...me senté en mi vieja silla de madera y vertí en mi jarra el agua fresca que manaba de Sevilla...
jueves, 28 de febrero de 2008
Más vale tarde...
martes, 26 de febrero de 2008
El debate de Cabezota
Cuando lo he leído, he pensado trasladar su comentario a una entrada y proponer dicho debate. Así pues, vuesas mercedes, ¿qué opinan?
Y ya de camino, puestos a debatir, como estamos en campaña electoral, lanzaré algunas preguntas más: ¿qué os parece la decisión de cambiar el palio de la Virgen de la Cabeza de la Hermandad de las Siete Palabras?, ¿y el horario y recorrido de la Hermandad del Polígono de San Pablo?
sábado, 23 de febrero de 2008
Las cosas del fútbol
lunes, 18 de febrero de 2008
Papeleta
Los gorriones se arremolinaban en las ventanas de la casa hermandad. El aire soplaba con fuerza y se convertía en viento. Pasaban las cinco y media cuando llegué a la puerta. Ocho personas esperaban a que dieran las seis de la tarde.
- Vete temprano – me había dicho – si sales a las cinco vas bien.
- ¿A las cinco? Pero si eso no empieza hasta las ocho y media...
- Tú hazme caso, que cuando llegues ya habrá gente.
Y allí estaba. Dándole la razón. Miré al cielo. Un día tonto tenía como característica engañar al sol. No terminaba de acariciar con sus rayos la tierra cuando las nubes volvían a eclipsarlo. Los menudos naranjos que enmarcaban la puerta sufrían los envites del aire.
- ¿El último? – Un chaval levantó la mano como si estuviera en clase y demostrara su presencia ante la lista del profesor. Me sitúe a su lado y me dispuse a esperar. Entonces me acordé.
Sevilla tenía esas cosas. Ayer día de sol. Calor incluso, ante la presencia del astro rey que impone sus leyes en esta ciudad como ninguno. Las cuatro de la tarde se convierten en un colchón agradable donde la tibieza del ambiente hace presagiar una primavera temprana. La Cuaresma hace el resto para que nos lo creamos. Sin embargo, después de ese buen día, amanece otro. Y allí estaba. Abrigado con mi chaqueta de pana marrón, abrochada hasta la barbilla, mientras padecía las mecidas del aire. “Aquí hacen el frío y lo mandan pa’ toa Europa”, la frase era de mi amigo Jose, y se me vino a la mente justo cuando un nuevo soplo me hizo cerrar los ojos. Era frío, pero tampoco insoportable. La exageración era un rasgo familiar. “Estamos hechos para el calor” pensé mientras encogía mi cabeza entre los hombros en un acto reflejo.
El sol se desvanecía entre la espesura de las nubes y el paso del reloj. Dieron las seis y las pequeñas puertas se abrieron. Ya no había gorriones presenciando el pequeño grupo de personas que nos agolpábamos allí. Tan sólo quedaba Ella y su mirada de dolor, flanqueada por dos faroles.
- Sí, sí. Se paga aquí el año, y luego arriba la papeleta de sitio. Y ya está.
- Gracias.
Para el zagal de mi amiga Reyes...
domingo, 17 de febrero de 2008
18F-88: Veinte años y el tiempo me engaña
El Rubio (Clint Eastwood) y Tuco (Eli Wallace), llegan a un monasterio donde el primero debe recuperarse de una insolación. En dicho monasterio llega el hermano de Tuco, Pablo, cuando se marchaban y decide verlo. El hermano lo recibe en la capilla de mala manera y le echa en cara su ausencia durante el fallecimiento de sus padres y su actitud de pecador de cara a la vida que lleva. Se enzarzan en una discusión y Pablo abofetea a su hermano, devolviéndole éste un gran puñetazo y tirándolo al suelo. Tuco abandona la capilla tras esta trifulca, mientras su hermano se duele. La escena es contemplada por El Rubio, sin que Tuco y su hermano lo sepan.
En el siguiente plano, El Rubio y Tuco se alejan progresivamente del monasterio en un carro, y es cuando se produce la siguiente conversación:
Tuco: ¡Ay! Qué comilona. Es un tío grande mi hermano... Sí, porque no te lo había dicho. El jefe de aquí es mi hermano. En Roma manda el Papa... y aquí mi hermano. Cada vez que me ve me dice “quédate aquí unos días, aquí la comida no falta”. Y ¿sabes lo que me acaba de decir? “Invita también a tu amigo”. ¡Je! Siempre es el mismo. Cuando me ve nunca me quiere dejar marchar. Nunca. ¡Ay! Me quiere con locura mi hermano. Sí, es una tranquilidad para un hombre como yo saber que, llueva o truene en alguna parte hay un plato de sopa caliente que te espera.
El Rubio: Sí, claro. Bueno, toma, fuma. Te ayudará a hacer la digestión.
Veinte años y utilizas la manida frase coloquial que te retrotrae al momento de su llegada. “Parece que fue ayer”. Yo al menos lo recuerdo a la perfección. “Ya tienes una hermanita”. Mi abuela me trajo a mi casa. Mediodía. Mi padre dormía. Le había tocado turno de noche, y cuando llegó por la mañana a mi casa, mi madre se puso de parto. En ese momento, yo ya estaba en el colegio, ajeno a que mi vida cambiaría por completo apenas unas horas después.
Cuando llegué a mi casa me sentí desolado. Servidor, que adolecía de madrero, no podía creer que mi madre hubiera desaparecido de mi casa. Que se hubiera ido sin avisar. Toda la culpa la tenía mi hermana. Apenas había llegado, y ya estaba quitándome a mi madre. Dos días esperé. Entré en el cuarto y allí estaban las dos. Mi madre y mi hermana. Veinte años hace de aquello y el tiempo me juega malas pasadas. Me engaña corriendo más de la cuenta a mis espaldas. Veinte años y apenas hace nada que compartíamos juegos. Veinte años y era ayer cuando nos arremolinábamos de nervios la noche del 5 de enero en una misma cama, esperando que el alba rompiera y pudiéramos abrir los regalos. Veinte años y muchas travesuras compartidas. Ahora creo, cuando lo pienso y recuerdo, que el tiempo me engaña. Que el reloj corre cuando no lo miro. Que no hace veinte y hace menos. Que mi hermana ya no es pequeña. Que ya es una mujer.
Los dos hermanos - Pablo Picasso, 1906
El dos delante del cero. Jamás me imaginaba que aquella pequeña personita que me robó a mi madre dos días, significaría tanto para mí. Mi hermana pequeña. La que jugó conmigo. La que me da mil vueltas. La que me pinchaba debajo de la mesa. La que llega antes que yo. La nazarena de San Benito. La zalamera. La que salta en la mano. La bética. La de las peleas tontas. La cariñosa. La del carácter fuerte. La del corazón grande. La de las manos limpias...
Veinte años. Ya es una mujer, pero no me quiero dar cuenta. Porque para mí, siempre será mi hermana pequeña. La que me deja sin palabras. La que puedo contar con ella. La que me encandila. La que me puede. La que quiero con locura. Felicidades.
Para mi hermana...
viernes, 15 de febrero de 2008
El peor día de su vida
¿Quién no ha sufrido en alguna ocasión los mareos del servicio técnico?
Enjuto Mojamuto - Muchachada Nui
¿No os ha pasado lo mismo alguna vez?
miércoles, 13 de febrero de 2008
El hotel de las almas perdidas
Había llegado apenas hace unos minutos. Cansada. Agotada por el paso de los días. Tal vez por el paso de la vida. Se quitó el sombrero, dejó su equipaje junto a la cama, se despojó de su vestido y se descalzó. El contacto de la tibia moqueta en sus pies la reconfortó. La cama perfectamente hecha esperaba a su inquilina. Semidesnuda, advirtió que algo yacía sobre la almohada. Un sobre. Una carta. Un pellizco en el estómago. Llegada eclipsada por el desconcierto. La cogió y la observó. Miedo. De lo que podía encontrar en su interior. De lo que presentía encontrar en su interior. Angustia de aquello que se escucha llegar pero no se ve. De aquello que se intuye. Un abrazo de desazón. Un sorbo al destino escrito.
Edward Hopper - Hotel Room (Habitación de Hotel)
sábado, 9 de febrero de 2008
De potencias y espinas
¿Qué son las potencias? Básicamente es un conjunto de tres rayos de luz que se ponen en la cabeza de las imágenes del Señor. Labradas por lo común en nobles y ricos metales, representan a la Divinidad, siendo en la antigüedad un nimbo centrado en una cruz de brazos iguales.


Un claro ejemplo de esta dualidad es el Santísimo Cristo de la Expiración, popularmente conocido como el Cachorro, que ha salido en diversas ocasiones alternando un rostro libre de potencias y corona de espinas o completado con ellas.


Hay otras imágenes que no pueden desprenderse de la corona de espinas, ya que está tallada en la cabeza, como es el caso de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder o el Santísimo Cristo del Amor, y otras carecen de ambas a pesar de estar ejecutadas por el mismo autor, como el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes, aunque el encargo y las condiciones del que pagaba tenían mucho que ver en este aspecto.


Y a vuesas mercedes... ¿qué les parece?, ¿cómo os gusta más una Imagen?, ¿con o sin potencias?, ¿con corona de espinas o sin ella?, ¿sólo con potencias?, ¿sólo con corona de espinas?, ¿con ambos elementos?...primer sábado de Cuaresma. Ya queda menos. Calmen su sed hasta que llegue el gran día...
Imágenes, por supuesto, gracias al amigo Roberto Villarrica