sábado, 3 de julio de 2010

Mi General

Hace mucho que no escribo. El tiempo pasa y la virginidad de las ideas escritas resucita como si nunca antes hubiera sabido plasmar pensamientos sobre papel. Las divagaciones de este pobre viejo que no deja de ser joven, se pierden en el eco de la memoria, traslúcida del uso. Hoy tiene que ser distinto. Hoy tiene que ser algo especial, algo diferente, porque hoy se trata de un amigo. Voto a tal que no miento si lo esperaba sobre un jamelgo blanco, quizás con cierto toque de galán de cine, espada al cinto y armadura ceñida, antes del siglo de las luces. Mano derecha de los Trastamara y mercenario de la tierra gabacha, sin ser perro luterano, pero alquilando su espada al mejor postor, que no era otro que la alternativa al trono de un Pedro rey conocido como cruel y justiciero a la vez. No debemos engañarnos, pues sólo se trataba del personaje ficticio, el personaje real lo conocí una noche en el Vizcaíno, al despuntar lluvia en la Plaza de los Carros.


Ya hablé en una ocasión de este encuentro y no quiero repetirme. El gusano del tiempo devora los días como lo hace en los lienzos del Barroco. Mendrugos de pan duro se resecan en las historias pintadas de los genios del XVII, anunciando que la vida acaba en el beso que ofrece una pálida dama. Mi puesto del agua está seco y las palabras se evaporan con el calor de estos días. Pocos son los que pasan ya por aquí, y no les culpo, pues las cántaras yacen abandonadas al descuido temporal de un tiempo sin tiempo. Puede que vuesas mercedes me recuerden como un blog abandonado, con la imagen del cuadro que preside este rincón, o tal vez con otra, pero con una imagen al fin y al cabo. Todos tenemos sobre nosotros una imagen, o varias, que trascienden más allá del subconsciente de la persona que nos mira o nos recuerda. En la memoria de los demás podemos ser cuadros, momentos, fotografías, caricias, ciudades, perfumes o incluso palabras. Podemos ser todo con lo que nos relacionan, o todo cuanto significamos para ellos. Podemos ser un icono, un sentimiento o un objeto, o todos a la vez. Incluso podemos aumentar esa lista. Hoy tendré una imagen más de mi amigo Sergio, que aumentará la forma en la que se refleja en mi memoria.

Sergio es y será siempre mi General. Antes de conocerlo siempre me lo imaginé con armadura y luchando con espada ancha y pesada, unido en contra del monarca que revolucionó el Alcázar estéticamente. Luego llegó aquella noche lluviosa de abril y su rostro ya no sería el retrato medieval de un general francés. La ficción se retiraba con elegancia para dejar pasar la realidad de una persona más allá de la abstracción de la Historia. El pseudónimo marcaba la referencia a fuego de su futuro, pero quedaría tatuado de la misma forma que la burla socarrona y pueril reconoce las debilidades de los niños cuando la infancia es un sueño que puede aspirarse y sentirse. Du Guesclin para identificarlo ante aquél que no lo conociera en persona, pero ya siempre sería Sergio. Mi amigo Sergio. Y el tiempo pasó y todo cambió. Ya no era solo el apellido de un mercenario francés, era algo más. No sólo eran las Sevillanadas más críticas, mordaces e irónicas, ni tampoco la Historia de la Sevilla que nos muestra a través de sus ojos y su buen hacer, se convirtió en mucho más.


Mi amigo Sergio es un tío especial, y me acuerdo de él cada vez que paso por la calle Rábida y veo las columnas que forman parte de la verja que separa el parque o cuando un rojo especial suena a gloria tras gritar Freddie: “lo quiero todo”. Sergio es una llamada en el momento exacto, una colaboración de lujo cuando quieres hablar de Historia, cervecitas en el Garlochí, un historiador vestido de arquitecto, el amigo de mi primo, Las Misericordias de Santa Cruz perfumadas por el azahar de la antigua Borceguíes, el descubrimiento de última hora, “La Escuela de Atenas” de Rafael, Ester, una película de espadas y caballos, la reencarnación de un emperador romano en un cócker o el premio de un pony inesperado. Mi amigo Sergio es el punto y final de una Madrugá eterna que termina en los labios entreabiertos de la Madre de un Gitano divino. La tez morena de la Niña de San Román que deshace en Angustias el final de una noche eterna.


La nobleza hecha persona, amigo de sus amigos, la sonrisa cuando te hace falta, la mano fuerte que agarrar y que te agarra. Ese es mi amigo Sergio, que hoy dará su palabra en una alianza que le convertirá en un galán de cine comprometido.

¡Disfruta de tu día mi General!

6 comentarios:

El callejón de los negros dijo...

Hace menos de una semana pude comprobar una vez más y muy personalmente todo lo que comentas, cuando muchos (y entre ellos olvidando su rango, como un soldado más, nuestro General) distéis sentido a palabras como comprensión y amistad.


Un abrazo

Antonio

P.D. Ahora mismito tiene que estar ya hecho un flan ;-)

La gata Roma dijo...

Muy bien descrito, y eso que no usaste lo de grandullón con pinta de noblote, jejeje no era cuestión de repetirse la verdad, pero lo dicho, Sergio es ese. Una pena para quien no lo conozca, un orgullo para quienes si lo contamos en nuestras filas.
Y hoy… ¡vaya tela hoy! Que calorcito va a pasar la criatura, jejeje

Kisses para ti, el general, y también para Antonio, que además de buen bloguero siempre es buen comentarista…

Humilladero y El Mirador dijo...

Aunque sólo nos hemos visto un par de veces sólo puedo tener palabras de gratitud...
Un saludo
Manolo

América dijo...

Felicidades para ese genial hombre lo merece.Precioso texto no podia ser de otra manera.

Un cordial saludo.

M. Andréu dijo...

Peculiar, sincero y desde el corazón, como siempre son tus letras.
Tenemos a un gran Sergio como amigo.

comprar libros dijo...

Great post. Your blog is much more thoughtful and informative. Thanks for sharing your work.