquí lo es en su completa plenitud. No abandona la interpretación humana, la representación del espíritu interno y de la persona que pinta. Es decir, no ha dejado de inmortalizar sólo la figura de los personajes, sino su propio mundo interior. Don Diego demuestra en este lienzo que la culminación de su obra coincide con el último suspiro de su vida. Dicen que la perfección no existe, pero si alguien tuvo la oportunidad de acariciarla, ese era el admirable y grandioso pintor sevillano. También conocida como “La Familia de Felipe IV”, no ha dejado de levantar dudas sobre el tema representado, así como el misterio que suscita al introducir al espectador en una creación magnífica, donde la realidad es la protagonista. ¿Qué pinta don Diego en su lienzo?. Es un cuadro dentro de otro cuadro. Considerada obra clave en la Historia de la Pintura Universal, Lucas Jordán, pintor barroco de la corte española, opinó al contemplarla por primera vez “ésta es la Teología de la Pintura”, y Carl Justi no pudo expresar de forma más clara lo que sintió al verla, “no hay cuadro que nos haga olvidar éste”.
Ya lo dijo Klimt, “el que quiera saber algo sobre mí deberá observar detenidamente mis cuadros”. No sólo tenemos un cuadro, también una escultura y dos edificios de la Historia del Arte para conocer a través de ellos algo sobre mi amiga y su forma de ser. Ella es diferente. Es capaz de romper los esquemas y convertirse en aquella figura destacada de las demás sin pretenderlo, y eso es lo mágico de su maravillosa forma de ser. En cierto modo, también le tiene que gustar el templo de Atenea Niké de la Acrópolis de Atenas, pues en dicha obra aparece un friso en relieve cargado de una representación en serie de la Victoria. Todas aladas y dispuestas de la misma manera, excepto una. Una de ellas se para deliciosamente a ajustarse la sandalia. Es precisamente esa Victoria la que hace grande el conjunto. La que armoniza y equilibra todo el relieve dotándolo de un aire especial, de un detalle que asombra y llama la atención. Algo tan natural y sencillo como el gesto representado, hace que esa Victoria esté fuera de lo común. La que destaca de todas las demás sin pretenderlo. Ésa es mi amiga, la que rompe los moldes de la normalidad y se convierte en la representación humana de algo que parecía extinto: la nobleza y la bondad. Por eso puede que le guste el “David” de Miguel Ángel, o quizás por ese motivo la escultura la ha elegido a ella. La obra de Arte, a veces, es la que consigue retenerte, la que te selecciona como su espectador. El “David” del genio Buonarroti destaca por romper con todas las representaciones anteriores del mismo personaje. A mi amiga le ocurre lo mismo. Cuando la conoces, quedas atrapado por ese ramillete de virtudes que creías habían desaparecido en la picardía del mundo, muertas por el egoísmo creciente de una humanidad en la que la bondad se paga a precio de oro, sin saber el rico que ni el más poderoso caballero puede con ella. Un mundo en que la nobleza se traiciona asaeteándola por la espalda, pero que ella se encarga de elevar y ondearla al viento, y lo mejor, siempre inconscientemente, como debe ser. Cuando contemplas la belleza del “David”, te das cuenta que la perfección no existe por muy poco, y que realmente sobra lo demás. No hay visión para otra cosa. La naturalidad de su desnudo es la mejor forma de relacionar el espíritu del Arte con la hermosura sin ambages. ¿Por qué no dejarse atrapar por lo bello?, y era entonces cuando Miguel Ángel hablaba del Amor y la forma de abrasar que tenía este sentimiento. A mi amiga le gustan las rosas rojas. La belleza de la rosa roja siempre ha estado relacionada con el Amor, y quizás tenga una conexión casi directa con la obra del escultor toscano. Belleza y Amor. Mi amiga, al igual que cuando uno se deja atrapar por la perfección equilibrada y la extraordinaria composición del David, cuando mira una rosa, nunca ve las espinas. Puede que la bondad pura, aquello que creemos se ha perdido, resida en ella de tal manera que sólo puede ver lo bueno. No hay nada más. Sencillamente es así de simple. Lo bueno. Y así de difícil.
Ella es un misterio. Descubrir su forma de ser y navegar por sus conversaciones, es como un viaje astral cargado de elementos esotéricos. Y eso le encanta. Los enigmas siempre han sido una obsesión para ella. El halo de lo desconocido y todos los secretos que nos depara el destino, y el propio pasado, han supuesto una fuente de conocimiento que germina en su interior como si de una planta llena de sabiduría se tratara. Por eso las Pirámides de Gizeh y Abu-Simbel, repletos de preguntas sin contestar, la atraparon en uno de sus viajes. El brillo de la curiosidad y los arcanos, encerrados en previsiones futuras de cartón y bolas de cristal desvirtuado. Y puede que también la atrapara esa luz. Esa misma luz, tan presente y relacionada con el Sol y el dios Ra en Egipto, que terminaría siendo la culpable de su inteligencia. Portadora de conversaciones fascinantes, nunca dejas de aprender con ella, y te aportará siempre algo. Opiniones sinceras y valiosos puntos de vista. Y no por ello deja de ser prudente. Esa prudencia que se vislumbra en el rostro vencedor, pero cauto, del “David”. Y es que mi amiga puede conseguir todo lo que se proponga. David no sabía que era imposible derrotar a Goliat, por eso lo consiguió. Ella no sabe que es extraordinaria, en todas las acepciones de la palabra, de hecho lo niega rotundamente, por eso lo es. Y además me da la oportunidad de decírselo cada vez que la veo. Por muchas veces que veamos “Las Meninas”, jamás nos cansaremos de decir que es un cuadro maravilloso. Extraordinario.
¿Y no hay dulzura en un cuadro de don Diego?, ¿algo más humanamente representado que los retratos del genio sevillano?, ¿la nobleza exultante de un pintor que siempre apoyó a Felipe IV por su amistad antes que por ser el monarca?, pues quizás este sea un ejemplo claro del porqué en la elección de este lienzo. Mi amiga es un espejo donde mirarse, como el mismo que don Diego utiliza en el salón del Alcázar del rey. Representa la nobleza, pero es tan humilde como la cruz de la orden de Santiago, que fue pintada después. Con su genio, fuerte cuando hace falta sacarlo, como se destila de la mirada de David. Pero si hay algo que caracteriza a esta escultura y a “Las Meninas”, es su carácter extraordinario, excelente. Esa puede ser la mayor cualidad de mi amiga, que es excelente.
Y es que mi amiga te sorprende, como la “Victoria de Samotracia” sorprende al visitante del Louvre desplegando sus alas en aquella hermosa escalera. Las mismas alas que suelen tener los ángeles de la guarda, como ella. Fuente de misterio y esoterismo agrupado en una pirámide de buenos consejos. Tan transparente como una Bola de Cristal, reservada para los mejores augurios. Cuartillas de cartón para averiguar el futuro escrito en la telepatía de mundos personales. Un paseo nocturno por las calles medievales de una ciudad mariana. La dulzura de una tarta de queso bañada con frambuesa a la orilla de un jardín zen. Amante de los viajes, físicos o psíquicos, que nos depara la vida. La Historia Interminable de una ilusión que no pierde. Una ilusión que transmite y contagia. Una ilusión que te hace levitar espiritualmente, que te transporta a ese mundo del que nunca debemos salir completamente, donde los sueños son posibles y el vértigo te hace sonreír. El café de un domingo por la tarde. El equilibrio y la armonía de un serranito de pollo. La excursión al corazón de la naturaleza más humana. Lámpara de sal que limpia de negatividad a todo el que la rodea. Un tesoro digno de descubrir. La libertad del tiempo y sus cadenas. La que siempre está ahí. La sorpresa de una boca muda que responde a un oído sordo. La risa sincera. Abanderada del honor y la moral. Una mano que te aúpa y un hombro donde apoyarte. Capaz de darlo todo por nada. La sensibilidad a flor de piel. La mejor compañía que se puede tener. El mejor consejo que se puede seguir. La sonrisa de la amistad. La prueba de que la bondad y la nobleza no se han extinguido: mi amiga Victoria.
Puede que, después de este análisis entre el Arte y las personas, en el cual hemos podido comprobar la relación directa entre las diferentes representaciones artísticas y sus espectadores favoritos, nos surja la duda de quién hace realmente la elección, si el individuo… o la obra de Arte. Si tenéis la oportunidad de comprobarlo directamente, puede que lo sepáis.
Y a vuesas mercedes... ¿cuales son las obras de Arte que os atraparon?, ¿conocéis a mi amiga Victoria?, ¿cual es la pintura, la escultura y el edificio artístico que os enamoró?, ¿os sentis relacionados con ellas?...ya hace calor. Echaos un trago.
Para mi amiga Victoria, poseedora de todas las virtudes expuestas anteriormente…
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martes 5 de mayo de 2009
Lección de Conan
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