sábado, 8 de diciembre de 2007

La Cieguecita

Apoyado en la reja se dejaba llevar. Don Francisco había terminado su parte y la capilla olía a pintura. Al fin estaba concluida. La contemplaba sorprendido por su belleza. A veces dudaba. Había tardado dos años en realizar todo el conjunto pero Ella... Ella era preciosa. Dudaba si había sido realmente obra suya o si Dios había intervenido para crearla a través de sus manos. Ya había escuchado comentarios de personas que habían tenido la oportunidad de verla... “para la belleza de esta efigie parece le ayudó con la suya la que es dueña de la gracia”, solían decir, o “es tan bella, que con la modestia y gravedad, devoción y hermosura, vivifica las almas de quien la mira”.

Recordaba todo lo ocurrido en Sevilla en aquellos días. El culto y la devoción a la Inmaculada eran muy intensos y sentidos por el pueblo. Desde principios del siglo se formaron numerosas asociaciones religiosas que rendían culto a la Concepción Purísima de la Virgen y, por ello, en 1604, el Arzobispo de Sevilla instituyó el 8 de Diciembre como día de precepto en honor a la Inmaculada, consagrándose así su devoción de forma profunda en el sentir local, devoción que aumentó considerablemente con el paso de los años. Pero sabía que el detonante había surgido el 8 de septiembre de 1613, cuando un fraile dominico defendió en su sermón que María “había sido concebida como ustedes y como yo y como Martín Lutero”. La postura del predicador dominico y de sus hermanos de religión, que se negaban a comenzar los sermones con la invocación que ya empezaba a generalizarse, “Bendita sea la Inmaculada Concepción...”, indignó a la ciudad y el pueblo sacó unas coplas contra el predicador dominico que recordaba bien.

Aunque le pese a Molina
Y a los frailes de Regina,
Al prior y al provincial,
Y al padre de los anteojos,
Sacados tenga los ojos,
María fue concebida,
Sin Pecado Original.




Pero la lucha fue más allá y no sólo se quedó en una chanza. Mateo Vázquez de Leca, canónigo y arcediano de Carmona, al que conocía bien tras su encargo del Cristo de la Clemencia, y Bernardo del Toro, se trasladaron a la corte, que se hallaba en Valladolid, para convencer a Felipe III que tomara parte en el asunto. El rey puso de su parte todo lo posible para que se proclamara el dogma y favoreció y apoyó el viaje a Roma de los dos comisionados sevillanos. El dogma no se definió, aunque se concedió plena libertad para seguir la opinión pía. Esto fue suficiente para que al recibirse en Sevilla, en octubre de 1617, la bula papal, se desbordara el entusiasmo, con repique, luminarias, novenas y celebraciones religiosas, certámenes literarios, corridas de toros y otros festejos. Desde entonces la imagen de La Inmaculada se había convertido en una bandera que enarbolar.

Se acordaba del momento en que contrató la obra. Hacía tan solo tres años, en 1628. Los patronos de la capilla, doña Jerónima Zamudio y don Francisco Gutiérrez de Molina, habían conocido las dos obras anteriores, dos bellas Inmaculadas que había tallado. Una de ellas para la parroquia del Pedroso, en 1606, y otra en 1625 para el Convento de Santa Clara. Don Francisco y doña Jerónima querían una Inmaculada para su capilla que tuviera similares características y que se ajustara a las opiniones que luego dejará don Francisco Pacheco por escrito, cuyo punto de partida se halla en la versión narrada por Juan en el Apocalipsis. Pero había conseguido superarse a sí mismo. La policromía corría a cargo de don Francisco Pacheco y don Baltasar Quintero, que fueron contratados el mismo año. Había trabajado otras veces con Pacheco, lo conocía y eran buenos amigos. También conocía a su yerno, un pintor envidiable que se acababa de marchar a la Corte, donde se había convertido en pintor del rey Felipe IV. El joven don Diego, con el que también mantenía buenas relaciones.


Recordaba paso a paso como había ido creando aquella maravilla que ahora bajaba la mirada, sin poder mirarle a los ojos. La contemplaba apoyado sobre su hombro, que comenzaba a entumecerse, y sentía el frío de la reja atravesar el jubón. Aunque al mirar a su rostro un escalofrío le recorría el cuerpo. Tal vez fuera aquella Catedral de techos altos y oscuridad eterna. Se irguió y dio unos pasos atrás hasta encuadrar su talla. Era magnífica. Grave, solemne, delicadísima de facciones, mostrando un intenso recogimiento interior, de actitud recatada, patente en la mirada y en la elegante disposición de las manos, que apenas se rozan en la punta de los dedos. Había resuelto de manera extraordinaria el equilibrio, gracias al giro de cabeza hacia la derecha y las manos hacia la izquierda, que además, indicaban movimiento. Recordó cómo había realizado todo el proceso. La iba desbastando y estaba abultada para irla perfeccionando. Poco a poco. Casi mimándola. Acariciándola con la gubia. Empezaba a pensar que Dios había tenido algo que ver en tanta perfección. Tenía especial apego a un ideal de belleza lleno de equilibrio que se traduce en actitudes serenas, pero provistas de una gran fuerza interior que las hace verosímiles. Aunque en esta ocasión era una obra más humana, que se acerca al pueblo, que se relaciona con el pueblo, la Virgen María fue humana, de carne y hueso, y era eso lo que quería representar. Y lo había conseguido. Tan solo le faltaba hablar. Bajando su mirada recatadamente, como era costumbre en las jóvenes de la época, que no debían mirar fijamente a los caballeros. Sonrió. Era una joven bellísima.

Sintió una mano en el hombro y se giró sobresaltado. Era don Francisco Pacheco. Le sonreía. Estaba tan embobado con su creación que no le había escuchado llegar.
- Es magnífica amigo. Posee una iconografía perfectamente estudiada. Hay en esta escultura un perfecto equilibrio entre el mensaje a representar y la materia que lo exhibe. Nada falta y nada sobra. Representada con 15 años de edad, aparece sobre escabel de nubes con tres ángeles querubines, símbolo de la Trinidad, y la luna en cuarto. Las doce estrellas que coronan su cabeza es emblema de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: las doce tribus de Israel y los doce Apóstoles. La policromía escogida es el blanco y azul. El blanco simboliza la pureza, pura y sin mancha, y el azul, el universo como manto.

La voz de don Francisco sonaba achacosa, tal vez por la inhalación continua de los malos humos de pinturas y barnices, o tal vez por el peso de sus 67 años. El viejo pintor le sonrió.
- ¿Vamos o prefiere vuesa merced quedarse a contemplar su obra?
- Ahora voy don Francisco. Adelántese vos.


Se acercó hasta el borde de la capilla. La reja estaba abierta. Entró hasta situarse bajo la mirada esquiva de aquella Madre de Dios que había creado con sus manos. “Para la belleza de esta efigie parece le ayudó con la suya la que es dueña de la gracia”. El silencio le envolvía ruidosamente. Entonces bajó la mirada y se contempló sus manos... ¿le habría ayudado Dios? Se alejó de su Inmaculada lentamente, sin mirar atrás, mientras el eco titubeante de las velas de la capilla alumbraba el suelo terroso. No sabía don Juan Martínez Montañés, que con el paso del tiempo, la Historia y el Arte acordarían en llamarlo el 'Dios de la Madera', y a su Inmaculada La Cieguecita...

14 comentarios:

Cabezota sin remedio, corazón enorme dijo...

Eres el p. amo. No sólo lo cuentas, lo vives. Lo que nunca nos has dicho es si eres profesor, porque si no es así, un buen elemento se está perdiendo la enseñanza en Andalucía.

MaeseRancio dijo...

Gracias por otro magnífico trago.

Dama de sevillano nombre dijo...

Magnífico.
Estoy con Maese, gracias por el trago.
Tu manera de ver las cosas, de contarlas, es una delicia, vives el arte con pasión.
Eso es una suerte, amigo.

Lacava dijo...

Tienes un cántaro lleno de agua bendita que brota de lo más hondo de la tierra de María Santísima.
Magnífico.

bogar dijo...

Gracias por saciarnos la sed de los que siempre estamos dispuesos a aprender.Sombrerazo en mi caso gorrazo.Saludos

El callejón de los negros dijo...

Mi sed ha sido saciada,
aprendido y encauzado
con la gozosa lectura
mi saber inmaculista
el día se ha terminado.

Saludos

Antonio

Rascaviejas dijo...

Huy, la enseñanza está... falta de muchas lecciones de este tipo. Saludos.

Glauca Maria dijo...

Sabes enseñar el arte embelleciendola aun mas con tus palabras.

Esta imagen es muy especial. Mi abuela iba todos los dias a visitar, para ella,era una vecina mas. Además decía que era igual que una Dolorosa a la que visitaba de vez en cuando...

Híspalis dijo...

Amigo Aguaó, como bien dice Cabezota: eres el p. amo. y perdón por la palabrota. Consigues que vivamos a fondo lo que nos cuentas... si no eres profesor no sabes lo que Sevilla se pierde... eres el número 1. Tus tragos de agua resucitan... Felicidades y gracias por tus clases maestras.

gazpacho con arepa dijo...

Aguaó, entre colegas: PEDAZO DE ENTRADA!!!!
Enhorabuena, de verdad.

ANDRÉS dijo...

Me parece que fue ayer cuando andaba buscando a la pequeña cieguecita por la catedral de Sevilla...cuando en una excursión de colegio nos dijo el profesor que allí se encontraba la hermosa Virgen de Montañés, en una parte del coro.

Qué recuerdos!

Un saludo y Gracias por recordarmélos al ver estas imágenes.

capitan planeta dijo...

Gracias aguaó,yo ya conocía algo de la cieguecita por tí,siempre es un placer aprender contigo.
un saludo.

nefer dijo...

Amiguísimo Aguaó:

Entre nosotros hay joyas que por ser como de la familia no siempre las valoramos lo que se debiera.

1BESO.

el aguaó dijo...

Muchísimas gracias por tus palabras amigo Cabezota. Has acertado plenamente: vivo con pasión la Historia del Arte. Cuando terminé la carrera me quedé con ganas de más... por eso no dejo de estudiar. Aún no soy profesor, aunque espero serlo algún día.

Gracias a ti por elegir mi agua para beber amigo Maese.

Muchas gracias querida Dama. También tengo la suerte de tener unos amigos fieles como vosotros.

Tu comentario sí que es magnífico querido Lacava.

Gracias a ti por no faltar amigo Bogar.

Que gran detalle amigo Antonio. Gracias.

De momento tiene un tesoro contigo amigo Rascaviejas.

Gracias querida Glauca. Me alegro que te traiga buenos recuerdos.

Tus palabras son un honor para mi querido amigo. Gracias a vuestras visitas mi motivación se refuerza cada día querido Híspalis.

Gracias Gazpacho con arepa, espero que mi entrada te haya transportado por un momento ante la coqueta capilla de la Cieguecita.

Gracias a ti querido Andrés. Descubrir esta escultura es un auténtico regalo para los sentidos.

Y un placer contar con tus comentarios amigo Capitán.

¡Cuanta razón llevan tus palabras querido Nefer!

Un fuerte abrazo a todos. Espero solucionar mi problema lo antes posible.