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martes, 2 de junio de 2009

A day in the life


Cuando la rutina desaparece convertida en trizas por una bofetada que te despierta, que te sumerge en altas dosis de realidad, el aire se vuelve denso y espeso. Casi inexistente. La atmosfera se contrae en un velo grueso que se ciñe a tu rostro sin dejarte respirar, apretando cada vez más, pero sin llegar a ahogarte completamente. Al principio deseas zafarte de esa barrera que te impide respirar, o al menos, que te retrasa la toma de oxígeno necesaria para mantenerse con vida. Te sientes como si practicaras submarinismo, pero sin tubo ni gafas. Una experiencia pueril, recuerdo de nuestra infancia, cargada de un riesgo inexistente. Tu cuerpo ya está mojado. La superficie te besa en el cuello. Sólo la cabeza se resiste, preparada en el exacto momento para retener el aire. El tiempo, aún en el exterior, no se ha sumergido. Aprietas la nariz fuertemente con el pulgar y el nudillo del dedo índice, abres la boca ampliamente y aspiras con fuerza, llenando tus pulmones con una extensa bocanada de aire fresco. Luego llenas tus carrillos sin soltarlo. Estás preparado para la inmersión. Y entonces desciendes hasta las sombras del corazón marino, donde la realidad es más densa, más lenta, más borrosa de contemplar, menos ruidosa, pero no por ello más tranquila. Todo se vuelve extremadamente espeso y pesado. El tiempo pasa más despacio, pero no se puede bucear eternamente con un pulgar y un dedo índice en la nariz. Tocas la arena con la punta de tus dedos, suave alfombra granulada que se deshace en delgados hilos de placentera caricia. La presión aumenta, pero no puedes subir a la superficie porque tienes que mantenerte cerca del suelo. La realidad, en ocasiones, está tan cerca de la tierra, que alejarse de ella sería evadirse de nuestra propia existencia. No sabes cuánto tiempo ha transcurrido, pero empiezas a pensar en el aire. El esfuerzo crece y no paras de bracear con dificultad para mantenerte sumergido, mientras tus pulmones adolecen de un oxígeno que no llega y comienza a desaparecer. Vuelves a tocar la arena y su roce te tranquiliza, pero la calma es finita. Tus ojos observan pasar la vida con parsimonia, pues todo parece fluir lentamente bajo el agua. No hay tiempo real, sólo insinuado, pero necesitas aire. Necesitas volver a la superficie. Evadirte de la realidad profunda. Ya no existe la rutina de un oxígeno al alcance de una respiración pausada y rítmica, solo bocanadas de aire fresco de vez en cuando. Subidas a la superficie para aislarte de esa sima subterránea, donde la penumbra reina en contra de la luz y siembra de desconcierto tu vida diaria. Es la nueva rutina. No puedes más. Los ojos te escuecen y no puedes llorar. No sabes reír y te cuesta trabajo mantenerte sin impulso. La presión en tu pecho crece y la vista se torna en manto oscuro salpicado de puntos brillantes. Exhalas un par de volutas de aire que se transforman en dos enormes burbujas. Aire que se libera convertido en dióxido de carbono. No puedes tragar. Sientes una punzada en la nuca que te atraviesa con un dolor indescriptible y la garganta se pliega sobre sí misma. Todo da vueltas y la angustia aumenta considerablemente. La ansiedad se apodera de tu conciencia, la poca que resiste, y te giras para mirar hacia arriba. Hacia la luz. La superficie. Necesitas subir para respirar y aislarte de esa realidad que tocas con tus manos y se desvanece en el agua, porque abajo no hay aire. Tu sien te martillea, la cabeza te da vueltas, y las piernas comienzan a fallar. Cuando crees que no vas a llegar, el sol baña tu rostro y el agua se escurre por tus mejillas. Has salido al exterior. Fuera de la realidad densa y espesa. ¿Estás soñando?, tal vez sólo se trate de una pesadilla, pero ahora da igual, sólo quieres respirar. Tomar aire. Llenar tus pulmones. Quieres sonreír, y reír, y respirar, y hablar, y chillar, y respirar de nuevo. Pronto habrá que sumergirse otra vez, porque ahora la rutina está en esa penumbra compacta y apelmazada, no lo puedes olvidar, así que es bueno respirar. Así era como se sentía él. Cogió aire y su vista se aclaró antes de volver a lo difuso. Incluso podía escuchar un sonido. Un piano… un toque orquestal. ¿Qué demonios….?, es música.


Entonces apareció en la superficie, y el sol calentaba su cuerpo. Y la arena era sólida y no flotaba en el agua. Sacudió su cabeza se incorporó y observó la costa dorada que se extendía ante su mirada. Excesivamente pequeña. No era una isla, más bien simulaba una roca flotante, a la deriva, como un iceberg sin hielo. Apenas cincuenta o sesenta metros cuadrados en círculo. Arena o piedra, le permitía descansar de su sempiterna inmersión subacuática, mientras aquel respiro de aire fresco le perdurara, o el sueño estallara en veinte mil punzadas de dolor submarino. Pero la música no dejaba de sonar. Un piano y una voz. Aquello no era la realidad, y él lo sabía. La superficie ya no era la rutina, sino algo especial y fuera de lo común. La anormalidad de una locura transitoria que sentaba realmente bien. Algo razonable dentro de una irracionalidad surrealista. Comenzó a rodear la pequeña lengua de arena, y los pasos se iban alargando, y la arena iba creciendo y la tierra se iba ampliando. Había más terreno conforme avanzaba. De un impulso casi innato, sus piernas, entumecidas hace unos segundos por el esfuerzo del buceo diario, empezaron a trotar, y pronto se vio corriendo. Corría con todas sus fuerzas. Abrió los brazos y sintió cómo una brisa tibia secaba su cuerpo empapado de realidad y el sol bañaba su rostro. Sintió ganas de gritar y gritó. Sintió ganas de chillar y chilló. No paró de correr. Cada vez más deprisa. La arena no se acababa y seguía extendiéndose sin descanso. Cuando una punzada cruzó su costado derecho y el corazón palpitaba con fuerza en su pecho, se dejó caer, totalmente agotado, pero sonriendo. Ahora era consciente de que aquel descanso, aquella toma de aire, era diferente de las demás, pues se extendía su periplo en la superficie. Miró al cielo. Un azul diferente. Azul intenso y casi mareante, en una perfección inmaculada, concebida con una tonalidad fija e infinita. No veía nada más, pero sí escuchaba. Música de nuevo. Se incorporó y ya no había arena a su alrededor. Tres mesas unidas preparadas para un festín nocturno. El sol ya dormía en el horizonte y todos le esperaban en la mesa para comenzar la cena en un lugar extraño, allende la ría de Bilbao, cerca del monte Sinaí, donde el carvajo no era un árbol de tronco grueso y grandes ramas tortuosas, sino un bar de veladores con flamenquines muy decentes y mechá muy insolente.


Tomó asiento y observó la compañía de la que gozaba, reunida en una estampa singular, y aunque surrealista, más considerada como temática Pop que del manifiesto de André Breton. Se acordó de Peter Blake y de su portada para el disco de Los Beatles “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”. El artista Pop había utilizado un collage impresionante de personajes conocidos, todos apretados, asistiendo a un funeral desconocido. Pero en esta ocasión no existía ningún sepelio, pues lo más luctuoso de los congregados eran algunos matices de negro, como alivio de luto, tal vez, en un ambiente distendido y agradable. Esto era más de lo esperado en una usual bocanada de aire fresco. Se imaginaba al señor Blake y su entonces esposa, Jann Haworth, reunidos más allá, observando la escena para un nuevo collage como la portada del disco de los escarabajos. Allí estaban casi todos, huecos vacíos de ausencia se dejaban sentir, pero la cena colorista se completaba con comensales de la más variopinta locura, a veces necesaria para acudir a la verdad del mundo. Una serie de personajes tras la línea del anonimato, quebrada en aquella isla flotante de asfalto, donde los rostros dejaban atrás una realidad inventada. A la mesa, el Sr. Andreu, que aparcaba un espejismo de seriedad de lo visto y oído para declamar con bromas y buen humor, su verdadera forma de ser. A su lado, su Estrella, que no se llama así, pero posee las virtudes de un astro nocturno, pues brilla, y siempre supone la mitad perfecta a la pieza de su compañero. Juan reía detrás de su barba, alumbrado por una luz de gas eléctrica, y quizás el modelo a seguir por Peter Blake, pues era el único actor, con radio incluida, que comía esa noche. También estaba allí María de las Mercedes, muy guapa, y a pesar de ser Borbón, sin obedecer a las leyes del paso del tiempo, engalanada con bella vestimenta y haciendo halago de su anacronismo favorito. No sería el primero de aquella cena suspendida en la inconsciencia de un día ilógico y predecesor de otro más irracional si cabe. Acompañaba a Su Majestad un Fiscal, pero no de despachos amplios y tribunas de madera que preservan la ley de la justicia… no. Eso no. Otra clase de fiscal, amante de vértebras dorsales y mantos recogidos en la cintura. Más allá, en el vértice opuesto de la mesa donde se sentaba él, un zapatero recortado sobre fondo verde, se abanicaba el calor que se adhería con fuerza a los cuerpos. Y aunque todo pueda indicar que era un insecto, no lo era, pues la ficción a veces juega malas pasadas. Fue así como el Rocío de una mañana valverdeña, aún lejana, se materializó de la mejor forma posible. A su lado, Martín. Martín era sencillamente Martín, y eso era lo más espectacular de aquel niño que no necesitaba máscara, que reía cuando quería y protestaba cuando algo no le gustaba. Quizás fue observando a Martín, sencillamente Martín, cuando se dio cuenta que los adultos habían perdido esa libertad de reír cuando desean y protestar cuando algo no les gusta. La paciencia era la máxima virtud que atesoraban sus padres, dueños del Callejón de los Negros, también presentes, aunque el verdadero propietario era bocina del Cristo de la Sangre. Martín tenía una hermana, que también acudió a la cena, pero ya no era sencillamente una niña, sino una brujita cuyo perfil se recortaba en un fondo rosa chicle. Su nombre sonaba a composición de Serrat, y su cara era tan bonita como la letra de dicha canción. ¿Qué es esto?, se preguntaba. Miró a su siniestra y observó dos ojos azules que le sonreían Por la puerta trasera de una agradable sonrisa. A su diestra, el sarcasmo y la ironía tomaban forma en una Gata de ojos verdes y nombre de capital de imperio, toda una teoría del caos hecha persona. ¿Y él?, ni siquiera se había mirado.


Vestía de negro, pero no era luto. Y respiraba. Tomaba aire en sus pulmones de una forma inusitada. Tranquilamente y deleitándose con cada bocanada, pues no sabía cuando tendría que volver a sumergirse en la realidad. Y si aquello, finalmente, no era más que un sueño, estaba plácidamente despierto en una ficción onírica. Peter Blake no podría haberlos retratado mejor. Se acordaba del pintor inglés pop. O del Pop del pintor inglés. No sabía quién era el Sargento Pimienta. Más tarde llamó alguien, pero no era el sargento, pues resultó ser un general francés, también anacrónico, que no había podido acudir a la cena. De algo estaba seguro, y es que después de sobrevivir a la última inmersión, él no era aquel sargento que buscaba en los demás. Aunque tampoco creía que ellos fueran los integrantes de la banda del club de corazones solitarios. Todos eran buenas personas, de buen humor, mejor carácter y agradable compañía. Todo era muy divertido y tenía ganas de reír. Él, que en ocasiones se olvidaba de lo que era eso. Entonces cayó en la cuenta… Blake no podría haberlos retratado, por mucho que aquella escena le recordara la portada del disco de Los Beatles. El artista del Pop Art pretendía una protesta inusitada de la realidad de su tiempo. Una verdad oculta por la banalización de lo importante y la elevación sagrada de lo superficial. En los altares estaban la fama, el dinero, las imágenes comerciales, la parte individual de una sociedad inundada por nuevos iconos célebres que ocultaban todo lo anterior. La realidad de los sesenta se convierte en un collage que superpone los nuevos clichés, anónimos algunos, otros famosos personajes que encarnan los modelos que la sociedad pretende seguir, en una constante adoración. Detrás de esa superposición de planos quedan los verdaderos modelos de la vida, los sueños, las esperanzas, las metas, los trabajos, abandonados a favor de una ideología de estrellato contemporáneo, nueva e innovadora, frente al viejo pensamiento desligado de una exitosa realidad de fama efímera. No. Nada de lo que allí se contemplaba tenía que ver con eso. En aquella cena tan real como la fiesta de no-cumpleaños de Alicia, y tan ficticia como el montadito de mechá sin sabor, había gente que no ha perdido sus valores. Las máscaras cayeron sin necesidad de soltar amarres. Y la memoria ya no incluía el esfuerzo de respirar. El ritmo se adaptó perfectamente a la existencia onírica, si realmente era un sueño. Tal vez ni él mismo se había dado cuenta.


Lo de Bohemia fue un insulto. Allí se acabo la noche. Murió el día sin necesidad de que comenzase otro y un escalofrío le recorrió su cuerpo. Si se marchaba y volvía a dormir, tal vez despertaría en su otrora pesadilla de rutina. Tenía que mantenerse despierto. O soñando en esa superficie móvil que había encontrado. Ese pedrusco donde naufragó llevado por la marea, cuyo perfil cambiaba vertiginosamente y le ofrecía oxígeno gratis. ¡Gratis!. A veces un pensamiento horrible cruzaba por su cabeza. La comercialización de oxígeno a precio exagerado le causaba pavor. Y el caso es que sabía, porque no se le olvidaba, que adolecería aquel aire cuando tuviera que volver a sumergirse. Inmersión inmediata cuando sus ojos se cerraran para abrirlos bajo el agua. Pero ahora estaba en Bohemia, un insulto cuando la Rapsodia era sustituida por el zumo de mambo, perfecto para encender los motores de una brasileña que bailaba a ritmo desbocado. El resto fue breve. Y la arena cayó tan rápido del reloj como el agua desciende por una cascada. Agua… eso le recordó su inmersión. Se agobió y decidió no dormir. Diáspora de comensales. Como si de un espejismo se tratara, se desvanecieron los protagonistas de la cena. Estaba sólo otra vez, seguía sonando música, aunque no la reconocía, pero la isla permanecía a flote y él había decidido no dormir.


Sin saber cómo el tiempo avanzó, y sin estar dormido pero tampoco despierto, observó a la Esperanza. Y de eso sí se acordó. De su figura perfilada en el azul del cielo. De su tez morena. De su contoneo. Por eso quizás flotaba y oscilaba entre el ensueño etéreo y la realidad que estrechaba su isla. Pero estaba cansado. Agotado. Y tenía miedo. Un miedo indescriptible. Un pánico que había vivido anteriormente y que ahora volvía con una normalidad extrema, como si estuviera todo preparado para esa vuelta. Una preocupación le angustiaba y le rodeaba el cuello en un esbozo de llanto. La realidad, o tal vez aquel sueño que comenzaba a desvanecerse, estaba desvirtuado. Las imágenes aparecían a través de un cristal esmerilado. No supo nada más, pero tampoco se acordaba de cómo había llegado hasta allí. Sin saberlo volvía a tener el agua al cuello. Sintió que sus piernas le pesaban como dos barras de plomo. Intentaba mantenerse a flote. El final de nuevo. Otra vez a coger aire. No era rutina el aire que respiraba, sino pura y dura exclusividad, alcanzada sin esperarlo y arrebatada de la misma forma. ¿Había sido un sueño y acababa de despertarse o era ahora cuando cerraba los ojos para volver a tener una pesadilla prolongada?. No lo sabía, ni tenía mucho tiempo para pensarlo. Miró a su alrededor. Agua. Sólo una superficie dúctil y blanda, decidida a tragársele. La música que le había acompañado durante aquel día largo, o quizás doble jornada, se perdía en el aire. Ese ansiado aire. Entonces apretó su nariz con el pulgar y el nudillo del índice, cogió una bocanada de oxígeno y se dejó lastrar por la atracción de la realidad. Cuando llegó al fondo abrió los ojos. Borrosidad de nuevo. Todo atrapado en aquel mundo lento de visión turbia e imprecisa. Tocó la arena, como siempre hacía, deslizándola entre sus dedos. Y fue cuando sacó algo. Se le escaparon dos grandes burbujas de la sorpresa. Las lágrimas son más saladas cuando la amargura es mayor. Lloró y el agua se volvió dulce comparada con aquel llanto. Sostenía entre sus manos el escudo de su equipo. En lo más profundo. En la penumbra. ¿Era un sueño?, no. Era la realidad convertida en pesadilla. La música traspasó la densidad del agua. I’d love to turn you on¿entusiasmarme? Pensó. Y los recuerdos acudieron. ¡Ya está!, aquella canción de Los Beatles. El sargento Pimienta. La cena con aquellos personajes tan amables. Y su equipo. Bajo el agua, con los carrillos inflados y la visión entumecida, supo que estaría con su equipo en el hundimiento y cuando volviera a la superficie. Ahora y siempre. Me encantaría entusiasmarte




viernes, 15 de mayo de 2009

Pasatiempo

A continuación os propongo un pasatiempo:
Descubre las diferencias y rodéalas con un círculo


Quizás sea difícil, pues las diferencias no siempre aparecen exteriormente. O tal vez no las haya. En cierto modo me recuerda al siguiente vídeo, donde una misma imagen puede ser vista de forma muy distina, aunque pueda parecer que nada haya cambiado de una a otra.



¿Hay diferencias de la temporada pasada a ésta?, ¿cuál es el locutor que os gusta más del vídeo?, ¿ganará el Real Betis al Almería?, ¿hay diferencia de esta temporada a las tres anteriores?, ¿os gusta la jugada del vídeo?, ¿bajará el Real Betis a Segunda División?, ¿qué pasará el año que viene?, quizás vuesas mercedes puedan ayudarme con estas dudas existenciales. Os vertiré agua fresca mientras opináis...

* * * * *
(Nota del domingo 17 de mayo)
Real Betis 2-0 Almería
¿salvados?

lunes, 6 de octubre de 2008

Pecados capitales


¿Se cumplirá la profecía?, ¿qué nos pasa?, ¿perderemos los siete primeros partidos?, ¿será esta otra temporada de sufrimiento o conseguiremos resurgir?...aunque juguemos como nunca y perdamos como siempre, creo que ante el Mallorca ganaremos...

¡Manquepierda siempre!

Y ¿vuesas mercedes qué opinan?

miércoles, 4 de junio de 2008

A partir de septiembre...



boomp3.com

¿Cómo titularían vuesas mercedes la temporada que se avecina?

viernes, 7 de marzo de 2008

La Marcha Verde


Aún no hace un año que el Betis fue a Santander. Le daba vueltas a este dato cuando enfilaba la boca de la calle Verónica. Ni un año hace que entré en Híspalis. Y no me refiero a la ciudad romana de Sevilla. A esa ciudad que me espera en la confluencia de Mármoles y Aire. Esa urbe de la que pocos vestigios quedan, como ese rincón escondido. Esa capital romana que aparece tras la reja alta del corazón de la Alfalfa y la Judería. A veces me cuelo en el portal del bloque abierto. Apoyado en la barandilla me pierdo entre los rincones de mi imaginación y contemplo las tres inmensas columnas que me transportan al pasado de Híspalis. Al pasado de la Colonia Iulia Rómula Hispalensis. La misma que padeció una Guerra Civil. La misma que recibió a Pompeyo primero y Julio César después. Pero esta... es otra historia. En la Híspalis que entré el año pasado era distinta. Aunque no mucho más.

Mientras proseguía mi camino al antiguo convento en esa tarde del recién estrenado marzo, lo recordaba todo a la perfección. El calor apretaba ya en Sevilla. Era junio. Un calor anormal, pero que sería un preludio del extraño verano que estaba por acontecer. El Real Betis se debatía entre bajar a la profundidad de los infiernos o seguir con los grandes. Así estaba la cosa cuando dirigí mis golpes de ratón a un nuevo espacio que había encontrado. Por una Sevilla Justa. Hacía unos días que lo visitaba, pero escondido. Sin dejar rastro. Simplemente leyendo sus artículos sin opinar. Ese día apareció una entrada que se titulaba “Marcha verde hacia Santander”. Su texto hablaba de verdades. Hablaba de la realidad que se vivía en el fútbol sevillano en ese momento. Decidí dejarle un comentario, y fue entonces cuando entré de lleno. Así fue como conocí a Híspalis. Así fue como, desde entonces, se amplió el significado de esa palabra para mí. Además de ser el nombre que encarnaba la Historia de mi ciudad, Híspalis se convertía en el nombre de una persona enamorada de Sevilla.

Esta semana juega el Real Betis en Santander, estaba inmerso en mis pensamientos y ya me acercaba a la iglesia. No es el mismo caso, pero me acordé de esa entrada. Me acordé del último partido en Santander. En aquella ocasión ganamos. El Betis se salvó después de estar unos minutos sufriendo las brasas del infierno. Pero luego, con el tiempo, me di cuenta de que no sólo fue el Betis el que ganó. También gané yo. Me acordé del texto de Híspalis. Me acordé que, gracias a esa marcha verde, decidí dejar mi opinión. Gracias a ese partido, dejé mi primer comentario en su blog. No sabía que los meses siguientes iba a conocer a una gran persona.

El Real Betis dio el pistoletazo de salida, luego vendría todo lo demás. Su amor incondicional por Sevilla. Híspalis siente su ciudad con amor y dolor. La siente con dolor cuando alguien le hace daño. Le duele cuando la ve ultrajada. Cuando la ve desaparecer ante un falso ‘modernismo’. Pero a su vez la quiere con locura. La ama con pasión. Como sólo quieren aquellos amantes que darían su vida por aquella mujer que les hace perder la cabeza. La quiere desde el principio al final. Sus calles. Sus tradiciones. Sus fiestas. Su gente. Su perfume. Su color y su luz.

También descubrí su pasión por esas pequeñas cosas, esos pequeños detalles, que hacen especial el paso de los días. Una canción, un gesto, unas palabras amables, un recuerdo, una imagen que se graba a fuego en el eco de los días. Empecé a darme cuenta que Híspalis era una gran persona. De pronto, un aviso. Un secreto compartido con aquellos amigos anónimos que lo visitamos. Era 30 de noviembre y la buena nueva se presentaba en forma de entrada en su blog. Ya la esperaba. Una sevillana venía en camino. Conseguí ver su sonrisa en el trazo de sus palabras. Me di cuenta que lo consideraba mi amigo cuando me sorprendí ante la pantalla del ordenador sonriendo. Alegre por la noticia. Desde entonces tengo apartado una jarra de agua fresca endulzada con un aromático higo que he exornado con los primeros frutos de azahar que han florecido en nuestra amada Sevilla.

boomp3.com

Y pasaron los días. Y llegó el año nuevo. Y casi sin avisar, la Cuaresma. Y el azahar florece. Y las vísperas se consuman en Sevilla. Y el Real Betis vuelve esta semana a Santander. Ni un año hace que se salvó del infierno en el Sardinero. Ni un año hace de esa marcha verde que anunciaba mi amigo Híspalis en su blog. Volvía a este detalle, como si estuviera atrapado en un bucle, cuando entré en la iglesia. Olía a incienso. Cerré los ojos y aspiré el aroma de lo que está por llegar. Algo se escuchaba en el interior del templo. Sonaba una marcha. Los vellos se erizaron. La piel se encogió en círculos convexos. El tambor destemplado. Y allí estaba. El Nazareno con la cruz al hombro. Su piel morena le daba luz a su alrededor. Me acerqué totalmente ensimismado. Atraído por esa fuerza que lo caracteriza. La Saeta se mezclaba con el incienso. La voz quebrada levantaba ampollas en el corazón. La emoción se hacía patente. Me quedé frente a Nuestro Padre Jesús de La Salud. Y entonces me acordé de él. Me volví a acordar de mi amigo Híspalis. Se acercó un hombre que llevaba una niña de su mano. Su padre se agachó y comenzó a contarle lo que significaba ese Hombre para él. Lo que significaba Aquel Gitano de piel morena. Lo que simbolizaba para Sevilla. Le contó cómo se pone la plaza la Madrugá del Viernes Santo. Lo que siente la gente cuando llega al centro de la ciudad. Las palmas que se escuchan en La Campana. Le contó lo que siente al ponerse la túnica y acompañarlo. Le contó las lágrimas de emoción que se le escapan cuando vuelve al templo. Lo que siente cuando lo ve aparecer en la plaza. Cuando lo ve venir. Cuando al son de una Saeta se despide de Su pueblo. Cuando entra para ver a sus nazarenos y ya trae sus labios morados de pasar la noche fuera. Le contó, mientras su hija abría los ojos y la boca de asombro, que esa era la noche más importante del año para él. Luego le dio un beso a la chiquilla y le sonrió. Se persignaron y se dieron media vuelta. Cuando pasaron junto a mí escuché que la chiquilla sonriendo le decía a su padre: ¡estoy deseando que llegue la Semana Santa papa!. A lo que su padre le contestó con una sonrisa: y yo hija y yo.


Emocionado, permanecí en silencio. Terminaba La Saeta. Contemplaba al Nazareno Gitano. Me persigné y salí de la iglesia. Ni un año hace, y he descubierto que mi amigo es un enamorado de Sevilla, del Real Betis, de la Semana Santa, que es nazareno de Los Gitanos y que será un padre extraordinario... me metí las manos en los bolsillos de la chaqueta. Había vuelto el frío. Sin avisar. Arreciando con aire. Comencé a caminar. Rodeado de mis propios pensamientos. Otra vez a Santander. Ni un año hace. A ver si ganamos.

Para mi amigo Híspalis...

Imágenes: Balcón con banderas - Híspalis; Nuestro Padre Jesús de la Salud - Roberto Villarrica

lunes, 3 de marzo de 2008

Don't Stop

Siete puntos de nueve posibles

Excelente racha del Real Betis

Excelente racha de Paco Chaparro

Lo Mejor del Mick Jagger de Triana


Excelente racha de Edu, que ya lleva 10 goles

Excelente racha de Pavone

Entre pillos anda el juego


Excelente partido de Mark González

Excelente encuentro

Excelente resultado

Ahora el Racing de Santander

Don't Stop

lunes, 7 de enero de 2008

Solo ante el peligro

"Cariño, he estado pensando, me están haciendo huir. Yo jamás he huido de nadie..."

La película cuenta la historia de un solitario y noble jugador, abandonado por el resto del equipo, que ha jurado defender los colores y el escudo de su camiseta ante la inminente llegada del eterno rival. El jugador Edu, orgulloso y fiel a su obligación, decide plantarles cara a pesar de la insistencia de su acompañante en ataque, Jose Mari, la perla del Antique, y de todos sus compañeros, que le sugieren que huya.

lunes, 3 de diciembre de 2007

El Hundimiento

Ya estamos a cuatro puntos de la salvación...



¿Se consumó ayer el hundimiento?, ¿que opináis de la elección de Paco Chaparro como nuevo entrenador?, ¿es justo que se coma el marrón o es la persona ideal?, ¿seguirá el Betis B con su proyección o bajará el rendimiento? ...y lo más importante ¿nos salvaremos?

Ayudadme a salir de este pozo de angustia verdiblanca. Echaos un trago...

lunes, 5 de noviembre de 2007

No me salen las cuentas...

La jornada anterior no quise escribir nada sobre el Real Betis, pero en esta ocasión, y tras la pésima imagen ofrecida por el equipo, he decidido leer toda la prensa posible, escuchar la radio y ver las noticias.

Por lo general me considero una persona optimista y positiva, y de cara al equipo de mis amores, más aún. Muchos de los que por aquí pasan lo saben. En la Quiniela siempre tiene un 1 cuando juega en casa y un 2 cuando viaja por España. Cada domingo afronto con ilusión un nuevo partido. Da igual que sea contra el Levante o contra el Barcelona. En mi mente no cabe la posibilidad de bajar a segunda, aunque en alguna ocasión haya dejado caer esa posibilidad. El problema es que cuando acostumbras a alguien a no tener ilusión, las cosas van cambiando. Crece la impotencia y el desanimo. El 'manquepierda' se transforma en el 'manquegane'. La desesperación aumenta y empiezas a ver un pozo negro que no termina. Un atasco ineludible. Una opción que no quieres contemplar. Una posibilidad que cada vez cobra más fuerza.

Y es entonces cuando no te salen las cuentas...

Me he percatado que a nadie le salen las cuentas, ni a los periodistas, ni a los jugadores, ni a Héctor Cúper, ni a José León, ni al Dogo Manuelo Loperan...



...ni por supuesto a la afición. Algunos comentan que la culpa es de Cúper, otros que es de los jugadores, muchos de Lopera... ¿de quién es la culpa de esta situación?, ¿remontaremos el vuelo?... a mi no me salen las cuentas, y cada domingo espero que mi equipo recupere la ilusión por jugar al fútbol, que encuentre puerta, que suba en la tabla, que afronte cada partido como si fuera una final, que no parezcamos un cadáver deportivo a merced del que quiera golearnos, que los jugadores se impliquen, que no desaparezca la motivación, que recuperemos la concentración...

...y que vuelvan a salir las cuentas.

lunes, 22 de octubre de 2007

Atascados


Una pancarta se extendía en Gol Sur en dos partes: "Orgullo" - "Bético".
Aglomerado todo en un casi lleno en el Villamarín para recuperar la confianza y despejar dudas.
Dudas.
Las mismas que la voz de Melado se hacía temer.
Ya lo decía el gran speaker "ojú como estoy hoy", y en cada nombre un gallo...

¿Premonición?

¿Dudas?

Parece que no terminamos de arrancar...
que estamos atascados...
y por muchos tirones que se den...



si no se tira del punto adecuado nos quedaremos atascados...

Imagen gracias a Marca

viernes, 28 de septiembre de 2007

Carretera a Segunda

Como preguntaba el amigo Beticus "¿A la tercera va la vencida?"


¿Nos salvaremos este año?

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Cien años de beticismo

No podría definir al Real Betis Balompié. Es un cúmulo de elementos y detalles, recuerdos y sensaciones, sufrimientos y alegrías, emociones y enfados... es algo que no puedo definir con palabras. Podríamos decir que ser bético es un privilegio, no exento de locura y sufrimiento, pero algo que llena y satisface. Quizás ser bético tampoco se pueda expresar con palabras, por ello os dejo este vídeo creado por el Foro de la Página Oficial del Real Betis Balompié con la colaboración de Betisweb.



Hace poco el amigo Vicenteeldelasalmendras dejó un comentario en el blog de la amiga Dama que puede resumir al beticismo: "¡Qué grande es ser del Betis aunque no ganemos ná!". El Real Betis es así, capaz de lo mejor y lo peor a la vez, y nosotros los béticos, seguidores enamorados y presos de trece barras y los colores verdiblancos. Siempre animando y creciéndonos ante la adversidad. Ya se sabe: En primera, en segunda o en tercera, bético hasta que me muera.

Felicidades al Real Betis Balompié y a todos los béticos del universo.

domingo, 17 de junio de 2007

Los síntomas

Lunes 18 de junio de 2007 en una consulta médica:

- ¿Cuáles son los síntomas que usted tiene?
- Pues mire doctor, la verdad es que los tengo desde que nací. Todos los fines de semana siento una serie de señales extrañas que recorren mi cuerpo. Y en algunas ocasiones entre semana también.
- ¿Los ha tenido este fin de semana?
- Pues sí mire usted. No siempre vienen todos juntos, pero este fin de semana han coincidido.
- ¿Podría enumerarlos?
- Pues mire: primero apareció un gran ataque de nervios, luego un dolor en el pecho. Seguídamente apareció una sensación de angustia que vino acompañada de resignación, para terminar en una palabra que acudía constantemente a mi cabeza: 'manquepierda', 'manquepierda'. Tras esa angustia y resignación, enmarcadas por un constante sufrimiento, apareció la alegría y la emoción. Éstas suelen venir menos últimamente, pero nunca han faltado.
- ¿Y me ha dicho usted que esto le ocurre todos los fines de semana?
- Y algunos días entre semana. Incluso este fin de semana, que he viajado y todo, también me ha ocurrido.
- Estos síntomas... ¿suelen estar acompañados del orgullo?
- Por supuesto.
- Creo que se lo que tiene... ¿usted es bético?
- Sí señor. En primera en segunda o en tercera, bético hasta que me muera. Por cierto doctor... ¿conoce usted Santander?

viernes, 4 de mayo de 2007

El dogo Manuelo Loperan

Sin duda, la obra de los Bellini ha marcado de manera esencial el destino de la pintura veneciana: con ellos empieza la pintura veneciana moderna.
Las pinturas que conocemos de Jacopo Bellini (1400-1470/71), el patriarca, son demasiado escasas como para considerarlas representativas, permaneciendo en la memoria histórica más bien como dibujante. Su hijo mayor, Gentile Bellini (1429-1507) pronto manifestó su talento como retratista, aunque se sirvió en gran medida de las formas góticas. En 1469 fue nombrado conte palatino, por el emperador Federico III y, a los cincuenta años, o sea en 1479, la república le consideró digno de enviarlo en calidad de emisario a Constantinopla, a la corte del sultán Mohamed II para retratarlo. A este respecto, Vasari hace referencia de la siguiente manera: “...casi no podía entender que un mortal pudiera poseer, como si fuera un dios, la capacidad de imitar a la Naturaleza con tanta vivacidad”. Pero el que verdaderamente poseía la capacidad de retratar con altas dosis de veracidad era su hermano, Giovanni Bellini (1432-1516), del que Vasari dice que “los primeros trabajos fueron algunos retratos, que fueron muy aplaudidos, sobre todo uno que representa al dogo Loredan...”. La pintura fue creada en 1501, cuando el dogo, orgulloso de su origen romano, pasó a ocupar el cargo, o bien poco tiempo después. No cabe duda que Bellini dominaba magistralmente el virtuosismo pictórico requerido para reproducir el motivo ornamental del brocado de la capa y el bordado en oro de la banda que adorna el gorro del dogo. No ha ocultado los primeros síntomas de la edad (las arrugas del cuello que no llega a ocultar la alta capa), y el peso de las preocupaciones del hombre de Estado, que se reflejan en los sombríos párpados. Este retrato se caracteriza por ir más allá de lo convencional, al contener además, otros valores mucho más diferenciados: ahora se refleja también el estado de ánimo de la persona retratada. “Enjuto, de alta talla, austero, colérico, pero hábil y sabio en el gobierno” es como describían sus contemporáneos a Lorenzo Loredan (1438-1521), que ocupó el cargo de dogo o dux de Venecia hasta 1521. En la obra contemplamos como el personaje parece inasequible, nada parece alcanzarle salvo esa luz procedente de la lejanía que hace resplandecer sus ojos, a la vez retraídos, como sumidos en meditación sobre sí mismo y su papel histórico.

Una de dos: o Manuel Ruiz de Lopera tiene descendencia italiana, o el doctor Emmet Brown hizo un viaje a la Venecia del 1500, para traerse en el DeLorean a Giovanni Bellini y aterrizar en la calle Jabugo. Si hubiera ocurrido esto último, el accionista mayoritario del Real Betis hubiera querido que Bellini lo retratase con su perro Hugo, a modo de efigie real, así pues, descarto esta opción.
Me decanto más por la descendencia italiana de Lopera, ¿de dónde si no le vendría esa austeridad, esa cólera que demuestra y esa habilidad y sabiduría a la hora de ‘gobernar’ en la sombra al Real Betis?.
Manuel Ruiz de Lopera sigue mandando en el conjunto verdiblanco, y para demostrarlo volvió a instaurar los precios habituales para el encuentro con el Getafe: entradas desde 25 hasta 40 euros. El motivo de este cambio se achacó a la protesta de los abonados del equipo de Heliópolis, que se quejaban, según la directiva, de esos precios: “Nuestros socios no ven justo que haya rebajas en las entradas cuando los carnés siguen costando lo mismo”, decía el vicepresidente Ángel Martín, que acto seguido animaba a los aficionados a acudir al campo de la Cartuja.

¿Es una broma?, suben los precios echándole la culpa a los abonados. ¡Venga ya!. No tiene nada que ver la masiva protesta hacia Lopera en el partido contra la Real Sociedad, claro está. Que todo un campo se pusiera en pie pidiendo a gritos la marcha del accionista mayoritario del club era una casualidad ¿no?. Que Lopera cargase esas protestas a los que “vinieron con entradas regaladas” no tiene nada que ver con la subida de precios. Y encima, el vicepresidente Ángel Martín hace un llamamiento a la afición, a esa afición que se vuelca todos los fines de semana con su equipo, la misma que sufre domingo tras domingo varapalos, resultados que no convencen, la misma que padece y siente como su centenario club navega en las temibles aguas del límite entre primera y segunda, la misma afición que soporta jornada tras jornada la irregularidad de un conjunto de jugadores que ofrecen un mediocre espectáculo, la misma que sale perjudicada en esa subida de precios pero que, sin dudarlo un momento, estará este domingo acompañando a su equipo, el de sus amores, el que la hace sufrir, porque pese a todo, pese al caciquismo del ‘dogo Manuelo Loperan’ y su empeño en monopolizar y dominar todo lo que corresponda al Real Betis, nosotros los béticos, estaremos con nuestro equipo cada domingo.




¿Se parecen en algo más que en el físico el dogo Lorenzo Loredan y Manuel Ruiz de Lopera?, ¿qué opinan vuesas mercedes del tema?, ¿creéis que la subida se debe a las quejas de los aficionados o es una excusa de la mayoritaria?, ¿estuvo Emmet Brown en la calle Jabugo?, ¿mejoraría el Real Betis con la marcha de Lopera? Cansado y colmado de desesperación por la escasa solución del tema, me senté en mi vieja silla de madera y vertí en mi jarra el agua fresca que manaba de la esperanza.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Terremoto en fianqueto

Hace dos veranos, mi tío Pedro, el mejor jugador de ajedrez que conozco, me enseñó lo que era un "alfil en fianqueto" (en italiano fianchetto) en una de esas tardes calurosas llenas de guerra sobre tablero. El movimiento consistía en situar el alfil en el hueco dejado por el peón situado frente al caballo, de ese modo rey y alfil se protegían mutuamente, además de continuar la partida y olvidarse con el fragor de la batalla, transformándose, más adelante, en un arma escondida.

Que Sevilla sufría un terremoto es algo que se han encargado de vociferar a los cuatro vientos, que fue de una intensidad de 4 grados también se ha hecho constatar, que el original fue de 6’1 en la escala Richter ha salido en todos los medios, al igual que el lugar del epicentro y por supuesto, la fecha y hora del seísmo. Sin embargo, los dos últimos detalles son erróneos, ya que el verdadero terremoto aparecía en el estadio Manuel Ruiz de Lopera el sábado entre las 21:30 y las 22:00 horas. ¿Cómo surgió el seísmo?, a día de hoy es casi imposible reconstruir los hechos claramente, sin embargo, acudiendo a varias fuentes, podemos decir que ocurrió de la siguiente manera: José María del Nido y José Castro llegan al estadio Manuel Ruiz de Lopera con motivo del partido que enfrentaban a Real Betis Balompié y Sevilla F.C. en la Liga. Antes del comienzo, y con motivo del Centenario, el Real Betis está entregando un obsequio a todos los equipos que visitan el feudo verdiblanco, que simboliza su afición, y dicha entrega se realiza en la sala de trofeos ante el busto del que fuera presidente y ahora mayoritaria del club. Ante esta situación, el presidente y vicepresidente sevillista rechazan adquirir dicho obsequio en dicha sala ante dicho busto (en ese momento estalla el terremoto). Oscar Arredondo, jefe de los servicios jurídicos del club bético, alega que al romperse el protocolo ellos hacían lo mismo, y textualmente dijo “nos pareció una falta de respeto y lo mandamos a la esquina” (6’1 en la escala Richter). Todo lo demás es una onda expansiva que agravó la situación: por megafonía se anuncia la negativa del presidente sevillista a recoger el obsequio bético (la intensidad del terremoto alcanza la grada causando crispación y caída de objetos al terreno de juego); concluye el partido y aquí hay división de opiniones béticas y sevillistas: Del Nido insulta a Javier Páez, sobrino de Lopera, (según testigos con palabras como “tienes la misma cara de maricón que tu tío") y sufre un empujón, otras fuentes señalan que no hubo insultos pero sí empujón, en fin, informes, sentencias, veredictos y opiniones de todas clases y colores (verdes y rojos para ser exactos).

Cuando parecía disipado el terremoto, aparece una réplica el lunes 12 de febrero, que hace que Sevilla tiemble como lo hizo en 1969, y todo el mundo, menos yo, se entera, corriendo despavorido a la calle ante posibles conjeturas del verdadero motivo. Algunos buscan una cámara de televisión desesperadamente, llaman por los móviles y otros simplemente, se fuman un cigarro comentando la ‘jugada’. Se escuchan conclusiones de todo tipo: en los juzgados la gente cree que se trata de la tuneladora (comprensible ante la desviación de dos metros), alguien recuerda la fatídica madrugá de 2000, otro le echa la culpa al niño del tambor de Juan y Medio, que tiene que tener las muñecas de acero inoxidable y con rotación mecánica de energía renovable, porque es tela de ‘jartible’, y por último, un amigo mío me llama para contarme algo sorprendente: estaba en el campanario de la Giralda cuando ocurrió todo, y se escuchó a alguien reír, miró hacia arriba y vio como el Giraldillo le decía:
- Me he enterado que van a hacer una torre nueva, así que dile al autor que la haga tan impresionante como la que yo corono, porque ésta que llaman Torris Fortísima hace honor a su nombre, que ya lleva unos cuantos de seísmos, y más fuertes que éste, sino pregúntale por el de 1356 o el de 1755, que en éste último ya estaba yo dominando el cielo hispalense... ¡y ahí la tienes! Solo tres metros de cimientos.

Cuando parecía que todo era calma y que había pasado todo, cual alfil en fianqueto que se ha olvidado, aparece el Sevilla F.C. comentando el trato recibido como “puro estilo Betis”, José León, presidente del Real Betis hace desafortunadas declaraciones en Canal Sur Radio y veta la entrada de su homónimo sevillista al estadio bético, y el niño de Juan y Medio vuelve a coger la caja por banda y repicarnos en cada momento televisivo de la cadena andaluza ¡niño estate quieto ya!.
Me parece totalmente vergonzoso el comportamiento de ambas directivas, patrocinadoras de un pragmatismo exacerbado que desaparece ante el banal comportamiento en el palco, siendo protagonistas de un terremoto mayúsculo ante el extraordinario comportamiento de los futbolistas, auténticos ejemplos a seguir en esta ocasión. Ambos presidentes caen en el error de eclipsar el verdadero espectáculo, y lo más lamentable es la incitación a la violencia que rezuma en cada uno de los episodios emitidos por cada directiva.

¿Qué opinan 'vuesas mercedes' de ambos terremotos?, ¿sintieron el verdadero seísmo?, ¿seguirá dándole al tambor el niño de Juan y Medio?, ¿creéis que alguna directiva se equivocó más que la otra?. Coger una silla, arrimarse y contadme que opináis.