jueves, 14 de junio de 2007

El Rapto de Proserpina

Su pasión por los temas mitológicos se acrecentaba con el paso del tiempo, y tras conocer al gran escultor dio rienda suelta a sus deseos de poseer aquellos episodios que lo embelesaban. Pero en esta ocasión fue distinto. Algo lo trastornó cuando observó detenidamente la escultura. No daba crédito a lo que veía. Un escalofrío recorrió su cuerpo estremeciéndolo. Aquella mano... no podía ser piedra. Algo había ocurrido. Scipione Borghese era hombre conocedor de la mitología griega, amaba sus rincones más ocultos, sus leyendas más espectaculares, sus historias más bellas, las que contaban relatos de amor o castigos horrendos. Y ésta también la conocía.

Perséfone estaba recogiendo flores en la pradera de Enna en Sicilia con unas ninfas, cuando observó la belleza delicada que desprendía un lirio. En el preciso instante en que la doncella lo cogió la tierra se abrió, apareció el temible Hades y llevóse, a la que sería su prometida, al mundo de los Infiernos. Scipione sabía muy bien lo que quería. Quería ese momento. Ese desgarrador instante en el que Hades toma por la fuerza a la bella mujer, que se resiste a descender a los Infiernos acompañada de su anfitrión. Sin embargo, algo lo estremecía. Esa obra no era real. No podía ser real. El cardenal sabía cómo continuaba la historia. En el instante en el que Perséfone era raptada, un grito desesperado salió de su garganta y arañó el aire. Deméter, su madre, lo ha escuchado. Es su hija. Su corazón se oprime por la angustia, que la recorre rápidamente. Su hija está en peligro. Acude pero no la ve. Perséfone ha desaparecido. Deméter, diosa de la tierra cultivada, del trigo, comenzará así una larga búsqueda que había de obligarla a recorrer todo el mundo con una antorcha encendida en cada mano. Al llegar a Hermíone, en Argólide, sus habitantes le descubrieron al culpable. Indignada y afligida, la diosa resolvió no volver al Cielo y quedarse en la Tierra hasta que le devolviesen a su hija. Su voluntario destierro volvía la tierra estéril, por lo que tuvo que intervenir Zeus, que ordenó a Hades que restituyese a Perséfone... pero ya era tarde. Si quebrantabas el ayuno durante tu estancia en los Infiernos, no podías volver. La joven había tomado un grano de granada. Estaría encadenada para siempre al reino del Hades. Para solucionar el problema, Zeus dispuso que distribuyese el tiempo entre el mundo subterráneo y el terrestre.
Scipione siempre sabía cuando se reencontraban Deméter y su hija Perséfone. Sabía que ese momento llegaba cuando los primeros tallos surgían del suelo y las motas verdes se asomaban entre el gris del frío, cuando la primavera se hacía realidad y un manto de flores recibía a la hija de la tierra cultivada. Sin embargo, cuando el frío volvía y la tristeza del invierno se hacía patente, era Deméter la que lloraba la vuelta de su hija al reino de las sombras. Durante todo el tiempo que permanecen separadas madre e hija, la tierra se vuelve estéril.



Pero estaba seguro de algo. Esa obra no era real. No podía ser real. No podía ser piedra. Esa escultura no la había hecho la mano del hombre. Observó detenidamente cada detalle. Se negaba a comprender lo que estaba viendo, simplemente se dejó llevar. Se dejó atrapar por la esencia que desprendía aquella obra que lo dejaba sin aliento. Tenía que ser un castigo. Conocía los castigos griegos. La mitología los nombraba por doquier. Pero también conocía la capacidad del escultor, puesto que ya le había encargado obras anteriormente, y era un genio del cincel. Pero aquello era mármol y, sin embargo, se hundía. El gran rey de los Infiernos asía con fuerza a la joven, que intentaba desembarazarse de la fibra y nervio de su raptor, cuyas rudas manos se hundían en la pierna y la cintura, como si fuera carne dúctil y suave al tacto del gran coloso, que retiene contra su voluntad a la bella doncella. Pero no era carne... ¡era piedra!. Un súbito mareo le recorrió. No podía permanecer en pie, pero la fuerza de la obra lo llamaba, lo atraía.








Se acercó y contempló detenidamente cada detalle y rincón de la joya artística, que el joven escultor Gian Lorenzo Bernini había ejecutado magistralmente. El motivo del movimiento giratorio en espiral ascendente y descendente, que se solía llamar figura serpentinata, derivado del manierismo tardío e interpretado soberbia y espléndidamente por Bernini, caracterizaba también al anterior encargo. Scipione bordeó la obra. La vista desde el lado izquierdo, representaba la captura al vuelo con paso potente y rápido; visto frontalmente el vencedor triunfa, detenido con el trofeo en brazos; desde la derecha se veían las lágrimas de Perséfone y sus oraciones al cielo, el viento parecía sacudir la cabellera, y el can de tres cabezas, el fiero Cancerbero, guardián infernal, que había pasado inadvertido para el cardenal, ladra. Destacaba la parte preferentemente frontal, aunque se podía contemplar desde cualquier posición. Se podía apreciar sin problemas la torsión helicoidal de los cuerpos, recordando la tradición manierista, pero no tenía nada que ver. Scipione lo sabía. Había un gran dinamismo, creando un contraste entre el cuerpo desprotegido y frágil de Perséfone y la fuerte anatomía de Hades, de extraordinaria viveza. Ese ímpetu que desprendían las figuras no era manierista: la mano de Perséfone, empujando por liberarse, pliega la piel del rostro de Hades, el cual hunde sus dedos en la carne de la víctima. Pero no era carne... ¡era piedra!. El cardenal palpó la escultura. Dura. Mármol. Y entonces su mirada la volvió a recorrer y se posó en ese detalle que tanto lo desconcertaba... otra vez... aquella mano...


De nuevo sintió una fuerte presión en el pecho, un escalofrío que recorría su cuerpo y gélidos sudores que humedecían sus ropas, ¿qué tenía aquella obra que tanto le atraía y desconcertaba a la vez?. No podía quedarse con ella... aunque en lo más profundo de su ser la deseaba.

Actualmente, esta gran joya del Barroco, llamado “El Rapto de Proserpina” por utilizar el nombre latino de Perséfone, se encuentra en la Galería Borghese, que fue propiedad del cardenal Scipiones Caffarelli Borghese, sobrino preferido del Papa Pablo V Borghese. El cardenal Scipione estaba dotado de una intuición infalible en materia artística y animado por una pasión que no reparaba en los métodos de adquisición de las obras de mayor valor. Suscitó mucha atención tanto el ímpetu y el desenfado con que se dedicó a coleccionar y encargar obras de Arte, como su inteligente mecenazgo de extraordinarios talentos, además de la creación de la extraordinaria Villa Borghese, donde actualmente se encuentra la Galería y donde confluyen las Tres Artes con la Naturaleza.

La obra fue realizada entre 1621 y 1622. El cardenal Scipione lo regaló en el mismo año de 1622 al cardenal Ludovisi, en cuya villa permaneció hasta 1908, cuando, adquirido por el Estado Italiano, volvió a la colección Borghese. Quien sabe... quizás Scipione sufría el Síndrome de Stendhal. De una manera u otra, la joya barroca, y aquella mano, volvió de nuevo con aquél que la deseaba profundamente...





Y vuesas mercedes, ¿qué opinan de todo esto?

18 comentarios:

el aguaó dijo...

Dispénsenme queridos lectores por la extensión de la entrada. La he creído conveniente.

Un abrazo a todos.

Er Tato dijo...

Magnífico relato. Impresionante escultura.

La última fotografía me ha dejado de piedra, nunca mejor dicho. Si no fuera porque sé de tu seriedad para estas cosas, pensaría que nos estás gastando una broma y te la has bajado de alguna página erótica.

Chapeau, querido aguaó.

carmela dijo...

para quitarse el sombrero!!!
y por lo de la extensión, ni te preocupes, porque a gente como yo, que estamos pez en esto del arte (la LOGSE tiene la culpa....a mí sólo me metían fórmulas...)nos viene de perlas. serías un guía de lujo jajaja

me ha encantado y lo de la escultura, es impresionante

:O

Dama de sevillano nombre dijo...

Fantástico.
Un estupendo relato.
Y esa mano lo dice todo, al menos son modelos "reales".

Una duda: ¿Bernini es el mismo de la columnata del Vaticano?
Y gracias, sigue con tus "extensiones lectoras" muchas veces...

el aguaó dijo...

Efectívamente querida Dama. Gian Lorenzo Bernini es el autor de la columnata de San Pedro del Vaticano, la cual está dispuesta como si fueran dos grandes brazos que acogen a la Cristiandad.

Gracias por vuestras palabras queridos amigos.

Un abrazo a todos.

Glauca Maria dijo...

Viendo esta obra alguien comento: "Cuando tengo que contar… " y luego pensó : "Pero cuanto tengo que callar…"
Un beso.

finidiblanco dijo...

Me impactó ver todo lo que hay allí y que antes solo veía en los libros de historia del Instituto.
¿Tampoco está mal lo que hizo con el Baldaquino de San Pedro, no?

capitan planeta dijo...

te dispenso aguaó, pero haber si nos acostumbramos a escribir articulos mas cortitos hijo mio....
Puedo afirmar y afirmo, que el Sr aguaó es un gran guía turistico, os lo recomiendo a todos; y de la obra que voy a decir,pues que me encanta desde hace años.

pd:hago una peticion al Sr aguaó,para que escriba un articulo sobre el pintor Jan Van Eyck, que me fascina,ahí si puedes extenderte todo lo que quieras.
Sin mas,un saludo a todos.
LA TIERRA NO ES UN CENICERO DONDE PUEDAS APAGAR TU INCONSCIENCIA.

el aguaó dijo...

Lo del Baldaquino es un conjunto de elementos que dejan la boca abierta. Llevas razón querido Finidiblanco, tampoco está mal.

Gracias por las recomendaciones querido Capitán Planeta. Tomo nota con el tema de Jan Van Eyck.

En una asignatura de la carrera, una profesora decidió probar nuestros conocimientos, así pues, nos realizó unas peguntas y cuestiones que teníamos que responder. Una de ellas era: "Define el Barroco con pocas palabras". La mayoría de nosotros utilizamos las típicas expresiones o adjetivos: retorcimiento, expresividad, diagonales, escorzos... pero un amigo mío simplemente puso tres palabras: "Gian Lorenzo Bernini". Y llevaba razón. Excluyendo la pintura, Arte que no practicó el prolífico artista, la arquitectura y escultura barroca se podría estudiar por Bernini.

Un abrazo a todos y gracias por vuestras palabras.

Dama de sevillano nombre dijo...

Una vez ves el Panteón, en Roma, y te cuentan de dónde salió el bronce para el baldaquino, te entran las siete cosas...
Fue una auténtica masacre, y aún así, es impresionante.
Yo es que tengo una debilidad especial por él.

el aguaó dijo...

Créeme querida Dama, a lo largo de la Historia del Arte se han hecho muchas masacres de ese tipo.

Un abrazo.

finidiblanco dijo...

Nada más te tienes que ir a Santiponce dama, no más lejos

el aguaó dijo...

El amigo Finidiblanco ha dado en la tecla.

capitan planeta dijo...

oye oye, contad de donde sacaron el bronce del baldaquino y lo de santiponce,que creo que sé lo que es,pero por si las moscas contadlo.
No dejeis con la intriga a la gente.

el aguaó dijo...

"Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini" - "Lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini".

El Baldaquino de San Pedro de Roma, querido Capitán Planeta, fue un encargo de Urbano VIII, llamado Maffeo Barberini. Uno de los principales problemas que tuvo Bernini para la ejecución de la obra, fue el material: bronce. Ante la escasez de dicho material, el Papa autorizó el expolio de todo el bronce del Panteón para que fuera utilizado en la gran obra del genio barroco. Ante esta situación, el pueblo romano dijo la frase que encabeza mi comentario. Otras fuentes se la atribuyen al médico papal, un tal Mancini.

Lo de Itálica es más de lo mismo. Solo un apunte de curiosidad: la carretera antigua que va hacia Mérida, la 'Ruta de la Plata', está hecha con buena parte del Anfiteatro Italicense.
Itálica es uno de los mayores ejemplos de expolio de la Historia del Arte.

Un abrazo a todos.

Glauca Maria dijo...

Acabo de ver tu mensaje . En casa estamos mas de 20 personas , todos llorando.
"Viva er beti"

one-chanx dijo...

es fantastica esta obra, estoy haciendo un trabajo de el barroco, i en el ambito de escultura i berlini, e escogido esta, su información me ha servido de mucho gracias^^
estoy de acuerdo con algunos, serias un buen profesor XDDD



vengaa



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Anónimo dijo...

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