viernes, 17 de abril de 2009

La espera

“Conocer el alma sevillana, adentrarse en sus complicaciones, saber salir a la superficie de su serenidad, después de haber recorrido el laberinto de sus requerimientos sentimentales, es dar a la Semana Santa sevillana el alto valor espiritual que le corresponde. Ignorarlo todo, medir este pueblo con el mismo rasero con que se han medido otros pueblos, es leer un día que los disciplinantes se alquilaron y negar los disciplinantes; es no comprender la Semana Santa de Sevilla y negarla”Manuel Chaves Nogales


La calma que azotaba con fuerza la ciudad se hacía sentir. Había acabado ese mundo de siete días. La completa normalidad era, probablemente, lo más anormal. Algo inverosímil. La mayor rareza que cerraba el ciclo abierto hacía apenas una semana. Ecos de cornetas y redobles aún se cuajaban en los rincones de la urbe. Las saetas se despegaban de la cal de las paredes y la cera se secaba a la luz de la luna. Todo en calma. En silencio. La soledad es un lugar tan vacío, que hace temblar el alma. Y ahora la ciudad estaba sola. Quedan las imágenes latentes que conservaremos replegadas en la memoria. Los milagros desarrollados en una Semana Santa magnífica.


Y andando por las calles de la melancolía, de la nostalgia, me perdí entre el vacío de una normalidad que estallaba en un silencio callado. Era ya de madrugada y no había nadie en la calle. Todo ha llegado a su final. Aquí no ha pasado nada. Sólo quedan vestigios. Restos inequívocos de lo que ha ocurrido. La cera exorna el asfalto. La rampla espera a su transporte. Las luces vuelven a ser eléctricas. Petaladas de sueños consumidos al aire. Incienso en el ambiente que se diluye con el frescor de las noches. Incluso parece que hasta el azahar se ha marchitado. No podemos atrapar el tiempo, y siguen las horas su curso para otorgarnos esa tristeza tan necesaria que tantas veces he nombrado. La misma que emerge cuando se espera a la Soledad de San Lorenzo. Triste y sola, como diría el Bachiller Fulano de Tal.

Ya la hora de maitines es llegada,
ya amontonan las sillas, y la gente
se retira en silencio lentamente
con cara soñolienta y fatigada.

Como triste violeta abandonada,
con un puñal clavado reluciente,
pasa La Soledad rápidamente
bajo el dosel llorosa y enlutada.

¡Madre Santa, que apuras el dolor
terrible, amargo, duro y angustioso,
de volver sola de enterrar tu amor!
Eres broche magnífico y valioso
que cierra la diadema soberana
de la Semana Santa Sevillana.



Tal vez por eso, o porque San Lorenzo tiene para mí un toque de principio y de fin, me acerqué, lentamente. El frío de la noche se hacía notar. Esta vez no estaba acompañado cuando pasé por San Juan de la Palma. Sonreí al ver la puerta. ¡Cuánto se va al ver entrar a la Amargura!. Nunca los momentos se repiten. Nunca los instantes que el tiempo te deja vivir son los mismos, por mucho que nos empeñemos en compararlos. A veces, casi sin darme cuenta, me quedo mirando un momento fijamente, para de alguna forma grabarlo a fuego en mi memoria. Archivarlo en mis recuerdos. Soy un ladrón de imágenes. Quizás por este motivo al pasar por la puerta del Silencio Blanco, sonó en mi mente Jesús de las Penas y luego Amargura. Algo se movió dentro. Un roce de labios inolvidable. Hasta el corazón dio un vuelco. Es necesario seguir adelante. Es necesario esperar. La paciencia es virtud y compañera de viaje para aquél que disfruta del goce sublime de un bello instante. Dos Miradas enfrentadas. Dos Miradas que me pueden. Y mientras, la normalidad del silencio de la noche me abraza con su punzante lógica. Todo ha acabado. Quedan las emociones. Las sensaciones. Los momentos. Me acercaba a la Plaza y recordaba la última vez que estuve allí. Al despedir a la Soledad. Y esas palabras de Peyré

“Por mi parte, a mi regreso de San Lorenzo, de donde volvía de acompañar a la Soledad, no solamente no me sentía cansado, sino que experimentaba la vacía sorpresa y la indecible tristeza que se apodera entonces de la ciudad y penetra en todas las almas”.


¡Cuánta verdad se esconde en estas letras! Y llegué a San Lorenzo. Luz naranja, como la del Sol, para alumbrar la noche donde vive el Señor de Sevilla y Su Bendita Madre. Sólo silencio. El eco de mis pasos y aquel nudo en la garganta que se ceñía a mi pena. Entré por Conde de Barajas y observé la puerta de la Parroquia y luego la de la Basílica. Entonces fue cuando le vi. No había nadie en la Plaza. Y allí estaba, sentado en la puerta del Gran Poder. Un niño. Ni siquiera pasaban coches cerca. Una calma extraña y densa sembraba el ambiente de un silencio acogedor. Un sosiego y una quietud que acariciaba la piel erizándola. Observé al chiquillo que miraba hacia abajo. Sostenía en sus manos una cestilla de mimbre oscura. Estaba ataviado de blanco y lucía una cruz roja en el pecho. ¿Un nazareno de la Borriquita?. Tendría unos ocho años. Me acerqué lentamente. Ni un ruido. Tampoco la brisa del frescor de la madrugada se hacía notar. Era como si hubiera desaparecido la temperatura y el vacío de la noche se hubiera tragado los sonidos achacosos de la tristeza. Ni siquiera mis pasos devolvían eco alguno. Nada. Cuando llegué a la puerta, aquel niño me miró. No sabría decir qué sentí en ese momento. No sabría explicar porqué mi cuerpo se paralizó y mi mente naufragó en un mar blanco. Aquel niño rebosaba una hermosura que jamás podré describir con palabras. Casi sin voz, le pregunté qué hacía allí. Entonces me sonrió. “Esperar… Estoy esperando a que bajen al Señor, pues entonces comenzará Todo”. Mi rostro tuvo que ser una interrogación vacilante entre la sorpresa y la ternura. No hablé. Enmudecí ante el dulce rostro de aquel niño y su sencilla respuesta. “Ya sólo queda un año”, apostilló sin dejar de sonreír. No dije nada más. Todo estaba claro. Fue entonces cuando lo entendí. Asentí y le devolví la sonrisa. Es un ciclo, y ahora comienza la espera. De nuevo seremos niños que contaremos los días que quedan para volver a sentir la ilusión, y nos haremos mayores el Viernes Santo, cuando la Luz del mundo haya cambiado y sólo queden tres días para que el Señor resucite. Y nazca de nuevo. Y vuelva a ser Niño que espera el Domingo de Ramos para salir del Divino Salvador. Pero antes… bajará en San Lorenzo para abrazar a sus hijos.


“No podréis concebir ninguna otra utilidad para vuestros días, ni ningún otro gusto a la vida. Con toda la ciudad, giraréis alrededor de no sé qué vacío de naufragio. ¿Esperar un año antes de volver a ver los camiones descargar las tablas de los palcos y tribunas, antes de sorprender un paso, con sus figuras bajo fundas blancas, a través de una callejuela? ¿Un año, antes de ver a la Amargura reaparecer en el umbral de San Juan de la Palma? ¿Esperar un año la vuelta de la fiesta? Toco aquí uno de los secretos de la tristeza de Sevilla, que dura mucho más que la alegría, pero que la primera visión de la Semana Santa es suficiente para conjurar; lo sé, por haberlo sufrido yo mismo”.

De nuevo Joseph Peyré ponía palabras a mis sentimientos. Ha sido una Semana Santa espléndida. Una de las mejores de mi vida. No la olvidaré… aunque el año que viene, cuando sea Domingo Ramos, habrá que volver a dejarse llevar. Emocionarse sin razonar. Sentir sin explicar. Llegué a la esquina de Eslava y escuché el chirriar de las ruedas de un coche. Había vuelto el ruido. Miré atrás y el Niño ya no estaba. Sonreí con una mezcla de pesadumbre y alegría. Comienza la espera y la Plegaria del Bachiller Fulano de Tal me parece la mejor para volver a mi casa. Para volver a la normalidad. Para volver a esperar…

He experimentado supremo el espanto
de verte ¡Jesús! Prendido en el huerto,
y he sufrido triste mirándote muerto
colgado tu cuerpo del Madero Santo.

De brillantes gotas de tu amargo llanto
contemplé ¡María! Tu rostro cubierto,
y he visto en tu pecho la llaga que ha abierto
el puñal terrible de tu gran quebranto.

¡Padre! Te he seguido del huerto a la fosa;
¡Madre! Me han herido tus siete dolores;
con voz conmovida, ferviente y llorosa,
yo os pido una gracia rendido de amores:
¡Dejadme que llegue, si así me conviene,
a Semana Santa del año que viene!


14 comentarios:

dama dijo...

Sensacional.
Ya tienes a San Juan de la Palma para siempre en tu alma, bienvenido al club.
Y una vez más te lo digo, sensacional tu texto.

La gata Roma dijo...

Me has hecho pensar en todas esas cosas en las que torpemente, no quiero pensar…
Sé que vuelve, sé que el tiempo es el juez y a veces hasta es menos duro de lo que creemos… pero no lo quiero pensar…
Kisses

M. Andréu dijo...

Después de leer tu texto, ya conozco el tiempo en el que estamos: ya son vísperas.

Pepe Santos dijo...

Estaba ansioso esperando tu texto. Me preguntaba ¿por qué tantos días sin escribir?... ahora lo comprendo. Artículos como este bien merecen la espera. La música de fondo maravillosa. Sólo te digo que me has roto el corazón, pues me he dado cuenta de verdad que aún falta mucho tiempo para volver a vivir los días grandes. Por cierto que, cada vez que veía esta S.Santa a un aguaó mi mente volaba a este precioso y sevillano rincón.

Gracias por este regalo de texto, lo dificil al escribir no sólo es captar la curiosidad del lector sino emocionarle, y conmigo, lo has vuelto a hacer.

Gracias y disculpa, una vez mas, por no haber podido vivir esta S.Santa contigo, aunque fuera un sólo instante.

Tu siempre amigo: Pepe Santos.

América dijo...

Me complace saber lo maravillosa que fue para ti,seguí con entusiasmo los blogs que dedicaron entradas al respecto,para mi a través de la distancia resulto una grata experiencia,pues es primera vez que me llega desde sus protagonistas,por que la Semana Santa la hace su gente y todo aquel que la espera con ilusión,desde el primer día,un regalo que ha llegado muy lejos del cual te estoy inmensamente agradecida.

goloviarte dijo...

te invito a participar con tu blog en mi blog directorio aquiestatublog.blogspot.com,te conocerán mejor,pasa por mi blog y deja el tullo en el libro de visitas,gracias
te pido escusas si consideras spam mi invitación
un blog lleno de buenas palabras

Pepe Luis dijo...

San Lorenzo siempre, Alfa y Omega de nuestra Semana Santa, Principio y Fin de nuestras vidas, agua fresca del cantaro que se sirve en un jarrillo de lata que alivia la carga de los treinta y dos pasos que las separan...
Esa es la Semana Santa, la que ya empezamos a vivir, pues ya empieza a amanecer...

El callejón de los negros dijo...

Es que la espera se alimenta de lo vivido y el ansia por sentirlo de nuevo en la cara, la brisa especial que nos hace sonreir ante el cansancio y nos hace soñar ante la adversidad. Te lo han dicho, eres un maestro. Te lo han dicho, has puesto la primera gota de cera en el camino de las vísperas.

Y te digo, amigo, que como en el Tour de Francia, tus entradas son 'Hors Categorie', por encima de todo lo demás.

Y sobre las fotos que hiciste a mi hermandad en su recogida... no te digo nada hermano...

Antonio

El callejón de los negros dijo...

¡Ah! qué pongas a Peyré como hilo conductor me ha llegado muy hondo... él es el prologuista perpetuo de mi cuarentena.

Antonio

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Maravillosa entrada, permítame que enlace su blog en el mío para tenerlo más a mano.
Mi vispera ha empezado en el presentimiento del palio difuminado de una de las fotografías ante una ventana, ya ansío la nueva llegada.
Un abrazo.

Zapateiro dijo...

Me has dejado con una extraña sensanción de alegría. Quizás tu entrada me sirva para poner un punto y aparte en mi mente. Con suerte, podré seguir avanzando en los días con otra perspectiva.
Gracias por todas tus palabras. Las necesitaba.

Un beso enorme.

sevillana dijo...

Personalmente yo que la he vivido en la distancia, tu relato me ha hecho pensar y mucho en todo lo que vemos, sentimos, queremos y por los que algunos damos mucho tiempo de nuestra vida, pero al final merece la pena esa espera.
Besos

el aguaó dijo...

San Juan de la Palma es inolvidable para mí desde hace años querida Dama, pero sí debo confesarte que desde este que ha pasado... todo será diferente. Los recuerdos tendrán una marca mucho más profunda.

Pues no lo pienses amiga Gata, porque cuando vuelvas de ser tostada por el sol, allá por septiembre, las vísperas serán ya una realidad.

Como don Anselmo, amigo Miguel, se podría decir que servidor vive en una eterna época de vísperas.

Gracias siempre a ti amigo Pepe.

Este año, amiga América, has podido conocer esos lugares mágicos y especiales que encierran la Semana Santa. Pero lo mejor de todo, es que has podido conocerlos despojados de esa índole turística.

Ahora me pasaré Goloviarte. Vuelve cuando quieras a este tu blog.

Donde Todo Empieza... y Todo Acaba amigo Pepe Luis. Ya queda menos...

Amigo Antonio, no le digas a tu alumno que es un maestro. Se sonrojará. En cuanto a Peyré, la prueba inequívoca de la alta capacidad de enamorar que posee nuestra Semana Mayor.

Querido No cogé ventaja, está voacé en su casa. Y como su propio nick indica, no cogé ventaja, pues ahora tiene que pasar todo el tiempo necesario para que el año que viene, sembrada la cruz de ceniza sobre nuestra frente, aparezca la ilusión renovada de nuevo. Bienvenido a este rincón y vuelve cuando quieras amigo.

Me alegro muchísimo que hayan servido de bálsamo mis palabras para ese estado de naufragio en el que nos encontramos más de uno amiga Zapateiro.

La espera siempre merece la pena amiga Sevillana.

Un fuerte abrazo a todos.

Anónimo dijo...

Bonjorno, elaguadordesevilla.blogspot.com!
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