Con la venia de don Diego, al que tanto le debo y agradezco, vuelvo a Sevilla. Vuelvo a mi tierra como todos los años hago por estas fechas. Como llevo haciendo desde que partí en cuerpo pero no en espíritu y alma. Marcho a nuestra tierra don Diego, que ya es primavera y el azahar ha florecido. Que ya se asoma la luna de parasceve y se limpia la plata. Ya se preparan las parihuelas y está a punto de estallar todo. Marcho a nuestra tierra don Diego, como siempre hago cuando llega el calor en forma de tibieza. Como siempre hago cuando Perséfone vuelve a abrazar a Deméter. Marcho a nuestra Sevilla don Diego, pues estaré atrapado por siempre jamás en un cuadro que yace en tierras inglesas, pero voacé sabe, mi querido amigo, que su pintura mantiene vivo mi alma y espíritu, y que éstos pertenecerán siempre a Sevilla. La tierra de María Santísima. La tierra de la Inmaculada de la Madre de Dios. La tierra de Sin Labe Concepta. Por eso mismo, querido don Diego, marcho a nuestra tierra ahora que se prepara todo. Ahora que se necesitan 'aguaores'. Así pues, le veré a vuesa merced en la Plaza del Duque, cuando el primer niño pise La Campana.
Con la venia de don Diego, al que me dejó volver como cada primavera a mi tierra, con la venia de vuesas mercedes, que soportan las divagaciones y locuras de este humilde aguaó, y con la venia de Sevilla, a la que vuelvo en un viejo galeón fantasma que atraca en su siempre eterno Puerto de Indias, donde sigue llegando el oro del Nuevo Mundo, el Barroco sigue vigente y la gloria la sigue conociendo por Nova Roma.

Llego a Sevilla y mueren las
vísperas. Las postrimerías de la Cuaresma se pueden palpar, como los cuadros que realizara
don Juan de Valdés Leal, queda poca plata que limpiar, las noches se envuelven en traslados a parihuelas, las Santas Imágenes duermen sobre Misterios de Evangelios o bajo Palios, el azahar está florecido y mi ciudad se viste como ella sólo sabe. Se viste de primavera y está más guapa que nunca. Llego a Sevilla, y compruebo que ese galeón fantasma se ha retrasado en demasía, pues mueren las vísperas y faltan horas para que todo se cumpla. Este año ha sorprendido a Caronte.
Semana Santa alta y todo se precipita en un devenir de locura, con estampas que corren abrazadas al paso inminente, y sin piedad, del reloj que avanza para los mortales. Ya está aquí la Semana Mayor de Sevilla.
La Semana de los sevillanos.
Y no es una Semana cualquiera. Es una Semana de Gloria. Una Semana que se espera con ansia y nervios. Una Semana que se degusta todo un año. Una Semana que se presiente desde que la Estrella de Bagdad gira en su último recodo. Una Semana que trae fiebres. Una Semana que viene precedida de una
Cuarentena Sevillana. Cuarenta días de espera. Cuenta atrás para ocupar los palos de la Pasión. Cuenta atrás para vivir cada minuto y cada segundo con una intensidad indescriptible. Cuenta atrás que concluye como mejor se puede terminar: Con un río blanco. Con ese blanco de la locura. Con ese blanco de la alegría. Con ese blanco de
La Paz. Bendita Paz. Bendita Victoria de la Paz, que tan necesaria es en nuestra vida. Que tan necesaria es en nuestro devenir. La Paz. Paz del Parque María Luisa. Paz del Porvenir. Paz de Sevilla. Paz del Mundo. Así concluirá la cuenta atrás. Así comenzará la
Gloria en Sevilla. Con La Paz.

Recorrí las calles presintiendo lo que está por llegar. ¡Válgame Dios que este espíritu que os habla se emocionó!. Palcos levantados, Avenida preparada, Campana enjaulada, sillas apiladas... Está escrito. La Gloria de los sevillanos comenzará el Domingo. Me acerqué a la Colegiata del Divino Salvador, y fue entonces cuando vi la
rampla. Me acordé de don Juan. Miré a su escultura. Quieta. Inmóvil. Tuve el gusto de conocerle en vida. El de las manos divinas. El Lisipo Andaluz. El
dios de la madera. El mismo don Juan que conoció mi amigo don Diego. El mismo cuyos restos mortales reposan en La Magdalena, pero de espíritu inquieto. Muy poca gente sabe que durante la
Semana Santa, la escultura de la Plaza del Salvador no es de piedra, sino de alma. Cuando vuelven los niños al Salvador, la escultura sonríe. Cuando vuelve el Amor y el Socorro de Su Madre, dos lágrimas recorren su rostro.
Don Juan Martínez Montañés estará allí el Domingo. Y también el Jueves, cuando vuelva a ver a su nazareno. Cuando pase ante él y vuelva a preguntarse cómo fue capaz de realizar al Hijo del Hombre con sus manos. Cuando Pasión le remueva su espíritu, su alma de la inmortalidad, y le haga emocionarse ante su creación.

Y es que Sevilla está a punto de vivir la
Gloria. Está a punto de besar el Cielo. Está a punto de revivir los días de la Pasión. Escuché en una ocasión, y no recuerdo cuando fue, es el inconveniente de ser un viejo espíritu del siglo XVII, que la
Semana Santa se repite todos los años, pero de manera distinta. De manera diferente. Y cuanta verdad había en esas palabras. Vuelve la emoción de las calles. Vuelve Cristo sobre una Borriquita, para hacer la Sagrada Entrada en esta Sevilla que se convierte en tierra Santa de Jerusalén. Vuelve a celebrar su Sagrada Cena en la calle Sol. Vuelve a Orar en el Huerto de la calle Feria. De nuevo será Prendido en Orfila y Traicionado en su Redención por el barrio de Santiago. Cautivo en el Tiro de Línea y Rescatado en San Pablo. Volverá a ser Juzgado por Caifás en el Barrio León, Presentado ante Anás y Abofeteado en San Lorenzo y Despreciado por Herodes en la plaza donde vive San Juan de la Palma. Será Azotado en Los Remedios, Ecce-Homo en Laraña, donde será coronado, y en Águilas, donde se burlarán de Él. Presentado al Pueblo en Luis Montoto y Negado por San Pedro en Omnium Sanctorum. Le volverán a leer su Sentencia bajo un Arco Macareno, mientras una centuria le escolta Su espalda. Y será cargado con la Cruz. Será Nazareno un año más. Cargará su Cruz por Alfonso XII en Silencio, por San José con Salud, por Recaredo con Las Penas y el Cirineo, por la calle Verónica con la piel morena, por la calle Castilla con una cruz de carey, por Cardenal Cisneros en su Divina Misericordia, y caerá Tres veces con ella, en San Vicente, en Luchana y en el Puente de Barcas que viene de Triana. Tres Caídas en la Calle de la Amargura. Será Despojado de sus vestiduras en el compás de la laguna, Rezará y Suplicará, con Humildad y Paciencia, mientras se juegan su túnica y preparan la cruz. Volverá a ser Crucificado y Su Exaltación se hará en Santa Catalina, Conversará con el Buen Ladrón en El Calvario, tendrá Sed cuando venga de Nervión, Pronunciará las Siete Palabras y Encomendará Su Espíritu a Su Padre en la Santa Cruz de Mateos Gago. Ahogará un último suspiro en La Cava de Triana, y cuando cruce el puente y llegue al Museo, dará un fuerte grito y Expirará. Entonces, en El Cerro del Águila alguien se dará cuenta que
Verdaderamente, era el Hijo de Dios. En San Martín Longinos comprobará que esté muerto. Y así será. Y su Sangre se derramará en la Calzá, y será Sangre y Agua más allá del Postigo. Las Almas se estremecerán junto al mercado de la Feria, mientras el monte Calvario estará junto a la Puerta Triana, y en San Julián, dos lágrimas de amor recorrerán el rostro de María Magdalena cuando contemple la Buena Muerte de su Señor, que no comprende cómo una Muerte puede ser Buena, como tampoco lo comprenderán en la Antigua Fábrica de Tabacos. En San Pedro, cuatro hachones enmarcarán la Crucifixión, en San Bernardo, cuatro candelabros de Salud, en Menéndez Pelayo cuatro faroles de caoba y una Fundación. En el Salvador, Cristo habrá muerto por Amor y en el barrio de los Toneleros por Salud. La Verdadera Cruz estará junto a los baños de una antigua Reina Mora, y el Buen Fin del Señor llegará en San Vicente. La Hora Sexta lo determinará todo. Y Cristo volverá a ser Descendido. Con Cinco Llagas en una ronda de capuchinos y en la Quinta Angustia de María, que recogerá a Su Hijo en el regazo. Y llorará. Y La Piedad se convertirá en realidad en San Marcos y el Arenal. El silencio se hará en Sevilla. Las alpargatas se arrastrarán por el suelo y el luto se hará golpe de martillo. Y el muñidor llamará a la Oración. Y La Sagrada Mortaja de Cristo se hará en Bustos Tavera ante dieciocho ciriales. Sonará la campana de San Andrés y comenzará el Traslado al Sepulcro. Se enterrará en San Gregorio, con escolta romana y Su Madre se quedará sola. En Soledad. Soledad de la Virgen que se hace patente en Carlos Cañal y en San Lorenzo. Su Madre, que es la Reina de esta Bendita Tierra Mariana. Pero entonces, en Sevilla saldrá la alegoría que nos indicará que la Muerte ha vencido a la Muerte.
Mors Mortem Superavit. Y una Canina cabizbaja y derrotada, sentada y cansada con la guadaña a los pies, nos indicará que en Santa Marina ha Resucitado el Hijo de Dios. El Hijo del Hombre. Y todo habrá pasado. Y todo habrá terminado.
Pero esto será dentro de ocho días. Servidor, un humilde aguaó sevillano que tuvo la suerte de ser pintado por la genialidad del gran maestro don Diego Velázquez, y gracias a él estar aquí en espíritu, se deleitará con todas esas imágenes que conforman nuestra Semana Mayor. Pero en La Madrugá, acompañaré en llanto a mi amigo
don Juan de Mesa, que estará sentado en una de las sillas de San Lorenzo para ver salir a su Señor del Gran Poder. Y cuando pase ante nosotros con su poderosa zancada, y nuestros ojos estén arrasados de llanto, me confesará entre sollozos, como todos los años:
La gente no sabe que yo no Lo hice. La gente no sabe que Lo hizo Dios. La gente no sabe que no es una talla. La gente no sabe que, el Señor de Sevilla, es el Hijo de Dios.

En esta Semana de gozo que entra, nos acordaremos de aquellos que no están. Nos acordaremos de aquellos que faltan. Pero créanme
vuesas mercedes si os digo que estarán. Créanme si os digo que estarán presentes en nuestros corazones. En nuestros rezos. En nuestros recuerdos. En nuestra alma. Créanme, pues no miento, que estarán presentes en cada Mirada de
Jesús y
Su Madre María.
Y nos acordaremos de los que estarán al cuidado de médicos. De los que estarán delicados de salud. De los que estarán lesionados. De los que estarán en reposo. De los que estarán en otra ciudad. De los que estarán en otro país... e intentaremos acercarle lo máximo posible, y lo que esté en nuestras manos, lo que se está viviendo en la ciudad. Para que se sientan cerca. Para que sepan que sí están. Y disfrutarán. De todos ellos nos acordaremos, pero créanme,
Él y
Ella también se acuerdan.
Ahora, viendo los preparativos de lo que está por llegar, me emociono. Me emociono porque sé que voy a disfrutar. Porque sé, que los sevillanos vamos a disfrutar. Porque sé que todo aquél que se encuentre en Sevilla va a disfrutar. Porque la
Semana Santa son tantas cosas... y es entonces cuando a mi vieja memoria le viene a la mente esas palabras de
don Antonio Núñez de Herrera:
En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa.
He quedado con
don Francisco Pacheco y
don Juan de Roelas. No puedo llegar tarde, pues don Francisco no tiene buena opinión sobre el retraso. Disfruten
vuesas mercedes de la Semana Santa como mejor os plazca o como podáis. Y
Feliz Estación de Penitencia. Como dijo
don Carlos Herrera:
¡¡A la Gloria Sevillanos!!, ¡¡A la Gloria!!