sábado, 6 de octubre de 2007

Las Santas Justa y Rufina (III)

Hacia 1620 concluía Miguel de Esquivel la representación de las Santas Justa y Rufina, para el Altar de Santa Bárbara de la Catedral de Sevilla. Llegamos así a la tercera representación pictórica de las patronas de Sevilla, gracias a un pintor del que solo se conoce este cuadro, aunque según el Catedrático en Historia del Arte Don Enrique Valdivieso González, también realizó un retablo para el coro bajo del convento de San Pablo y tres vistas de Sevilla, que desgraciadamente han desaparecido.

Poco se sabe de Miguel de Esquivel, cuyo nacimiento rondaría los últimos años del 1500, si tenemos en cuenta que se casó en 1616. Se sabe que su padre también fue pintor, Diego Esquivel, por lo que se da por hecho que se formó en el taller paterno. No se encerró en la pintura al óleo, y parece ser que también ejerció como dorador y estofador de esculturas. Falleció en 1621, fecha en la que tendría alrededor de 25 o 30 años.



Miguel de Esquivel - "Las Santas Justa y Rufina" - 1620
Altar de Santa Bárbara de la Catedral de Sevilla

El cuadro es bastante interesante, y posee detalles que no deben pasar desapercibidos. El estilo del autor se relaciona con la obra de Roelas, del que asume un carácter amable y simpático, como demuestran las dos santas, que aunque tienen un carácter monumental, sus rostros desprenden una gran dulzura, llenos de belleza. Ambas patronas aparecen ricamente ataviadas, como demuestran sus vestimentas y el collar de perlas que luce cada una. Santa Justa, que el Maestro de Moguer relacionaba con la representada a la izquierda del espectador, posee un bello tocado, con los cabellos recogidos pero graciosamente caídos en tirabuzones, que enmarcan un simpático rostro que alza la vista hacia el cielo, o bien hacia el Giraldillo, veleta de la Giralda que simboliza la Fe. Fe por la que ambas santas sufrieron su martirio. Santa Rufina también cuenta con un hermoso tocado que deja el cabello más suelto que el de su hermana, dejando ver un semblante sereno que baja la vista, pensativa, en contraposición con su pareja. Ambas santas poseen nimbos circulares y dorados, las palmas como señal de martirio, vasijas a los pies y flanquean la Giralda.




La torre musulmana, convertida en Giralda, es uno de los detalles más significativos de la obra. Posee una minuciosa descripción pictórica que demuestra a la torre en su pleno apogeo, de hecho podríamos decir que es la primera representación de la Giralda tal y como la conocemos hoy, justo después de la realización del campanario de Hernán Ruiz II, pero además cuenta con la ventaja de mostrarnos las diferentes pinturas que adornaban su cara, que con el paso del tiempo han desaparecido. En 1565 se acordó blanquear y renovar la torre, según el proyecto del maestro mayor, una operación que éste había iniciado y que no agradaba a todos los capitulares. Un aspecto fundamental del programa de renovación de la torre, que incluía su revocado y coloreado con almagra, además de ciertas labores doradas, fueron las pinturas murales que en diciembre de dicho año empezaron a realizar Luis de Vargas y sus colaboradores y en las que éste trabajaría hasta el momento de su muerte. Esas pinturas son las que aparecen en el cuadro, las cuales representaban a los Evangelistas, Apóstoles, Doctores de la Iglesia, los santos Isidoro, Leandro, Hermenegildo y las propias Justa y Rufina, así como otros santos y patronos. Gracias a Miguel de Esquivel podemos imaginarnos como fueron dichas pinturas y donde estaban situadas.


El cuadro es una verdadera joya artística.

¿Ha vuelto la calor?... refrescaos. Echaos un trago.

9 comentarios:

el aguaó dijo...

Disculpad la calidad de las imágenes queridos amigos.

Para apreciar mejor las pinturas que decoraban la Giralda, podéis ampliar el pormenor del cuadro 'picando' sobre él, que es el mismo que protagonizaba la Imagen de la Semana.

Un fuerte abrazo y gracias.

Anónimo dijo...

Como siempre, es un placer leer tu blog, además de ser muy instructivo.
Y tienes razón, no nos termina de dejar la calor.

Anónimo dijo...

Es curioso apreciar las pinturas decorativas. A veces al contemplar el cuadro se nos pasan estos detalles.
Gracias por hacer que los veamos

Híspalis dijo...

Vaya si se aprende contigo. Esperábamos este segundo capítulo. Enhorabuena por la entrada.

Paços de Audiência dijo...

Vaya nivelazo de tu blog. Parece una enciclopedia. Me encanta.

Enhorabuena de nuevo. Pasarse por aqui siempre es un gustazo.

el aguaó dijo...

Muchas gracias amigo Maese. Y no... no se acaba de ir la calor.

Gracias a ti querida amiga por tus palabras. Por eso facilité la foto actual de la Giralda, para que se pudiera apreciar el lugar donde estarían las pinturas.

Como siempre, tus palabras son un auténtico honor para mí querido Híspalis. Gracias.

Muchísimas gracias amigo Cabezota. Pues pásate siempre que quieras, pues ya te dije en una ocasión que esta es tu casa.

Muchísimas gracias por vuestras palabras amigos. Consiguen animarme y continuar realizando temas de este estilo.

Un fuerte abrazo a todos.

Alberto Ramírez Jiménez dijo...

Aguaó, una pregunta, no se si indiscreta, tú que eres???? profesor de historia del arte???? A ver si me vas a tener q dar clases para mis oposiciones de Conservador de Patrimonio, en las que ando metido de lleno y dispuesto a afrontar una segunda prueba.

Personalmente me quedo con las SDantas Justa y Rufina de Goya, tb en la Catedral de Sevilla. Me encanta ese cuadro, sobre todo sus tonalidades.

Muchas gracias por esta master class

el aguaó dijo...

Amigo Morís soy un Licenciado en Historia del Arte enamorado de su ciudad y eterno estudiante. Un Licenciado que no deja de estudiar e investigar. Un 'loco' del Patrimonio que tiene como deseo dar a conocer los tesoros que encierra la Historia del Arte y cuyo único fin es despertar el interés de todos aquellos que quieran beber del agua que ofrezco.

Espero que mi comentario responda a tu pregunta querido amigo.

Un fuerte abrazo.

el aguaó dijo...

Esta es la tercera entrega de las Santas Justa y Rufina amigo. Las de Goya llegaran. Son imprescindibles.

Un abrazo.