lunes, 7 de mayo de 2007

Soledad

Según el diccionario:

- (lat. solitate )
f. Carencia de compañía.
2 Pesar y melancolía que se siente por la ausencia, muerte o pérdida de alguna persona o cosa.
3 Lugar desierto o tierra no habitada.
4 Modalidad de baile flamenco en compás de tres por ocho.
5 Música y canto melancólico de este baile.


Según la poesía:

La flor delicada, que apenas existe una aurora,
tal vez largo tiempo al ambiente le deja su olor...
Mas, ¡ay!, que del alma las flores, que un día atesora,
muriendo marchitas no dejan perfume en redor.
La luz esplendente del astro fecundo del día
se apaga, y sus huellas aún forman hermoso arrebol...
Mas, ¡ay!, cuando al alma le llega la noche sombría,
¿qué guarda del fuego sagrado que ha sido su sol?
Se rompe, gastada, la cuerda del arpa armoniosa,
y aún su eco difunde en los aires fugaz vibración...
Mas todo es silencio profundo, de muerte espantosa,
si da un pecho amante el postrero tristísimo son...
Mas nada, ni noche, ni aurora, ni tarde indecisa,
cambian del alma desierta la lúgubre faz...
A ella no llegan crepúsculo, aroma ni brisa...;
a ella no brindan las sombras ensueños de paz.
Vista los campos de flores gentil primavera,
doren las mieses los besos del cielo estival,
pámpanos ornen de otoño la faz placentera,
lance el invierno brumoso su aliento glacial.
Siempre perdidas, vagando en su estéril desierto,
siempre abrumadas de peso de vil nulidad,
gimen las almas do el fuego de amor esta muerto...
Nada hay que pueble o anime su gran soledad.

Gertrudis Gómez de Avellaneda - Soledad del alma

Según los escritores y sabios:


La soledad es el imperio de la conciencia - Gustavo Adolfo Bécquer
La soledad es la gran talladora del espíritu - Federico García Lorca
La soledad es tan necesaria para la imaginación, como lo es la lozanía para el carácter - James Russell Lowell
Entre los enojos de la sociedad y la tristeza de la soledad, el hombre razonable elegirá a la soledad, como la menor - Arthur Schopenhauer
Jamás hallé compañia más sociable que la soledad - Henry David Thoreau

Según Sevilla:




La Soledad de San Buenaventura


La Soledad de San Lorenzo

Según el aguaó:

Bien nos podrían servir todas las versiones anteriores, pero olvidamos que Soledad también es un nombre, y que para muchos es sinónimo del antagonismo dado en el significado del diccionario. Para muchos es compañía y alegría. Según la poesía es tristeza, pero Soledad para sus hijas, es poesía y cariño. Los escritores y sabios la creen necesaria. La Soledad según Sevilla es sentimiento, amor, sutileza y belleza.

Para el aguaó Soledad es un árbol: un magnolio, un cedro glauca, unas secuoyas, una acacia o un arce... para el aguaó, Soledad es un verde que reside en María, una amiga que se llama Glauca María.

Para Glauca María...

viernes, 4 de mayo de 2007

El dogo Manuelo Loperan

Sin duda, la obra de los Bellini ha marcado de manera esencial el destino de la pintura veneciana: con ellos empieza la pintura veneciana moderna.
Las pinturas que conocemos de Jacopo Bellini (1400-1470/71), el patriarca, son demasiado escasas como para considerarlas representativas, permaneciendo en la memoria histórica más bien como dibujante. Su hijo mayor, Gentile Bellini (1429-1507) pronto manifestó su talento como retratista, aunque se sirvió en gran medida de las formas góticas. En 1469 fue nombrado conte palatino, por el emperador Federico III y, a los cincuenta años, o sea en 1479, la república le consideró digno de enviarlo en calidad de emisario a Constantinopla, a la corte del sultán Mohamed II para retratarlo. A este respecto, Vasari hace referencia de la siguiente manera: “...casi no podía entender que un mortal pudiera poseer, como si fuera un dios, la capacidad de imitar a la Naturaleza con tanta vivacidad”. Pero el que verdaderamente poseía la capacidad de retratar con altas dosis de veracidad era su hermano, Giovanni Bellini (1432-1516), del que Vasari dice que “los primeros trabajos fueron algunos retratos, que fueron muy aplaudidos, sobre todo uno que representa al dogo Loredan...”. La pintura fue creada en 1501, cuando el dogo, orgulloso de su origen romano, pasó a ocupar el cargo, o bien poco tiempo después. No cabe duda que Bellini dominaba magistralmente el virtuosismo pictórico requerido para reproducir el motivo ornamental del brocado de la capa y el bordado en oro de la banda que adorna el gorro del dogo. No ha ocultado los primeros síntomas de la edad (las arrugas del cuello que no llega a ocultar la alta capa), y el peso de las preocupaciones del hombre de Estado, que se reflejan en los sombríos párpados. Este retrato se caracteriza por ir más allá de lo convencional, al contener además, otros valores mucho más diferenciados: ahora se refleja también el estado de ánimo de la persona retratada. “Enjuto, de alta talla, austero, colérico, pero hábil y sabio en el gobierno” es como describían sus contemporáneos a Lorenzo Loredan (1438-1521), que ocupó el cargo de dogo o dux de Venecia hasta 1521. En la obra contemplamos como el personaje parece inasequible, nada parece alcanzarle salvo esa luz procedente de la lejanía que hace resplandecer sus ojos, a la vez retraídos, como sumidos en meditación sobre sí mismo y su papel histórico.

Una de dos: o Manuel Ruiz de Lopera tiene descendencia italiana, o el doctor Emmet Brown hizo un viaje a la Venecia del 1500, para traerse en el DeLorean a Giovanni Bellini y aterrizar en la calle Jabugo. Si hubiera ocurrido esto último, el accionista mayoritario del Real Betis hubiera querido que Bellini lo retratase con su perro Hugo, a modo de efigie real, así pues, descarto esta opción.
Me decanto más por la descendencia italiana de Lopera, ¿de dónde si no le vendría esa austeridad, esa cólera que demuestra y esa habilidad y sabiduría a la hora de ‘gobernar’ en la sombra al Real Betis?.
Manuel Ruiz de Lopera sigue mandando en el conjunto verdiblanco, y para demostrarlo volvió a instaurar los precios habituales para el encuentro con el Getafe: entradas desde 25 hasta 40 euros. El motivo de este cambio se achacó a la protesta de los abonados del equipo de Heliópolis, que se quejaban, según la directiva, de esos precios: “Nuestros socios no ven justo que haya rebajas en las entradas cuando los carnés siguen costando lo mismo”, decía el vicepresidente Ángel Martín, que acto seguido animaba a los aficionados a acudir al campo de la Cartuja.

¿Es una broma?, suben los precios echándole la culpa a los abonados. ¡Venga ya!. No tiene nada que ver la masiva protesta hacia Lopera en el partido contra la Real Sociedad, claro está. Que todo un campo se pusiera en pie pidiendo a gritos la marcha del accionista mayoritario del club era una casualidad ¿no?. Que Lopera cargase esas protestas a los que “vinieron con entradas regaladas” no tiene nada que ver con la subida de precios. Y encima, el vicepresidente Ángel Martín hace un llamamiento a la afición, a esa afición que se vuelca todos los fines de semana con su equipo, la misma que sufre domingo tras domingo varapalos, resultados que no convencen, la misma que padece y siente como su centenario club navega en las temibles aguas del límite entre primera y segunda, la misma afición que soporta jornada tras jornada la irregularidad de un conjunto de jugadores que ofrecen un mediocre espectáculo, la misma que sale perjudicada en esa subida de precios pero que, sin dudarlo un momento, estará este domingo acompañando a su equipo, el de sus amores, el que la hace sufrir, porque pese a todo, pese al caciquismo del ‘dogo Manuelo Loperan’ y su empeño en monopolizar y dominar todo lo que corresponda al Real Betis, nosotros los béticos, estaremos con nuestro equipo cada domingo.




¿Se parecen en algo más que en el físico el dogo Lorenzo Loredan y Manuel Ruiz de Lopera?, ¿qué opinan vuesas mercedes del tema?, ¿creéis que la subida se debe a las quejas de los aficionados o es una excusa de la mayoritaria?, ¿estuvo Emmet Brown en la calle Jabugo?, ¿mejoraría el Real Betis con la marcha de Lopera? Cansado y colmado de desesperación por la escasa solución del tema, me senté en mi vieja silla de madera y vertí en mi jarra el agua fresca que manaba de la esperanza.

lunes, 30 de abril de 2007

Apuntes en un papel

Fotografía extraída de la web de El Diario de Sevilla


Me había estado fijando en todos los detalles posibles que iba observando en mis incursiones al Real. Cuando llegaba a casa los apuntaba en un papel para después analizar lo que había visto y reflexionar sobre el cambio que había sufrido la Feria de un año para otro. Ayer, cuando miraba ese trozo de hoja, me di cuenta que tenía bastantes puntos anotados, y pensé en crear una entrada para mi blog. El problema iba a ser el orden a seguir o cómo enfocaría esos detalles para ser contados o narrados de forma coherente, y al no encontrar respuesta a esta cuestión, decidí plantear esos pormenores en el mismo orden que tenía en el papel. Un “desorden ordenado”.

Lo primero que aparecía era la preocupación de la gente por el tiempo, ¿el paso del tiempo?, no, eso solo ocurría el sábado de Feria, cuando el final estaba cerca y las ansias de disfrutar al máximo, se filtraban por los poros de los pocos sevillanos que quedaban en el Real para despedir una semana de fiesta. Me refería al tiempo meteorológico. Al igual que en Semana Santa, aunque salvaguardando las tremendas distancias, la lluvia amenazaba con aparecer por la Feria, y aquellos que tanto tiempo han dedicado en prepararla, sopesaban la posibilidad de una visita inesperada del líquido elemento que desluciría el cuadro. La preocupación crecía cuando el tiempo era escrutado en las cadenas de televisión, donde los meteorólogos predicaban una semana lluviosa a partir del miércoles. Pero una vez más, volvieron a fallar, demostrando que la interpretación de las isobaras, los anticiclones, las altas y las bajas presiones, son tan complicadas como las cartas del tarot. Un día le dedicaré a este tema una entrada propia. Pese a ello, la lluvia volvió a Sevilla para visitar la Feria, como viene haciendo los últimos años, al igual que en Semana Santa. Cuán ricas son nuestras celebraciones, que hasta del Cielo bajan a contemplarlas.
Se animaba la cosa y la Feria comenzaba. En los diferentes informativos se hacían eco del comienzo de esa fiesta semanal que llega a Sevilla en el mes de abril, en ocasiones lo hacían de manera acertada, pero en otras, palabras desafortunadas aparecían en el vocabulario de los presentadores, destacando dos que apunté en mi trozo de papel: “disfrazarse” y “faralaes”.
Si buscamos en el diccionario la palabra faralaes, no la encontraremos. Sin embargo, sí aparecerá “faralá”, con el siguiente significado:
m. Volante suelto por la parte inferior, que adorna los vestidos femeninos.
2 fam. Adorno excesivo y de mal gusto. Pl. faralaes.

No creo que nuestros trajes de flamenca o de gitana tengan nada que ver con volantes sueltos o con adornos excesivos (si acaso resaltaría algún que otro traje recargado y Barroco que se ha quedado obsoleto, pero nada más), tampoco creo que sea de mal gusto, así pues, parece que los informativos no se informan lo suficiente, y un año más, siguen llamando faralaes a nuestros trajes de gitana o de flamenca. Y por cierto, la gente en Sevilla, ‘se viste’ no ‘se disfraza’.
La siguiente nota que aparece en mi lista de detalles hace referencia a la guasa sevillana, a esa que tiene tanto que ver con el fútbol y los colores que exornan nuestra Feria de Abril, el verde y el rojo. Se empezaba a levantar una pequeña nube de polvo, como las que aparecen cuando el albero está poco asentado, con el tema del pin y el llavero con el escudo del Sevilla F.C. en la portada, que este año estaba dedicada a uno de los balcones de la Giralda y no al Real Betis. Ondeaba la bandera del Centenario verdiblanco cuando se retiraban los dos objetos que imitaban el gesto de hace dos años en la portada, esta vez sí, dedicada al Sevilla. La directiva del Real Betis salía al paso de lo ocurrido y no le daba importancia, quitando hierro al asunto y decidiendo no denunciar a nadie, demostrando por fin, un comportamiento adulto, serio y responsable, que ya era hora.

El luto se apoderaba de mi hoja: fallece don José Antonio Garmendia Gil. Se iba el genio bioquímico con alma de historiador, ese sevillano incombustible que tanto amaba a su ciudad y que tanto nos dejó en sus magníficas obras literarias. En Feria, en abril, en primavera... en Sevilla.

Al día siguiente, abría el periódico y aparecía una noticia que era digna de resaltar y de estar en mi papel, que comenzaba a convertirse en una lista. A un hombre le había tocado un “pirulo” de la policía en una tómbola y decidió probarlo en las Tres Mil Viviendas. Muy bien chaval, una gran idea. Se ve que el tio no tenía emociones suficientes en la calle del Infierno y decidió colarse de lleno en él. Me lo imagino acelerando al máximo, con su pirulo puesto, el coche volando por las calles de las Tres Mil, que ya para ser cómico del todo, podría ser un R5, ‘patrullando’ a toda velocidad mientras los usuales de esa zona lo miran con recelo y empiezan a pensar si practicar, con el posible ‘policía secreta’, el tiro de los dardos al globo. Cuando se acercaba a la zona más oscura de Las Vegas, según la noticia, fue detenido por la policía (la de verdad) e interrogado sobre la adquisición de su preciada joya, indicando el infractor (o el loco) la tómbola donde le había tocado, para solventar el problema de raíz.
La otra joyita que tocaba en las tómbolas este año era un megáfono, que afortunadamente al señor de antes no le tocó, porque lo único que le hubiera hecho falta ya, era un pirulo y un megáfono, para convertirse en uno de los Hombres de Paco. Y así estaba la Feria, llena de niñatos y canis con megáfonos de un lado a otro. Lo del Perrito Piloto queda ya en el olvido.
Otro aspecto novedoso este año ha sido la sustitución, en algunos casos, de las flores de madera por las de peluche. Pocos son ya los que reparten claveles frescos, sustituidos por esas rosas de madera que rozan la oferta descarada con el rótulo “5 rosas por 1€”, a las que se le suma las antes mencionadas de peluche.
El detalle de los farolillos aparece tarde en mi lista, pero aparece, no fue hasta el final cuando se decidió reponer los farolillos verdiblancos que este año iban en honor del Centenario del Real Betis, y era curioso también observar, como la única zona exornada contemplaba sólo la caseta municipal... ¿escasez o escaqueo?.

Y por último, en ese manuscrito listado que había ido creando a lo largo de la semana de Feria, tenían un sitio especial los maridos y padres sacrificados con regalos de tómbola mayúsculos. “El 45..., el 23..., el 4...”, “¡¡Bingo!!”, “¡Han cantado bingo!, vamos a comprobar si es correcto, no tiren los cartones. El bingo es correcto, te damos un vale y eliges un regalo”. Aquí viene el quid de la cuestión: juego de 10 cuchillos extrafuertes, inoxidables, con mango adherente, y que cortan un tomate y una lata con la misma eficacia (lo pone en la caja), unos timbales o una yogurtera... porque con un bingo no se hace nada, los regalos son todos iguales de inútiles, pero aún así, se elige la yogurtera. Y allí estaba ese hombre que merecía entrar en mi lista, dirigiéndose hacia la lanzadera del Charco de la Pava cargado como uno de los Reyes Magos, rodeado por su mujer y sus hijos: cara desolada, aguantando una caja de gran tamaño para ser una yogurtera, tres peluches, dos de ellos grandes, con el rostro contorsionado por la resignación, un gesto facial que parece decir “a ver para qué queremos nosotros una yogurtera, con lo que se tarda en hacer un yogur con éste cacharro, y aparte le tienes que echar yogur comprado, cuando vas al Día o al Supersol y lo compras ya hecho, con sus tapas y su caducidad. Además, ¡si ya tenemos dos yogurteras en casa y no las usa!, ¿y los peluches...?, por favor, que tenemos las camas forradas de animales cosidos”.

Y final. Punto final. Se acabó la Feria. Fuegos artificiales para una semana cargada de caballos, manzanilla, tortillas, lunares, peinetas, churros, chocolate (la mayoría de las veces ambas cosas a la vez), bingos, megáfonos, sevillanas, farolillos (solo al final y escasos), rebujito, jamón, albero, zotal, minimotos, luces, eneas, toldos, personajillos, bombillas, verde, blanco, pulseras, yogurteras, peluches, volantes y fiesta. Y ahora voy a echar un trago de agua, tan necesario para el gaznate, atiborrado con una cuarta de albero... ¿os apetece un poco de agua?, ¿cómo habéis pasado la Feria vosotros?, ¿lo habéis pasado bien o mal?, ¿visteis al hombre de la yogurtera?... Sevilla despide su temporada alta y nos anuncia la llegada del calor, tomaos un trago de agua fresca para saciaros la sed.

domingo, 22 de abril de 2007

Don Francisco


Erase un hombre a una nariz pegado;
érase una nariz superlativa;
érase una nariz sayón y escriba;
érase un pez espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado;
érase una alquitara pensativa;
érase un elefante boca arriba;
era Ovidio Nasón más naridado.
Erase el espolón de una galera;
érase una pirámide de Egipto;
las doce tribus de narices era.
Erase un naricismo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.


-A una nariz-


De este modo, don Francisco atacaba a Luis de Góngora de una manera sutil y descarada, como llevaba haciendo con asiduidad, la gran mayoría de las veces, bajo el anonimato de una máscara que difícilmente podía ocultar ante sus arrebatos de sinceridad. Le acusaba de ser judío, detalle que achacaba a su nariz (ya que a los judíos se les consideraba narigudos), jugador empedernido, practicante de la homosexualidad y una persona cargada de malicia, indecente e instigador de la escritura sucia. Y es que de don Francisco, se dice que tenía un carácter fuerte, que gustaba de visitar tabernas, disfrutar de los placeres del vino, la encuadernada y las mujeres, aderezado todo ello con dosis de valentía y con una gran habilidad de cara al enfrentamiento con espada, instrumento que manipulaba con gran destreza, a pesar de su cojera, la misma que le ha delatado en Villanueva de los Infantes, donde “un equipo de expertos confirmó que los huesos hallados eran del escritor por anomalía en el fémur derecho” (Diario de Sevilla - Martes, 17 de abril de 2007). Como explica la noticia, “sus restos se encontraban entre otros 167, como mínimo, en la parroquia de San Andrés Apóstol, en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)”; “la identificación se completó porque la talla y la edad correspondían con las de Quevedo, por lo que, aunque no pudo asegurar al cien por cien que correspondían a él, ‘porque ningún método lo puede hacer’, dijo que los huesos son del literato”. Así pues, parece que se despejan las dudas que existían alrededor de su tumba, sobre un posible saqueo y violación de la sepultura del genial escritor. Según la noticia “se han podido recuperar diez piezas del esqueleto, algunas vértebras, los dos fémures y una clavícula; del cráneo, según apuntó (José Antonio Sánchez, director del equipo de la Universidad de la Complutense de Madrid) ‘no se sabe nada’, ya que es una de las partes más frágiles y de las que antes se deterioran”. El 8 de septiembre de 1645, don Francisco de Quevedo y Villegas fallecía y era enterrado en Villanueva de los Infantes, deseo que dejó escrito en su testamento, pero su poesía y genialidad seguiría creciendo a lo largo del tiempo, cargada de popularidad (Poderoso caballero es don Dinero), hazañas y leyendas (...diéronle muerte y cárcel las Españas...), letrillas satíricas (¿Nunca se ha de decir lo que se siente?) o simplemente exquisita poesía...

Con sosiego agradable
se dejan poseer de ti las flores,
mudos están los males,
no hay cuidado que hable,
faltan lenguas y voz a los dolores,
y en todos los mortales
yace la vida envuelta en alto olvido.
Tan solo mi gemido
pierde el respeto a tu silencio santo,
yo tu quietud molesto con mi llanto,
y te desacredito
el nombre de callado, con mi grito.

-Fragmento de El sueño-

lunes, 16 de abril de 2007

El nuevo (¿?) transporte

Nuestro querido Consistorio nos propone un proyecto de 'modernización' que empape la ciudad de elementos y detalles acordes con las grandes ciudades europeas, a las que pretende emular. Se fijó en Madrid y Barcelona. De la primera ciudad tomó como referencia la gran cantidad de obras que posee, para así estar a la altura de la capital de España. De la segunda escogió algo más sutil para el paladar: la duración de la Sagrada Familia de Barcelona, la cual lleva en construcción desde 1883, una gran y avariciosa obra que, tras la muerte de Antonio Gaudí en 1926, aún sigue inconclusa, al igual que nuestra Línea 1 de Metro.
Pero ahí no queda la cosa. Nuestro Ayuntamiento, de nuevo atraído por el poder de 'lo moderno', decidió llevar a cabo un proyecto ambicioso y vanguardista: un complejo vehículo que circula sobre raíles en el interior de la ciudad y que se usa principalmente para transportar viajeros. Lo que se viene llamando un tranvía vamos. La idea partió de nuestro querido alcalde, el señor Alfredo Sánchez Monteseirín, autor de frases tan populares como: "Habrá gente a la que yo no le guste, pero a todo el mundo le gustan las obras", o la inolvidable "Qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas, qué es lo que nos podemos encontrar en el más allá, qué podemos hacer o qué podríamos desarrollar nosotros". Filosofía pura. Surrealista, pero pura.

Telecinco decidió cambiar el nombre del programa cultural "Salsa Rosa" por "Sábado Dolce Vita", aunque el formato y el contenido seguían siendo el mismo, y el señor Monteseirín decidió cambiar el nombre de "tranvía" por el de "metro-centro", para que la forma y el contenido fueran pragmatismo de la tan ansiada vanguardia.

La peatonalización de la Avenida de la Constitución es un completo acierto. Nuestra Catedral, joya indiscutible del Gótico, sufría cada vez más las inclemencias de la contaminación, y pedía a gritos el corte del tráfico por la fachada principal. Sin embargo, no creo que la inclusión en el proyecto de un tranvía sea necesaria. Si tenemos en cuenta el recorrido que realiza (desde la Plaza Nueva hasta la estación de autobuses de El Prado), nos encontramos con la escasa distancia que cubre, la cual nos demuestra su ineficacia. Si a ello le sumamos la gran cantidad de dinero que se está dedicando a este proyecto, sufragado por todos los contribuyentes, en unos tiempos donde la deuda de nuestro Consistorio roza lo histórico, deja como resultado un aire poco atractivo para el nuevo(¿?) transporte. Tan atractivo como las catenarias que exornan la Avenida y San Fernando.



¿Qué opináis del Metro-centro?, ¿qué aporta a Sevilla?, ¿lo verá concluido el señor Monteseirín como alcalde de nuestra ciudad?, ¿nos obsequiará de nuevo con alguna frase profunda?, ¿os gustan las catenarias?, ¿tenéis sed?, saciadla pues, en este humilde rincón de Internet.

Imagen extraída y retocada del TBO de Mortadelo y Filemón titulado "Mortadelo y Filemón contra el Gang del Chicharrón" del genial Francisco Ibáñez.

lunes, 9 de abril de 2007

Tristeza necesaria



Se acababan de cerrar las puertas, con un golpe seco, como siempre, como todos los años. Un golpe que me recuerda siempre al final de una marcha, una marcha que siempre se hace corta. Yo la suelo identificar con el final de “Amarguras”. Se acabó. A esperar un nuevo año. Un año más. Me dispuse a acercarme a la puerta, a ese doble batiente donde se depositan las esperanzas de regresar pasados 365 días, para volver a ver como se pone un broche de oro a la Semana Grande de Sevilla. La turba me llevaba, me transportaba mientras mis pensamientos volaban a través del recuerdo, en pasitos cortos que me arrimaban al tacto de la melancolía de aquello que se va como si se escapara de las manos.

Tenía que hacer un post para mi blog. Era lo más lógico. Me puse a pensar sobre que escribiría, cómo me expresaría. Una cosa tenía clara, una crónica de esta Semana Santa de Sevilla de 2007 quedaría burda e insulsa comparada con los excelentes trabajos realizados por la prensa, acostumbrada a este delicado y metódico tratamiento informativo sobre nuestra Semana Mayor, los cuales, además, poseen un amplísimo álbum fotográfico y los meticulosos detalles de cada jornada y cada Hermandad. No. No iba a hacer una crónica de algo que cada uno de nosotros siente y se emociona de manera distinta.
Abandoné la idea pensando en el tema sobre el que iba a escribir, pero los pensamientos se desviaban, la memoria buscaba amparo en esos rincones que se desvanecían como un sueño anclado en lo más profundo de una noche de invierno. ¡Todo había acabado tan rápido!. La bulla avanzaba hacia la puerta, y absorto en los recuerdos, me llevaba ensimismado.
“Virgen del Valle”, alejándose en Doña María Coronel. Ésa era la última marcha que había escuchado, para el palio de María Santísima de la Soledad de la Hermandad de los Servitas, que se arriesgó cuando parecía que la lluvia estropearía completamente el Sábado Santo. Que Semana Santa más rara. De eso podría escribir, de la rareza como nota predominante este año, del nerviosismo, de las ansias, del llanto, de las lágrimas.
“Virgen del Valle” seguía sonando, como un eco que se resistía a abandonar mi mente, mis recuerdos, mi memoria, haciendo jirones mi corazón que arrastraban trozos de tristeza y melancolía.
La lluvia había hecho, una jornada más, que solo dos Hermandades se arriesgaran a salir a las calles de Sevilla, retando al cielo encapotado, al abrigo de la gente que salía a despedir su Semana Grande. La Trinidad se quedó en su templo, igual que El Santo Entierro. Este año, más que nunca, la Soledad de San Lorenzo cerraría la Semana Santa. Domingo de Ramos esplendoroso, Lunes Santo de tensiones resueltas en finales felices y Martes Santo de lágrimas. Lloraba el cielo, lloraba Sevilla, lloraba El Cerro, la Palomita de Triana, y mi hermana con ella, Las Almas de Todo Lo Santo del Omnium Sanctorum. La lluvia, la maldita lluvia, la misma a la que desafió San Esteban, la misma a la que dejó morir en la Universidad al Cristo de la Buena Muerte, la misma que empapó a la Candelaria, la misma que, como Judas traidor, abofeteó a Nuestro Padre Jesús ante Anás, lluvia que no escuchó las Misericordias del Cristo que se resguardó en el Postigo.
Cómo empujaba la gente. Todos querían tocar la puerta. Se abalanzaban con la esperanza de volver el año que viene. Y mientras, mis recuerdos me traían momentos dulces, de jornada de Miércoles Santo, ¡qué ganas de cofradías había en Sevilla!, los dolores del día anterior se hicieron gozo para ver cómo el barrio de la Feria se echaba a la calle para ir con sus Negaciones de San Pedro a la Catedral, con el izquierdo por delante, uno de los grandes estrenos de este 2007.
En mi mente se iba perfilando lo que quería expresar en mi blog, esas rarezas que hicieron de un Jueves Santo tristeza y recogimiento. Resortes que saltaban en mi cabeza buscando el estado de ánimo que albergarían amigos que se quedaban en sus templos, que tenían que esperar un año más. Voz entrecortada para anunciar que Sevilla se iba a perder este año a la Virgen de la Victoria, pena y rabia, me acordaba de mi amigo Pregonero. La lluvia amenazaba con desmontar el Jueves Santo y parte de la Madrugá. Desde Los Terceros La Exaltación se queda este año sin recorrer las calles de nuestra ciudad, a la mente me vienen nuevos amigos, mi querida Dama de Sevillano nombre y Finidiblanco, que no podrán ver como el barco de Santa Catalina derrocha señorío. Llora la Virgen de las Lágrimas, lágrimas que caen del cielo, lágrimas que se le caen a los hermanos. Igual que llora la Virgen del Rosario al ver a Su Hijo suplicarle al cielo de Sevilla para que no llueva más, al ver cómo sus hermanos se arremolinan a su alrededor. Y entre ellos, mi querido amigo Calleferia.
Cuando parecía que todo se volatilizaba, que La Pasión no surcaría Sevilla, acudieron a las calles dos colores, el morado de La Quinta Angustia y el verde de los ojos de la Virgen del Valle, para traernos esperanza en una Madrugá que ya veíamos perdida.
Fría. Muy fría, pero espléndida. Como el azahar que volvía a embriagar Sevilla, Maria Santísima de la Concepción volvía a seguir a Su Hijo camino de la Catedral, en San Gil ya se escuchaban gritos que anunciaban la llegada de la alegría macarena, y en Triana se escuchaba llorar, porque la Esperanza abandonaba el puente para pasearse por Sevilla, mientras en la Verónica, la Saeta hace llover de nuevo, pero esta vez son lágrimas de amor, porque Nuestro Padre Jesús de la Salud camina con la cruz al hombro para entrar en La Campana cuando el alba despunte, cuando el sol, ése al que llaman Lorenzo, se asome por el cielo de Sevilla para comprobar que un año más, ha vuelto a perderse a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, que este año salía a las calles de nuestra ciudad para volverlas a cruzar con Su amplia zancada, demostrándole al mundo que sigue siendo El que Todo Lo Puede.
¡Otro empujón!, parecía que no iba a llegar nunca a la puerta, la gente se agolpaba con ansia, e intentaba zafarse para palpar aunque fuera con la yema de los dedos la esperanza de volver, y para ello, los empujones formaban parte de la ceremonia. ¡Que poco quedó después!, Viernes Santo a medias, con la lluvia dejando que el Cachorro expirase en Triana, entre toldos de un recorrido inédito, con La O llorando por dentro y por fuera, y pensando en mi amigo Jordi. Viernes Santo con Sagrada Mortaja de madrugada ante un frío como no se recuerda en lustros, como tampoco nos acordábamos del muñidor, de Carretería, de San Isidoro, de Montserrat...

Y allí estaba. Sábado Santo. Por fin había llegado a la puerta de la parroquia de San Lorenzo. Un año más, pero éste, muy distinto. Y extraño. Aunque me recorría una tristeza y melancolía que envolvía las imágenes de esa semana en un filtro de color sepia. De fondo, una vez más, resonaba en mi cabeza “Virgen del Valle”, y todo se disolvía como un sueño, como una nube de incienso que sube al cielo. Todo se había consumado rápidamente.
Siempre me pasa igual. Me sabe a poco. La tristeza me invade por dentro, pero es una tristeza necesaria, para mantenernos con ganas un año más, para saber esperar un año más, para disfrutar de lo que ha pasado y para que, pasado un año, podamos volver a tocar esa puerta de la esperanza y volver el año que viene.
Ya sabía de lo que iba a escribir.

Toque la puerta con la palma de mis manos y pensé “hasta el año que viene, si Dios Quiere”.



sábado, 31 de marzo de 2007

In Ictu Oculi



Aunque el título nos recuerde y remita a la magnífica obra de Juan de Valdés Leal, no es ese el motivo de este post, ya que dicha obra merece por si sola una entrada reservada.


In Ictu Oculi significa "En un abrir y cerrar de ojos", y es así como ha pasado la Cuaresma de esta Semana Santa de 2007 que se abalanza sobre nosotros. Hoy, Sábado Pasión, se consuman del todo esas vísperas de 2007 que ya solo son recuerdos de lo que está por llegar.

Todo está dispuesto para que comience la Semana Grande de Sevilla: cirios en sus pasos, azahar en los árboles, programas en los hogares, faldones puestos, plata bruñida, palcos preparados, hoteles completos, cera rizada, túnicas en hogares, cinturones de esparto, sillas de eneas, torrijas en Campana, capirotes nuevos, Giralda preparada y Catedral engalanada.


Atrás quedan ya esas imágenes cuaresmales donde la plata se comenzaba a limpiar incluso antes del Miércoles de Ceniza, donde pasos de mudá cruzaban las calles en nocturnidad, aparecían 'bultos' de lona en rincones de iglesias y los cirios se comenzaban a clasificar tras parihuelas desnudas. Aquí os dejo unas imágenes de esas vísperas de 2007 que ya se han ido:



Os deseo, de todo corazón, una Feliz Semana Santa 2007

domingo, 25 de marzo de 2007

'El del transistor', nazarenos y fútbol

Muy poco queda para que Sevilla se levante en día de palmas y ramas de olivo, para que el embriagador aroma de azahar e incienso sea su perfume. Poco queda para ver estampas que se repiten todos los años, pero de manera distinta. Sevilla posee detalles y aspectos que se pueden descubrir cualquier día de Semana Santa y que no faltan a su cita anual con la ciudad, como la bulla, rápida de hacer y deshacer, el puesto con ‘gomitas’ y garrapiñadas, ese toque dulce que inunda el ambiente, la mujer con el carrito que quiere cruzar, -¡¡señora dónde va!!-, el hombre de los globos, y entre otros, que la lista es muy larga, ‘el del transistor’ (palabra rancia) y el fútbol.
¿Van unidos los dos últimos detalles?, no tiene por qué. Es normal que el Domingo de Ramos, nazarenos y fútbol vayan unidos por ‘el del transistor’, y es que en Sevilla hay dos “cofradías” que tiran mucho, la verdiblanca y la rojiblanca. Obsérvese la siguiente imagen:



Se trata de una fotografía realizada por Emilio Morenatti en 1997, extraída de la “Guía apasionada de la Semana Santa”, cuyo autor es don Antonio Burgos. El texto que acompaña a dicha imagen incluye este fragmento: “Esta foto huele a incienso y a garrapiñadas y tiene el sonido de ese niño nazareno del primer tramo de Cristo que siempre el Domingo de Ramos nos pregunta: ‘¿Cómo va el Betis?’”. En la fotografía aparecen los nazarenos de la Sagrada Cena al fondo, y en un primer plano un globo con forma del escudo del Real Betis y en el centro, Alfonsito; ése que tan buenas tardes nos ha dado en el Benito Villamarín. Nazarenos y fútbol unidos el Domingo de Palmas por ‘el del transistor’, que ese día no sólo escucha el Llamador de Canal Sur, y se convierte en una fuente informativa ambulante para todos aquellos que carecen del codiciado aparato.

Este año, como todos los años, de nuevo volverá ese ‘triángulo amoroso’: nazarenos-‘el del transistor’-fútbol, sin embargo, no sólo lo hará el Domingo de Ramos, también lo hará el Jueves Santo, el mismo día en el que el tiempo se para en Sevilla para recibir la noche más esperada por los sevillanos: la Madrugá. El ilustre Michel Platini, fue conocido en sus tiempos como un jugador muy completo, elegante con el balón y muy habilidoso, y actualmente ha demostrado estos días cómo esa capacidad de quiebro y regate no ha caído en el olvido. Ante la petición del Sevilla F.C. de cambiar el día del partido, el ex-jugador francés y ahora presidente de la UEFA, consiguió ‘torear’ la petición sevillista para luego endosarle un remate por la escuadra y dejar el partido el Jueves Santo. No se cerraba en banda en cuanto a la posible negociación del horario, pero cuando parecía que tiraba por el lado del cambio, amagaba en una extraordinaria finta francesa que dejaba el famoso partido en la hora fijada en un principio.


¿Consecuencias?, teóricamente nuestro querido Ayuntamiento no debe tener problemas para solucionar dicha papeleta, pero si tenemos en cuenta la magnífica gestión que se realiza desde el Consistorio, nos podemos encontrar una serie de resultados y efectos que derivarían de esta situación. Si hay algo que le gusta a los ingleses es el solito y la cerveza, y el lugar elegido suele ser, como norma general, los alrededores de la Catedral: calle Alemanes y Mateos Gago; si a eso le añadimos el gran número de aficionados que suelen desplazarse, con o sin entrada, tenemos un Jueves Santo cargado de 'hooligans' remojados en cebada compartiendo calles con mujeres de mantilla y nazarenos, situación que se puede complicar dependiendo del resultado del partido.

Espero que las únicas consecuencias que deje el encuentro europeo sean que ‘el del transistor’ tenga trabajo doble esta Semana Santa, y que los acalorados seguidores ingleses sean capaces de comportarse para comprender y disfrutar nuestra Semana más internacional. Son conjeturas y quizás me esté equivocando al juzgar a los seguidores del Hotspur, sin embargo, creo que el apagado astro francés debería haber cambiado el día. ¿Qué piensan del tema vuesas mercedes, aquellos que os acercáis para beber en este rincón?, ¿Creéis que los aficionados ingleses sabrán comportarse?, ¿Habéis visto alguna vez 'al del transistor'?, ¿Debería haber cambiado el partido el señor Platini?, ¿Está el Ayuntamiento preparado para esta situación?... aquí no os ofrezco zumo de cebada, tan solo agua para ese calor que ya empieza a caer sobre Sevilla.

lunes, 19 de marzo de 2007

Los 'champiñones' de Mayer


Hace pocos años, si preguntabas por el apellido Mayer en Sevilla la respuesta sonaba a salchicha. En la actualidad, aunque la salchicha siga predominando en la contestación general, se suma una cada vez más usual referencia a los champiñones. El de la salchicha, de toda la vida, ha sido Oscar, y el que ahora le hace sombra con sus champiñones, nunca mejor dicho, es Jürgen.

Jürgen Mayer es el creador del proyecto Metropol Parasol, destinado a ocupar lo que actualmente se conoce como Plaza de la Encarnación, donde ya se empiezan a vislumbrar los grandes falos que sostendrán la cubierta. El proyecto, como la mayoría de los sevillanos sabrán, consiste en una estructura ligera metálica de techumbre de treinta metros de altura, que dotará de sombra a la plaza y que contará con varios niveles. Debido a su diseño, comenzó a llamarse popularmente como “las setas”, nombre que la guasa sevillana se ha encargado de ir deformando para convertirlo en “los champiñones”.
Una vez más se tira del término ‘modernidad’ para justificar el radical cambio de una plaza tan sevillana como la Encarnación. La modernidad es algo que se debe convertir en un proceso evolutivo, y no estancarse en varios puntos detallados, que en ocasiones, como en este caso, se realiza en detrimento de un esquema y un sello propiamente sevillano, que será modificado en su totalidad. La Plaza de la Encarnación como hoy la conocemos, desaparecerá para siempre para dar paso a una estructura que en su diseño y forma no esta nada mal, de hecho, me parece un proyecto muy innovador y con una línea muy equilibrada, pero no destinado al centro histórico de Sevilla. No hace mucho, alguien me dijo sobre la famosa torre de César Pelli, que el lugar idóneo era precisamente donde se iba a realizar, ya que se encontraba lejos del casco histórico, y ello permitía una mejor adaptación al perfil sevillano, respetando el sello de identidad de nuestra ciudad. En este caso, sin embargo, no se puede decir lo mismo.


¿Qué opináis vosotros queridos amigos?, ¿cómo creéis que va a quedar la Iglesia de la Anunciación de Hernán Ruiz bajo el techo “ergonómico” de Mayer?, ¿qué aportan los champiñones a Sevilla?, ¿qué ocurrirá con la fuente?... los champiñones de Jürgen pretenden calmar el calor con su sombra, yo os ofrezco mi rincón para que saciéis vuestra sed.

lunes, 12 de marzo de 2007

"A que acaben de bajar de la Cruz a Aquel Divino Señor"


Este fin de semana me llamó un amigo para comentarme la llegada de unos conocidos suyos a Sevilla, los cuales tenían interés en conocer la Catedral. Me preguntó si quería acompañarlos, a lo que yo respondí afirmatívamente.

Al llegar a la Sacristía Mayor, me quedé ensimismado con la obra de El Descendimiento de la Cruz de Pedro de Campaña, uno de mis cuadros preferidos.

Pedro de Campaña realizó dos obras iguales, una que actualmente se encuentra en el Museo de Montpellier, fechada en 1545, encargada para la capilla sepulcral del jurado Luis Fernández, en la iglesia de Santa María de Gracia de Sevilla, y otra en 1547, para la capilla que D. Fernando de Jaén poseía en la iglesia de Santa Cruz de Sevilla, la cual se encontraba en la actual plaza de Santa Cruz, ya que fue derribada por los franceses cuando invadieron la ciudad, pasando la obra en 1814 a la Magna Hispalensis.
Una de las condiciones para realizar la segunda obra era que fuera tan buena o mejor que la que anteriormente había pintado para el jurado Luis Fernández.
Todo ello dio como resultado esta magnífica joya renacentista, capaz de atraer e introducir al espectador, de hacerle participe de ese dramatismo expresivo que rezuma de todos los rincones del lienzo. Tensión y patetismo que se ve plasmada en la escena, donde la Madre de Dios cae rendida ante el momento del Descendimiento, mientras contempla el cuerpo de Su Hijo, que yace rígido e inmóvil. A lo lejos paisaje con luz, en primer plano sombras que crean contrastes envolventes llenos de angustia y sentimiento, representados en esos rostros marianos que contemplan la dolorosa escena.
Contemplarla es abandonarse al olvido, mientras el tiempo se consume en una eterna espera que te hechiza y te atrapa en esa escena congelada.
Francisco Pacheco narra en su "Arte de la Pintura" que contamplarla a solas le producía 'pavor y miedo', y yo recuerdo a Don Enrique Valdivieso González, admirado y querido Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, cómo nos contaba en sus clases, con la expresividad que tanto le caracteriza, aquella anécdota que rememoraba Palomino sobre Murillo, que sintió una gran predilección por esta pintura, la cual iba a ver con frecuencia, y se pasaba las horas muertas mirándola con expectación en esa pequeña y oscura capilla donde se encontraba en la iglesia de Santa Cruz. Cuando el horario de cierre llegaba, el sacristán de la parroquia le preguntaba: "¿A qué estás esperando Bartolomé?", a lo que Murillo respondía: "A que acaben de bajar de la Cruz a Aquel Divino Señor".