lunes, 2 de marzo de 2009

Mañana de vísperas

A veces, cuando las heridas de la vida rasgan con fuerza el alma y las cuchilladas de las Parcas hacen sangrar las entrañas, me gusta perderme por las calles de mi Sevilla. Pasear sin rumbo fijo y dejarme llevar por la inercia de sus adoquines vencidos y la luz de sus rincones. Me gusta hacerlo un domingo, tal vez porque es cuando más cerca se puede sentir y cuando mejor te puede abrazar. Cuando la intimidad de la ciudad se convierte en un abrazo cariñoso que palpa con mimo aquellas pústulas abiertas del corazón. Sólo entonces puedes escuchar de verdad lo que dice. Y cómo lo dice. Es entonces cuando tus pasos resuenan en paredes de soledad y el eco de tu presencia se convierte en el único compañero de viaje. Y está fresca la herida y el dolor es más fuerte que todo lo físico que te pueda apabullar, pues no hay mayor dolor que el que se siente por dentro y no por fuera. Y fue sin querer y sin pretenderlo, que mis pasos caminaban y mi cuerpo se dejaba llevar, cuando me crucé con un tiempo de vísperas. El incienso bullía y Sevilla se convertía en pabilo dubitativo que prende ante la presencia de un calendario de cuarenta días. Esa cuarentena sevillana que convierte la razón en un febril estado de coma impulsivo. Un aletargo inconsciente que te eleva a la espera más dulce que se pueda imaginar. Puede que buscara a Sevilla para calmar mi alma destrozada y la memoria me jugara una mala pasada. Puede que la razón se paralice ante la pasión y el impulso del corazón abotague la mente. La locura es un estado creado por la sinrazón, aunque tal vez no esté loco, sencillamente agotado. Puede que me guste divagar ante la presencia inmediata de un halo de volutas de incienso y el sonido destemplado de un tambor de Tejera. Buscaba a Sevilla para que me consolara y me encontré con las imágenes que mi memoria me quiso dar. Cuando no se ve, tan sólo quedan los recuerdos para mirar.


En la Gavidia fue donde me di cuenta. Varias lecciones para el primer domingo de Cuaresma. El programa de Los Cuarenta Días se despereza antes de que la ciudad desayune. Cruza una parihuela hacia Baños. Amarillo Albero para colorear una estampa de cielo encapotado. Cemento en la espalda para simular la carga sacra que llevaran cuando la Semana más Sagrada de Sevilla se haga realidad. San Cristóbal fue el primer costalero, que llevó el peso del Mundo sobre sus hombros cuando la corriente del río más fuerte arreciaba. Primera lección. No pesa más aquello que aparenta mayor envergadura, sino lo que posee más importancia. Cuando una herida sangra hay que dejarla que se limpie un tiempo. ¡Maldito sea el reloj de arena, que infla sus granos cuando el sufrimiento azota y los divide cuando el gozo acude!. Filosofía de la vida, que no siempre el tiempo corre. Y de alusiones efímeras y brevedad acabé en San Jorge, para contemplar La Piedad del Baratillo ante el Entierro de Cristo y entre los dos pilares de las vanitas barrocas: In Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi. Cuaresma en estado puro. Corren los días de vigilia de la Pasión y cuando nos demos cuenta sonará una corneta en El Porvenir. Es una mañana de recuerdos y de memoria. Escucho la voz de Antonio García Barbeito y cómo nos dice que nos quedemos aquí, con las vísperas. “Que hay más grande que una espera, cuando se sabe que esa espera desembocará en la dicha plena… nada”. Segunda lección. No toda espera es castigo. Si el tiempo que se aguarda premia al final con el rompimiento de Gloria de un capullo florecido a la luz tibia de la primavera, merece la pena. Cuando el azahar es perfume y el incienso estoque de los sentidos. ¡Ay la espera!. No falta más aire en los pulmones del que espera, que justo antes de la ansiada llegada. Del deseado encuentro. Del efímero roce de la Pasión.



No hay cielo de primavera y el sol no encuentra el resquicio entre las nubes. No hay oscuridad pero tampoco hay luz. No hay día ni hay noche. Hay penumbra grisácea. Un telón uniforme que cae pesadamente impidiendo ver con claridad el escenario del presente. El lugar exacto de los actores de esta tragicomedia que representa nuestra vida. No hay más miedo que el que se siente cuando ya no puedes ver nada con los ojos abiertos. Cuando lo desconocido te atrapa y no sabes dónde estás. Cuando te pierdes. Tercera lección. No siempre el pasado está a nuestra espalda, pues a veces nos alcanza para recordarnos que fue real. Me di cuenta al contemplar al Señor de la Salud de La Carretería en la Parroquia del Sagrario. A Su Espalda, ya ha sido Descendido de la Cruz, pero sigue Crucificado. Anacronismos de vísperas, de Semana Santa y de Sevilla, que no hay ciudad más acostumbrada a soldados barrocos en caballos de metal que la dueña de la Giralda. Calles de recuerdos y memoria certera que nos ayuda a crear imágenes perdidas. Cuando no se tienen ventanas por las que asomarse, es la memoria la única que te puede ayudar a ver. Y fue así cómo llegué al Salvador. Cuando entras en un lugar después de mucho tiempo, recuerdas la última vez que estuviste en él. Recuerdas quién te acompañaba. Y como si fuera un diario abierto por las páginas de lo acontecido, relees tu propia vida escrita con palabras sacadas de los sentimientos más profundos. El Cristo del Amor descansaba en el suelo. Altura mortal para el más Inmortal. En ocasiones te encuentras con el Amor de forma casual. Entre la piedra robusta e inmóvil de tu rutina y las rosas rojas de la pasión de una ilusión siempre latente. Cuarta lección. Se puede morir por Amor, y quien lo dude que vaya al Salvador. Porque amores que matan, nunca mueren... por eso el Hijo de Dios ya sabe lo que ocurrirá cuando entre en la Jerusalén de Sevilla, como cada año, y Su Madre del Socorro llorará por Él. Y cada año es así. Y ahora son vísperas y lo sabemos. Y Él lo sabe. Entrará en la Plaza por la tarde y morirá con el frío de la madrugada. Por Amor.



Como la espuma de las olas que flota a la merced de la marea, me dejé llevar por la apatía de mis pasos. Escrito en una pared, una frase invitaba ser leída por todo aquél que la viera: “Porque por mucha gente que te falle, yo siempre estaré aquí”. Sin firma y sin nombre. Una leyenda como pie de foto a la realidad de una persona. Una frase que arranca una sonrisa y muestra un sentimiento expuesto en una vitrina invisible. A veces ordenamos nuestras emociones y las convertimos en palabras. Garabateamos aquellos sentimientos que nos traspasan la piel en forma de letras. Y sin embargo, en algunas ocasiones, la vida se nos va con lo que escribimos. Y pensando en las palabras que decoraban el eco de mis pasos, entré en la Anunciación. Las figuras anacrónicas de Joaquín Bilbao me dieron la bienvenida, mofándose de una figura invisible. Incienso y humo. No siempre son las mismas cosas, aunque puedan parecerlo. A veces hay características similares que describen dos detalles parecidos, casi iguales, pero diferentes al fin y al cabo. Incienso y humo. Bosque de cirios para elevar la figura del Nazareno que alarga su diestra. Quinta lección. Siempre hay una mano que estará ahí. Era como si las palabras que había leído en la calle se materializaran en una imagen. Era como si Aquella Mano estuviera escrita en la solitaria pared que me acompañaba esa mañana. Y detrás, a la espalda del Nazareno del Valle, se podía contemplar parte del cuadro de don Juan de Roelas. El gran pintor que transformó la vida de los sevillanos de su época. La gran figura que se convirtió en genialidad cuando el tiempo supo darle el sitio tan especial que merecía. Salí de la antigua Casa de Jesuitas y caminé hacia San Lorenzo. Ya sabía dónde quería ir. Fuera, el sol había burlado el muro infranqueable de nubes y dio un guiño de luz ante mis ojos. Apenas un atisbo titilante que quedó en una nueva pincelada gris extendida en todo el firmamento. Nunca la Esperanza se había materializado de forma tan sutil.



Ya lo he dicho… a veces, cuando las heridas de la vida rasgan con fuerza el alma y las cuchilladas de las Parcas hacen sangrar las entrañas, me gusta perderme por las calles de mi Sevilla. Y por la Plaza de San Lorenzo. Allí encontré el consuelo. Sexta lección. Las Manos del Señor de Sevilla mueven el Mundo, pero las de Su Madre, las de María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, Acunan a Sus hijos. Y fue allí donde encontré consuelo, entre las manos de la Madre de Dios, entre su abrazo eterno. ¿Qué hay en tu Mirada, Madre del Traspaso, que hace que tiemble?. Besamanos de Ella. No cabe duda. Ahora estoy seguro. Estamos en vísperas y en la espera más dulce. La espera más corta e intensa. La de cuarenta días efímeros que expirarán de la misma forma que un pabilo encendido desaparece ante la brisa del amanecer. Son vísperas… y si hay algo que no nos va a gustar, es que son demasiado cortas.



Con sabor a incienso y olor a miel, busqué el primer ramillete de pura fragancia y la primera mota de blanco azahar. Aún nada. Pasé por San Lorenzo y me encontré con la Soledad. Las lágrimas marianas más antiguas de un paso. En silencio volví sobre mis pasos. De vuelta a casa. En silencio y enfundado en un antifaz invisible, volví a escuchar mis pasos en la soledad de Santa Clara. Silencio y Soledad. Casi parece un binomio indisoluble que se hará realidad un Sábado Santo, cuando expire este bello sueño y el final sea un roce sobre la puerta del regreso al año siguiente. Silencio y soledad. Un cuadro de Hopper viviente que se convertía en espejismo de una dura realidad. Entonces volví con mis recuerdos. Con aquellas imágenes rescatadas de mi cabeza que no quería olvidar. Y tal vez no podía. Quizás no puedo, porque lo único que no recuerdo, es cómo olvidar. Todo estaba mojado… y aún no había llovido. Mientras las vísperas se encienden en los cirios de la Pasión, como dijo don Rafael, 'la memoria escoge el camino más corto para herirme'.

18 comentarios:

La gata Roma dijo...

Yo hice algo parecido el sábado, que por ser el día de la patria chica, tenía sabor a Domingo… La cosa está en que yo entré en San Gregorio, así que la lección que saqué… imagínate, más aún con el contraste de la Hermandad del Museo allí….
Hace ya mas de un año, en una entrada de San Valentín referí el curioso icono que resulta ser el Cristo del Amor, mas auténtico que un corazón con flechas y cosas de esas…

Y es que lo ha dicho el Cardenal hoy, es tiempo de tener los ojos muy abiertos, porque son tantas las cosas que se nos muestran y nos guiñan…
Kisses

Edward dijo...

Gracias por hacerme vivir tan maravilloso paseo, ya que yo me lo perdí.

Tú lo has dicho, pasear por esta ciudad en determinadas horas, tiene un caracter terapéutico increible. Solo puedes sacar lecciones de ahí donde vengas.

Y este es un tiempo propicio para ello, cuantas conclusiones en un rato de paseo se pueden sacar, cuantas verdades.

Gracias por este regalo, querido Ramses

NATURAL DE SEVILLA dijo...

Nunca camina en soledad, quien hace que los demás se emocionen con cada uno de tus pasos. Me hubiera encantado acompañarte, en silencio, pero igual he disfrutado con tu lectura. La próxima vez quedo contigo en persona. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Andaba cansado, con la mente en otro mundo. Llegó a una calle que le pareció lo suficientemente vacía como para dejarse vencer, y se sentó en el escalón de entrada de un corral de vecinos.
Tenía barba rala, pero no con muchos claros, de pelo liso negro, con un porte de antiguo emperador romano, que peinándose hacia delante intentaba disimular las entradas de su frente. Junto a él, colocó su inseparable cántaro de agua fresca, coronado con un cubilete de cinc, a modo de pequeño vaso que mantenía el agua fresca una vez fuera de su envase, y una vez asegurado, colocó su puño cerrado en su mejilla, abandonándose a sus pensamientos, como si ya no le importara nada de este mundo.
Nada llegaba a sus oídos, excepto el fragor de los movimientos de un pequeño espadachín con espada de madera, que fintaba en el aire y remataba su coreografía con estocadas hacia un enemigo imaginario, que al final aunque solo en su mente, acababa cayendo abatido por su terrible “acero”.
Por fin, el pequeño, se puso recto, se ajustó un gorro de papel simulando un sombrero, y colocó la “espada” en un cordel a modo de cinto que sujetaban sus pantalones.
Aquel duelo le hizo sudar como si se hubiera estado jugando la vida, tenía las mejillas sonrosadas, y las gotas que cubrían su frente caían por sus patillas. Miró a su alrededor como si buscara algún otro que osara interponerse en su camino, pero no lo encontró. Pero al fijarse en la entrada de la vecindad, no pudo pasar por alto aquella figura que al modo de la de Rodin, seguía totalmente quieto ensimismado en sus pensamientos.
Colocó la palma de su minúscula mano en el final de su “espada como si se apoyara en el pomo, y con paso lento pero decidido se dirigió hasta el.
-¿Podría vuestra merced dadme un poco de agua?.
Aquellas palabras, que su subconsciente conocían tan bien, le devolvió al mundo terrenal, y le hizo levantar la cabeza, para ver a un mozalbete, a guisa de caballero venido a menos, que con sus ojillos, le miraba fijamente.
-Por supuesto “Señor”, aquí lo tiene.
Y escanciando el cántaro, llenó el vaso de cinc hasta el borde, y se lo ofreció a tan singular personaje.
El pequeño, llevó ávidamente el liquido hasta sus labios bebiéndose la mitad y parando para recobrar el resuello preguntó.
-¿Está vuestra merced enfermo?, le veo un poco triste.
Terminó diciendo para volver a llevarse el vaso a la boca.
- Mi buen amigo, mi mal, es algo que vuestra merced aún no llegaría a comprender, pero lo he perdido todo, ya no tengo nada.
El pequeño tomó hasta el último sorbo del elemento que apagaba su sed, y mirando fijamente el cubilete, le dijo:
- Creo que vuestra merced se equivoca, aún le queda su agua, que a todo aquel como yo, que necesite recobrar el aliento, cuando la sed te abrasa el alma, es lo más preciado que se puede tener. Gracias por el agua. ¿Le debo algo?.
Le miró como si de un ángel se tratara, y después de aquella lección de humildad y ánimo, casi con una voz que no se entendía dijo:
-No “Señor”, ya me ha pagado.
El pequeño después de hacer una pequeña reverencia, se perdió al fondo del portal en el que se había sentado.
El se puso en pié, se acomodó el cántaro en el cuadril, y con una sonrisa, partió calla abajo en dirección de la plaza.
Y uno que pasaba por allí, se dijo para sus adentros:
-Ya estás aquí Aguador , ya has vuelto, te echábamos de menos.
A Ramsés con todo el cariño. Animo te quiero.

El callejón de los negros dijo...

Has dado una clase magistral de paseo cuaresmal. Entiendo que al final de la jornada estuvieras en el estado en que uno se crece por haber rozado la verdad.

un abrazo
Antonio

Cofiliquili dijo...

Mua.

Lacava dijo...

Es difícil imaginar la inminente Gloria con este tiempo, pero si intuirla, esperarla y desearla como siempre. “Siempre que ha llovío ha escampío”, diría un recordado amigo de un servidor. Así que seguimos esperando esa bendita escampada, que nos vaya llenando la espera y los sentidos, en esos paseos cuaresmales que como a vos, gustan tanto a los enamorados de este bendito cahíz de tierra.

Un abrazo.

Zapateiro dijo...

Lo tuyo no fue un paseo cualquiera, tuviste tino al elegir un domingo por la mañana y hacer un recorrido extenso. Yo hasta ahora tengo que conformarme con escapadas puntuales más cortas, pero cargadas de símbolos e imágenes que ponen la piel de gallina.

No sé por qué momento estás pasando pero mucho ánimo aguaó.

Por cierto, preciosas lecciones las de hoy.

CRUEL Y JUSTICIERO dijo...

literatura pura y a flor de piel, que nó sensiblera. Su agua es única mejor que la de Lanjarón. Volveré

Du Guesclin dijo...

Pues no nos encontramos por poco, Ramsés.

Es mas, hicimos los dos la misma foto al Cristo del Amor, tan impresionante. Eso si, he de reconocer que estuve mas tiempo en el altar de Pasión... cosas de la madrugá que tan bien conoces....

Bendita locura la que inunda las calles de esta ciudad. Esperemos que lo de ayer sólo fuera un mal rato, una mancha dentro de ese inmenso lienzo que en poco mas de 30 días podremos disfrutar un año mas, y los que el cuerpo aguante!

Saludos.

el aguaó dijo...

San Gregorio tenía que ser un calendario cronológico de la Pasión. El momento de la Expiración ante un cuerpo Yacente de Sagrada Mortandad querida Gata. Me lo perdí el domingo tarde. En cuanto al Cristo del Amor... es Él la mejor señal de que mueve el Mundo.

A veces, las lecciones que nos da Sevilla, amigo Edward, son tan necesarias como las de la vida. Y precisamente es eso: las verdades que se sacan. Gracias a ti. Siempre a ti.

Cuando quieras amigo Antonio. Estar acompañado por un profesor en un paseo así, debe ser algo que palpa lo increíble.

Y tú lo sabes, porque siempre lo has sabido querido Anónimo, que yo también te quiero. ¿Qué son mis palabras sino la herencia directa del buen hacer de mi padre?. Te quiero papá. Gracias.

La Verdad tiene formas muy peculiares de representarse amigo Antonio. Y casi se puede palpar cuando crees que has tocado la Fe de aquello en lo que crees.

Otro para ti mi querida Cofiliquili.

Intuirla, esperarla y desearla. Si Gloriosa es la llegada, aún más intenso y placentero es sentirla llegar amigo Lacava. Estoy completamente de acuerdo contigo.

A veces, amiga Zapateiro, los paseos te eligen a ti. Y haces bien en valorar esas pequeñas escapadas, pues son las más intensas y las que luego recordarás. Esos detalles minúsculos que mueven nuestra vida. Gracias por tus ánimos amiga.

Me alegro que a vos le guste, querido Cruel y Justiciero. En ocasiones reflexiono en voz alta y las palabras se transcriben en un lienzo blanco con el que comparti con vuesas mercedes. Vuelve cuando quieras... pues esta es tu casa.

¡Ay Pasión amigo Du! La talla con la que Montañés creyó haber hecho al Señor de la expresión más dulce. También me perdí en su perfil tras la reja cerrada. Esperemos que el agua sólo esté presente cuando la Semana Santa sólo sea la Gloria que está por llegar.

Un fortísimo abrazo a todos y gracias por vuestros ánimos.

María_azahar dijo...

El Viernes Sevilla me despidiò en mis ultimas horas con sus mejores galas: un ensayo de costaleros encontrado por casualidad, un delicioso y prematuro? helado de Rayas, unas tapitas y con toda la magia y amor de nuestro Duende. Hoy aqui llueve otro dia màs en Pisa, no tengo ni tildes, ni mi querida letra que sigue a la n, ni a mi amor ni ese ambiente especial cuaresmal sevillano pero me reconforta saber que me recibirà pronto con su olor a Azahar, a torrija casera y con los mejores sones de su Semana Mayor que estoy segura serà la mejor de mi vida.

Bonito texto. Un saludo desde la Toscana y disfrutad por mi.

A presto!

Puerta 15 dijo...

Y deseas que estos dias no pasen nunca pero cuando nos damos cuenta, ya tenemos encima la Semana Santa. Llega el Domingo de Ramos y ya todo se precipita.

América dijo...

Por lo momentos paso para dejarte un saludo,de regreso en casa,poniendo en orden las cosas,desde aqui un saludo y mi agradecimiento por el buen rato pasado con ustedes....

Anónimo dijo...

Yo como el anónimo anterior, y capaz de conocer al niño de la espada de madera solo acierto a decirte, que también te quiero, bueno tú sabes que somos más los que te queremos. Animo. El correoso.

nefer dijo...

Cantaba un Gitano Macareno, amigo de mi abuelo, que me presentó mi padre y que desde entonces y para siempre será también mi amigo, que:

Con las lágrimas se va
la pena grande que se llora.
La pena grande es la pena
que no se puede llorar.

Sonrisa perpetua la que tenemos en ésta época de vísperas amigo, las lágrimas llegarán seguro en esa Semana Grande, porque, mal año aquel en el que eso no ocurre.

1BESO.

América dijo...

Me has llevado a paseo cuaresmal magistral,emotivo y muy real,a pesar de la distancia he podido imaginarmelo para mi ha sido un extraordinario regalo.

el aguaó dijo...

Querida Charo, espero que puedas venir en Semana Santa para reencontrarte con una ciudad abierta en flor de azahar y perfume de incienso.

Bienvenido a este humilde rincón Puerta 15. Deseas que pasen lentos estos días, para saborear la llegada, porque cuando el Viernes de Dolores termina, el principio del fin está más cerca.

Gracias, querida América, siempre a ti.

Lo sé querido Correoso, sé que hay mucha gente que, como vos, me quiere. Yo también te quiero.

Las lágrimas llegaran amigo Nefer, pues ya decía George Sand que "Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que a veces se llora de alegría".

Un fuerte abrazo a todos.